Archivo de Público
Jueves, 6 de Marzo de 2008

Nunca llueve a gusto de todos

JOSÉ L. LOBO ·06/03/2008 - 21:12h

Los casi 3.000 parroquianos apretujados en las gradas del pabellón de deportes se quedaron boquiabiertos. Hubo también algunas risotadas, pero lo que el candidato bramaba a través de la megafonía no era precisamente una broma. Tampoco una exhortación. Aquello era una orden: "Lo que hay que hacer el domingo es ir a votar. Y si ese día hace calor, ¡que se joda la playa!".

Aquel 3 de junio de 2005, primer día de campaña electoral, lucía un sol tibio en Xinzo de Limia (Ourense), como en casi toda Galicia, y el pronóstico meteorológico para las próximas dos semanas era de bonanza. Los sondeos anunciaban unas ajustadísimas elecciones autonómicas, y Manuel Fraga, que iba a jugarse su quinta mayoría absoluta, se conjuró en aquel mitin para ahuyentar de su clientela la tentación de cambiar el bañador por la urna.

El día de la votación los termómetros enloquecieron -en Ourense rozaron los 40 grados-, así que las playas, lejos de joderse, se llenaron de domingueros. Pero también lo hicieron los colegios electorales, y la participación se disparó casi hasta el 70%, el índice más alto de la historia en la tradicionalmente abstencionista Galicia. Fraga tuvo que hacer las maletas.

¿Qué influencia tienen las condiciones meteorológicas sobre el ánimo de los electores? Los sociólogos no acaban de ponerse de acuerdo. Pero los partidos están convencidos de que una jornada soleada -o un día de perros- puede disuadir a miles de ciudadanos de acercarse a las urnas, sobre todo a los más indecisos y desmotivados.

Quien lo ponga en duda, que se lo pregunte a los estrategas del PSOE, que esta misma semana han lanzado un vídeo electoral que anima a la participación apelando, precisamente, a no dejarse intimidar por la meteorología. "Dicen los estudios que, cuando hace mal tiempo, la participación es menor.

Así que algunos desean con rabia que el domingo llueva, nieve, haga viento... Lo que sea para que te quedes en casa", recita la voz en off sobre unas imágenes de cielos desatados y calles ahogadas en lluvia.

"En España nadie ha estudiado este fenómeno en serio, pero valdría la pena hacerlo", afirma Joan Font, director del Departamento de Investigación del CIS. "Aquí no hay un solo clima, como ocurre en los países nórdicos, sino diversos, y es posible elaborar una base de datos fiable por comunidades o zonas climáticas, que podría ser muy útil para los partidos".

El tiempo y el coche

En Estados Unidos ya lo han hecho investigadores de las universidades de Georgia y Pittsburg. Tras recopilar montañas de informes meteorológicos, índices de participación y escrutinios de todas las elecciones presidenciales entre 1948 y 2000, George Krause, Thomas Hansford y Brad Gómez han llegado a la conclusión de que la lluvia, la nieve y las tormentas benefician más al Partido Republicano, porque, en esas condiciones adversas, los electores demócratas tienen más tendencia a quedarse en casa. ¿Las razones?

Entre otras, que el poder adquisitivo de éstos es menor que el de los republicanos, y no todos disponen de automóvil para desplazarse hasta el colegio electoral. Además, añaden los investigadores, entre los demócratas abunda más el perfil de lo que denominan votante periférico, menos interesado en la política y que no siente el impulso de votar en todas las convocatorias electorales.

"No es lo mismo que las elecciones se celebren en un día muy soleado de invierno o en una jornada también soleada de finales de mayo, cuando la gente ya está deseando ir a la playa y las tardes se alargan", apunta Joan Font. "En ese caso es mucho más probable que el votante que ya se sentía poco motivado de antemano decida disfrutar del mar hasta última hora y no acuda a votar".

Julián Santamaría, catedrático de Ciencias Políticas en la Universidad Complutense y presidente de Noxa Consulting, sostiene que la incidencia del factor meteorológico sobre el índice de participación tiende a ser mayor en las elecciones europeas y municipales. "Si se celebran comicios europeos y hace un día magnífico o llueve a cántaros, mucha gente no va a renunciar a la playa o a quedarse en casa para acudir a votar. Todo depende del tipo de elección y de la importancia que los ciudadanos conceden a su voto. En las generales la participación siempre es mayor, y el hecho de que haga frío o calor influye mucho menos".

Algunos datos le dan la razón. El 20 de febrero de 2005 un frente frío barría la Península y 12 comunidades estaban en alerta por nieve. Pero el azote no fue sólo meteorológico: la participación en el referéndum de la Constitución europea apenas rozó un raquítico 42%. Aún así, el récord de apatía lo ostenta el referéndum del Estatuto de Galicia, el 21 de diciembre de 1980. Hizo un tiempo "magnífico para esa época del año, con cielos despejados y temperatura frías, pero agradables", según recuerdan las crónicas de la época. Pero sólo acudió a votar el 28% del electorado. Y eso pese a que la Xunta había lanzado una campaña con un lema memorable: "Aínda que chova, vota" ("Aunque llueva, vota").

Los expertos sí coinciden en que la afluencia de ciudadanos a las urnas tiende a dispararse cuando la disputa por el triunfo parece más cerrada, como ocurrió en 1993 y puede suceder este domingo. "Pero habrá que estar atentos a las predicciones", advierte José Juan Toharia, presidente de Metroscopia, "porque si hace mal tiempo la participación puede bajar en las zonas rurales, donde los colegios están más dispersos, y desanimar a los ancianos y personas con movilidad reducida. O puede ocurrir todo lo contrario, que haga un día espléndido y muchos jóvenes, que son el segmento más abstencionista, se vayan de excursión o se queden en la cama".