Archivo de Público
Domingo, 2 de Marzo de 2008

La espera infértil

España es el segundo país de Europa donde más tarde se recurre a la reproducción asistida

AINHOA IRIBERRI ·02/03/2008 - 19:09h

Mikel Jaso - -

Tener hijos a partir de los 35 años es difícil. Las mujeres lo saben pero, a pesar de eso, no renuncian a la maternidad tardía. Para ello, cuentan con ayuda. Las técnicas de reproducción asistida evolucionan a pasos agigantados con el objetivo de luchar contra la infertilidad y permitir a quien quiera cumplir con su deseo de procrear, aunque el cuerpo no se lo ponga fácil.

La edad media de gestación del primer hijo en España (31 años) es de las más elevadas del mundo, lo que demuestra que las mujeres se lo toman con calma a la hora de decidirse a tener un hijo. Esta tendencia también queda de manifiesto en el registro ESHRE que, con datos sobre reproducción asistida de 2004, muestra que España es el segundo país de Europa donde las mujeres buscan ayuda médica más tarde: el grueso de las pacientes (el 45,2%) tiene entre 35 y 39 años.

Aunque es cierto que hoy nacen menos niños que hace 20 años esto no se puede traducir en una reducción de la fertilidad. Así lo explicaban recientemente en el British Medical Journal los profesores Jens Ellekilde y Jorn Olsen, del Hospital Universitario de Aarhus (Dinamarca) y de la Universidad de California (EEUU). “La fertilidad se determina por factores sociales, de comportamiento y biológicos que no pueden ser establecidos formalmente basándonos en datos recopilados de forma retrospectiva. Por eso, nunca sabremos si la fertilidad biológica ha cambiado”, escriben los autores, que apuntan a que la fecundidad debería ser más estudiada e incluirse en las encuestas nacionales de la salud.

Semen menos reproductor
Sin embargo, existe una sospecha de que la capacidad reproductiva del semen ha disminuido con el tiempo, al presentar menos espermatozoides. Para el jefe de sección de la Unidad de Reproducción Asistida del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, Jorge Alonso, esto ocurre en el mundo occidental, aunque se desconocen las causas. La principal hipótesis, señala, es la exposición a tóxicos ambientales y a algunos aditivos usados en la alimentación, que tendría efectos parecidos a las hormonas.

La mezcla de este semen menos reproductor con la mayor edad de la mujer a la hora de concebir hace que cada vez sea más difícil tener hijos. Ahora mismo, en las parejas que acuden al especialista, las causas están repartidas: el 40% de las veces el problema está en la mujer, el 40%, en el hombre y el 20% es común. La edad idónea para que una mujer conciba un niño es a los 25 años. Según explica el especialista en reproducción asistida del Instituto de Infertilidad Ernesto Bosch, las hembras cuentan con una reserva ovárica “que se va consumiendo desde la primera menstruación”. A partir de los 35 años “quedan pocos óvulos”.

Esto lleva a los expertos a prever que, en el futuro, uno de cada tres nacimientos será producto de la reproducción asistida, como recuerda Alonso. En la actualidad, sólo entre el 2% y el 3% de los nacimientos se producen a partir de fecundación in vitro, la técnica más utilizada de reproducción asistida. El porcentaje es mucho mayor en los países nórdicos, donde llega al 6%. Israel es, según Cosch, el país con más FIV del mundo. Aunque puede haber varios factores que expliquen esta diferencia, hay uno fundamental: el económico.

Si bien la Seguridad Social española cubre estos tratamientos, Alonso tiene claro que la sanidad pública no da respuesta a la demanda asistencial. Esto lleva a muchas parejas a recurrir a la privada, donde el coste medio de los tratamientos es de 5.000 euros, aunque puede ser más según se consiga antes o después, una cifra sin duda disuasoria para muchas economías.
Alonso señala que, en su centro, las parejas no tardan más de un mes en ser atendidas pero reconoce desigualdades con otros centros españoles, que pueden alargar la espera hasta dos años. Y si en algo están de acuerdo todos los expertos es, que este campo, acudir pronto al especialista puede suponer la diferencia entre el éxito y el fracaso.

"No me arrepiento de intentarlo"

María no se llama María, pero prefiere no decir su verdadero nombre porque está muy involucrada en una organización de acogida a niños. “No quiero que la gente confunda los conceptos y piense que la acogida es sólo para personas que no pueden tener hijos”, apunta. Esta mujer de 41 años decidió a los 37 que era el momento de tener un hijo. No tenía pareja, pero sí un trabajo estable, un piso y muchas ganas.

Como estaba metida en el mundo sanitario –María es osteópata– sabía algo sobre las técnicas de reproducción asistida y sabía también que su clínica ginecológica habitual las practicaba, por lo que le planteó la cuestión a su ginecólogo en una visita rutinaria. El especialista le explicó las opciones y, en primer lugar, optaron por lo más sencillo. “Intentamos primero la inseminación artificial con semen de un donante anónimo, pero no funcionó”, explica María, que puntualiza que, al contrario de lo que muestran muchas películas, la mujer no interviene para nada en la elección del donante de semen: “Lo hacen ellos e intentan escoger a alguien con características físicas similares a las tuyas, algo un poco ilógico, porque si tienes pareja no tiene por qué parecerse a ti”.

Tras el fracaso de esta técnica –lo intentó cinco veces – pasó a la fecundación in vitro: “Fueron tres intentos, una cifra normal, pero tampoco funcionó”. En ese momento, cuando María llevaba gastados alrededor de dos millones de pesetas –“no quiero pensar en la cifra exacta, no sea que me dé un soponcio”–, sus médicos le dijeron que esperara un año para volver a intentarlo. “Decidí parar y ya he de-sechado la idea de ser madre biológica, pero no me arrepiento en absoluto de tratar de hacerlo”, subraya. María insiste en que la experiencia no le supuso ningún trauma, pero no duda en calificarla de dura: “Es importante contar con apoyo psicológico, porque es un bajón cada vez que hay un negativo. Yo, por suerte, lo tuve”.