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Martes, 26 de Febrero de 2008

Antidepresivos, eficacia cuestionada

Un estudio señala que estos medicamentos tienen una validez similar al placebo en pacientes con depresión moderada

AINHOA IRIBERRI ·26/02/2008 - 21:43h

AP - La fluoxetina fue el primer antidepresivo de nueva generación.

De noviembre de 2006 al mismo mes de 2007, se vendieron en España, según datos de la consultora especializada IMS, más de 24 millones de cajas de antidepresivos. Estos medicamentos están indicados para el tratamiento de la depresión moderada y no hay duda de que muchos de los pacientes que los toman experimentan una mejoría considerable.

Pero, ¿qué pasaría si estos mismos enfermos acudieran al psiquiatra y éste les recetara una píldora de sacarosa, con el mismo aspecto que el fármaco, pero sin su principio activo?
Según un estudio publicado en la última edición de la revista PLoS Medicine, el efecto sería prácticamente el mismo.

Para llegar a esta conclusión, el equipo dirigido por el profesor de Psicología de la Universidad de Hull (Reino Unido) Irving Kirsch realizó un metaanálisis, es decir, un estudio de estudios. En concreto, los expertos revisaron la eficacia de todos los ensayos clínicos recopilados por la agencia que regula los fármacos en EEUU (FDA) para decidir si autorizaba o no antidepresivos muy utilizados, de los llamados de “nueva generación”.

213 millones de euros 

Tras algunos descartes metodológicos, revisaron 35 ensayos clínicos de cuatro de estos fármacos: la fluoxetina (más conocida por su nombre comercial, Prozac), la paroxetina, la venlafaxina y la nefazodona. Los tres primeros se venden en España. De hecho, en el último año, los españoles se gastaron en su adquisición 213 millones de euros. El cuarto fue retirado por la Agencia Española del Medicamento en 2003 por toxicidad hepática.

Los investigadores, entre los que se encuentra la española doctora en Psicología Tania Huedo-Medina, de la Universidad de Connecticut (EEUU), compararon el efecto de los fármacos frente al placebo, esa pastilla de aspecto similar al medicamento que en los ensayos clínicos se administra a la mitad de los pacientes.

Para medir la eficacia utilizaron el método estándar: la escala de Hamilton, un test que, en 17 parámetros, puntúa al paciente de 0 a 52 puntos, considerándose 18 un indicador de depresión moderada.

El trabajo explica que la diferencia entre el efecto del placebo y los fármacos variaba mucho según el grado de depresión del paciente al inicio del estudio. Así, era mínima en los enfermos con depresión leve o moderada y era tan sólo un poco mayor en el grupo con depresión más grave, los que puntuaban por encima de 28 en la escala de Hamilton.

Interpretación

Para el coordinador de Salud Mental del área 3 de Madrid, Alberto Fernández Liria, este artículo pone de manifiesto que la metodología para evaluar la eficacia de los antidepresivos es muy limitada.

A este especialista no parecen sorprenderle los resultados: “Ya sabíamos que la tasa de remisión con el placebo es altísima, pero cuando estamos dando placebo estamos haciendo otras cosas, ingredientes activos de la psicoterapia”. Fernández Liria lo resume así: “Alguien llega a la consulta diciendo que es un miserable y tú le dices que no, que es un enfermo. Se está realizando un cambio de atribución. Esto es lo que funciona”.

Para este experto, en los ensayos se usa una metodología que ignora las intervenciones distintas a los fármacos. Además, se utilizan poblaciones –los participantes en los ensayos clínicos– que no son las que se encuentran en la clínica.

El catedrático de Psiquiatría de la Universidad del País Vasco Miguel Gutiérrez también critica los participantes en los ensayos usados por la FDA para aprobar fármacos. Son, en su opinión, “pacientes profesionalizados” que cobran por participar ya que, al no existir seguridad social en EEUU, han de recurrir a ellos para ser tratados de sus dolencias. Gutiérrez opina que el trabajo “no tiene ninguna relevancia y confirma errores conceptuales”.

“No son un milagro”

Para Fernández Liria, sin embargo, las cosas son distintas. Del estudio se ha de transmitir que los antidepresivos “no son un milagro”. Además subraya que la mejora del placebo se puede atribuir a la conversación que acompaña a la administración del fármaco. Por esta razón recomienda que en los casos leves de depresión “sólo se usen fármacos cuando fracasan otras alternativas”.Sin embargo señala que en la depresión “de verdad” los fármacos si pueden funcionar.

Gutiérrez también cree que, en casos leves de depresión, podrían funcionar otras alternativas, pero apela a la falta de tiempo de los médicos para
justificar la prescripción de antidepresivos.

La industria farmacéutica también ha querido opinar sobre el estudio. GSK, fabricante original de la paroxetina, considera que “la interpretación de los autores es incorrecta” y advierte a los pacientes que no dejen de tomar su medicación sin consultarlo con el médico. El director médico en España del creador de Prozac –Lilly–, José Antonio Sacristán, afirma que el trabajo “induce a confusión”. En todas las guías clínicas, advierte, se indican estos antidepresivos que están aprobados por todas las agencias. “Ellos ya tienen en cuenta que la respuesta al placebo es muy alta”, concluye.