Martes, 9 de Octubre de 2007

Paliza al director de un instituto de Málaga

RAÚL BOCANEGRA ·09/10/2007 - 21:01h

Antonio Escámez, director del Instituto Torre del Prado en Málaga, volvía al centro educativo el viernes pasado después de comer un bocadillo. Quería seguir trabajando por la tarde. Eran ya más de las tres cuando Salvador, el hermano de un joven de 15 años (4º de ESO), que había sido expulsado del centro 29 días por golpear con un palo a otro compañero, quiso arreglar el asunto a su manera. Tras una breve discusión a la puerta del centro, golpeó al director en la cabeza, le tiró al suelo y le dio varias patadas. Escámez quedó tendido con diversas contusiones, pero pudo ir al centro de salud por sus propios medios, según la versión que el equipo directivo ofreció a este periódico.

Después, Antonio acudió a comisaría y puso una denuncia. Mañana, en juicio rápido, se verá el caso. El centro ha planteado ya a la Junta la expulsión del alumno.

Una pequeña trifulca en el autobús escolar, según explicó Juan Francisco Guillén, secretario del Instituto, desencadenó como en un dominó la agresión. El alumno ahora expulsado (los profesores se negaron a dar su nombre) discutió con otro. Al día siguiente, el martes de la semana pasada, agredió con un palo en un brazo a ese mismo alumno, lo que motivó su expulsión. Según Guillén, al principio, admitió haberlo hecho y después lo negó.Expulsión de 29 díasSe habló con los padres y se decidió expulsarlo 29 días, relata el equipo directivo. "Las cosas se arreglan hablando, no con un palo. El director aplicó la sanción que correspondía a una agresión", afirmó Guillén. Se procuró que tantos días fuera del centro no le causaran trastornos graves en su aprendizaje. Se le permitió así asistir a los exámenes. Y después, el hermano le dio una paliza a Antonio. "Es una familia de la que no nos esperábamos esta actuación", aseguró Guillén.

Antonio estaba ayer mucho mejor de los golpes, pero aún bajo de moral y en el Instituto, donde en ocho años no había sucedido nada similar, los ánimos estaban caldeados. Había frustración. Antonio había montado hace cuatro años la Campanillas Blues Band, que tocaba en los institutos un repertorio propio a través del cual trataban de "educar en valores". Entre ellos, paradójicamente, el respeto y la no violencia.