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Martes, 26 de Febrero de 2008

La isla de los científicos

Una expedición dirigida por un español estudia por primera vez el ecosistema completo de un arrecife de coral virgen

MANUEL ANSEDE ·26/02/2008 - 02:00h

Zafer Kizilkaya - El investigador del CSIC Enric Sala, en pleno estudio del arrecife de coral de Kingman.

Una noche del verano de 2005, un treintañero español dormía solo en un remoto islote del Océano Pacífico, rodeado por decenas de tiburones que le asediaban cada vez que introducía un pie en el agua. Aquel hombre, la primera persona que dormía en aquella isla minúscula -2.500 m2 de conchas de almeja gigante- no era el cantante Joselito, ni aquello una edición del reality show televisivo La isla de los famosos. Era el ecólogo marino Enric Sala, del Instituto de Estudios Avanzados de Blanes (CSIC), en Girona.

Hoy se publican en la revista PLoS ONE las razones que llevaron a Sala hasta el arrecife virgen de Kingman, a unos 1.800 km de Hawai. El investigador, también explorador de la National Geographic Society, encabezaba una expedición que ha estudiado, por primera vez, el ecosistema completo de una arrecife de coral virgen.

Entre sus hallazgos figuran algunas sorpresas. Según el estudio, el 85% de la biomasa de este arrecife prístino está constituido por depredadores superiores. "Es como si en el Serengeti, en Tanzania, hubiera cinco leones para cada ñu", apunta Sala. Este hallazgo echa por tierra un viejo paradigma en ecología, que asegura que en los arrecifes de coral existe una pirámide de biomasa clásica, con muchos más herbívoros que depredadores.

Conclusiones pesimistas

El equipo de Sala visitó cuatro atolones del Pacífico: el susodicho arrecife de Kingman, deshabitado; la isla estadounidense de Palmyra, en la que vive una quincena de personas; la isla de Tabueran, con 2.500 pobladores; y Kiritimati, uno de los atolones más grandes del mundo, con 5.000 habitantes. Las conclusiones de la comparativa son pesimistas. "En menos de 20 años, 5.000 seres humanos son capaces de destrozar un arrecife de coral entero", asegura Sala.

La principal causa de este atentado a la biodiversidad es, según el estudio, la sobrepesca. En el arrecife Kingman el 60% de la biomasa eran tiburones. En el atolón de Kiritimati, sus 5.000 habitantes han acabado con los escualos de su litoral. "En 250 horas de buceo no vimos ni un tiburón", confirma Sala.

La sobrepesca también conlleva la desaparición de algunas especies herbívoras que, como los peces loro, son responsables de limpiar de algas los atolones. Sin estos animales, las macroalgas toman los arrecifes y desencadenan una marea de materia orgánica. "Es como si tuvieras una capa de caramelo líquido, que provoca la explosión de las poblaciones de bacterias y éstas, a su vez, matan los corales al chupar su oxígeno", explica Sala.

Los arrecifes vírgenes, con la estructura de su ecosistema intacta, no presentan este problema, y poseen una mayor capacidad de recuperación frente a cambios climáticos.

En opinión de los investigadores, este trabajo puede servir para replantear las estrategias de conservación de los corales. "Necesitamos grandes reservas marinas para asegurarnos de que los arrecifes estarán preparados para el calentamiento del agua, no como el modelo español, donde las reservas son pocas y muy pequeñas", manifiesta el ecólogo.

Los ecosistemas marinos son, según Sala, como aeronaves. Para volar necesitan todas sus partes. "Y yo no me subo a un avión al que le faltan piezas, aunque no sepa para qué sirven", afirma.