Martes, 9 de Octubre de 2007

"La ciencia no se considera cultura"

Puede ser por su afición a correr maratones, pero Colin Blakemore desprende energía.

VICENTE FERNÁNDEZ DE BOBADILLA ·09/10/2007 - 20:22h

Reyes Sedano - El investigador Colin Blackmore

A su carrera como científico y gestor -ha sido durante siete años director ejecutivo del Medical Research Council, puesto que abandonó la semana pasada- se une un interés por dar a conocer la ciencia que le ha valido ser considerado por la Royal Society como uno de los divulgadores más influyentes del Reino Unido.

Precisamente ¿Por qué los científicos deben comunicarse con el público? es el título de la conferencia que dio el lunes en Madrid, invitado por CosmoCaixa y el British Council.

Pero antes de la misma, e incluso de comenzar la entrevista, necesita manifestar su alegría por el premio Nobel de medicina otorgado el lunes a Martin Evans.

Porque, declara, "Evans siempre ha estado apoyado por el Medical Research Council. Es el premio Nobel número 28 que ganamos, lo cual es impresionante para una agencia que cuenta con una financiación tan reducida".

Precisamente, Evans ha ganado el Nobel por su investigación en el terreno de las células madre embrionarias, que es una materia muy controvertida. ¿Qué papel puede jugar la divulgación a la hora de aclarar temas tan polémicos como este?

Creo que la experiencia británica en la investigación con células madre es una excelente lección sobre la importancia del debate y el compromiso de los científicos.

Gran Bretaña tiene la legislación más liberal del mundo en este aspecto. Hay regulaciones muy estrictas, sistemas de control, comités de ética, y aún así, permite la investigación con embriones y la producción de nuevas células madre.

El lunes el gobierno anunció que va a autorizar la producción de embriones a partir de una combinación de material genético humano y animal. Ningún otro país en Europa ha hecho algo así. ¿Cómo hemos llegado a esta situación? Porque el público ha acabado sintiéndose envuelto en la materia.

Sabe que ha habido discusiones y debates de alto nivel antes de tomar cada resolución. El 70% de la población del Reino Unido apoya la investigación con células madre embrionarias, y casi el mismo porcentaje acepta la combinación de material genético animal y humano. Ese nivel de apoyo público es el resultado de veinte años de debates, discusiones y periodismo de calidad.

Y esto es un contraste con otras situaciones que han ido muy mal, como la discusión sobre los alimentos transgénicos que tuvimos hace diez años, y que, en mi opinión, estuvo muy mal manejada por la comunidad científica, la industria y el gobierno, y como consecuencia la gente se sintió confusa.

Los medios de comunicación vieron la oportunidad para crear historias sensacionalistas, y en un periodo de tiempo muy breve, la gente se oponía de forma radical a la modificación genética de alimentos.

Personalmente, creo que fue una decisión equivocada. Teníamos que haber tenido discusiones más extensas para exponer los verdaderos beneficios potenciales de los alimentos transgénicos, y hablar con realismo de la naturaleza de sus riesgos.

Pero en lugar de eso, nos dimos demasiada prisa en tomar una decisión, y la gente y los medios de comunicación no tuvieron una implicación adecuada en el proceso científico.

A la hora de divulgar ¿qué parte de la responsabilidad pertenece a los científicos, y qué parte a los medios de comunicación?

La gente recurre cada vez más a Internet, pero de momento la televisión y los periódicos siguen siendo su principal fuente de información. Así que hay una clara responsabilidad de mantener un nivel mínimo.

Pero para hacer eso, la prensa necesita acceso a la comunidad científica para contrastar la calidad de los diferentes puntos de vista que se les presentan.

Cada vez más estamos viendo el surgimiento de lobbies de presión muy efectivos y especializados en áreas como investigación con embriones, modificación genética, energía nuclear... Y en general están mejor organizados que la comunidad científica a la hora de presentar sus informes a los medios de comunicación.

Creo que los científicos tendríamos que aprender algunos de los trucos que emplean esos lobbies para poder influir más en los medios.

No a todos los científicos les gusta hablar con la prensa...

Desde luego. La comunidad científica debería considerar la comunicación como parte central de sus obligaciones profesionales.

Ser científico no consiste solo en hacer buena investigación y en ser honesto a la hora de comunicarla a otros científicos, sino que tiene que incluir también la responsabilidad de comunicarla de forma más amplia.

Eso se puede hacer de muchas maneras. Una de la que hemos estado hablando en ocasiones es el Movimiento de Libre Acceso a las Publicaciones.

¿En qué consiste?

Tradicionalmente, los científicos se comunican entre ellos publicando en revistas profesionales. Pero para tener acceso a sus artículos, tienes que pagar unas tasas de suscripción increíblemente caras.

Normalmente las bibliotecas de universidades e institutos de investigación se suscriben a esas publicaciones, de forma que los científicos puedan leerlos allí. El resultado es un acceso muy restringido.

Durante los dos últimos años, la comunidad científica ha estado presionando para conseguir que los artículos sean publicados en Internet casi inmediatamente.

Hay un problema, por supuesto: la mayoría de la gente, y probablemente de los periodistas, pueden encontrar muy difícil entender lo que se dice en un artículo científico. Aquí es necesaria la implicación de los propios investigadores en la comunicación directa con el público, en un lenguaje accesible.

Su postura favorable a la experimentación con animales, que le ha causado muchos problemas en Inglaterra, ¿podría considerarse un caso donde la respuesta emocional del público tapa el conocimiento científico?

Personalmente, no creo que las respuestas emocionales sean necesariamente un mal comienzo para un debate moral. Creo que nos deberíamos tomar muy en serio las reacciones inmediatas y apasionadas del público a lo que hacemos los científicos.

Otro ejemplo muy actual de esto es la aprobación, que he mencionado antes, de realizar una combinación de material genético humano y animal para crear embriones que son una mezcla de humano y animal.

Comprensiblemente, la reacción inmediata del público fue de choque y sorpresa. Pero creo que eso no debería ser el final del debate, sino que debería conducir a una discusión adecuada sobre lo que esta decisión significa realmente, cuáles son las implicaciones, cuáles son los controles y regulaciones... y sobre todo, cuáles podrían ser sus beneficios.

¿Los beneficios justifican los riesgos? Creo que muy a menudo los medios de comunicación, y desde luego los políticos, subestiman la capacidad del público para participar en ese tipo de análisis.

Asumen que se deja llevar por las emociones, así que intentan esconderle información como la manera más fácil de evitarse problemas.

Y por supuesto, si un grupo particular es opuesto a la ciencia, pueden utilizar las pasiones y las sensibilidades de la gente y evitar hablar de los aspectos científicos.

Mucha de la propaganda contra la investigación con embriones ha explotado y exagerado la sensibilidad de la gente, sin, por supuesto, discutir los posibles beneficios de esa línea de investigación.

Así que no creo que una reacción visceral sea un mal comienzo para un debate, siempre que sólo sea el comienzo.

La investigación con embriones ha estado sometida a una fuerte controversia en España. Nuestro ministro de Sanidad es un investigador que ha trabajado con células madre embrionarias, y ha estado sometido a una fuerte campaña de desprestigio, sobre todo de grupos católicos. Cuando la religión está de por medio ¿Puede ser más difícil explicar las cosas?

Por supuesto, pero incluso cuando uno se enfrenta a argumentos religiosos, es importante explorar la base real de sus afirmaciones.

El principal argumento de la Iglesia Católica es que desde el momento de la fertilización el embrión es una criatura viviente que merece el mismo respeto que un ser humano.

Pero esa idea no reconoce el conocimiento actual sobre lo que es la esencia de un individuo: que esa esencia está contenida en su código genético, y por tanto en todas las células de nuestro cuerpo.

Gracias a la clonación sabemos que es posible crear un animal, la oveja Dolly por ejemplo, partiendo de cualquier célula. En ese caso, cada célula es un ser humano en potencia. Así que, claramente, el concepto de la individualidad de un embrión está siendo desafiado por la evidencia científica.

¿Cuál es la responsabilidad de la comunidad científica ante casos como el creacionismo convertido en una asignatura obligatoria en algunos colegios de Estados Unidos?

Mis puntos de vista sobre este tema son ambivalentes. Personalmente, me opongo de manera tajante a la teoría del creacionismo, ya que no tiene ningún sentido, no la apoya ninguna evidencia científica.

Por otra parte, no me gusta la idea de evitar que se discutan las ideas. No creo que sea correcto que el creacionismo, el diseño inteligente, se enseñe junto con la teoría darwinista de la evolución, como si las dos fueran igualmente aceptadas por la comunidad científica.

No lo son. Pero intentar evitar que los jóvenes sepan nada sobre él me parece extremadamente arriesgado. No me importaría que el creacionismo fuera discutido en clases de religión o ética, o sociología.

Usted ha sido también estudiante de arte. Por lo general, cuando se habla de una persona culta, se suele asociar ese concepto con arte, literatura, música... no con la ciencia. ¿Por qué?

La ciencia está siendo reconocida cada vez más como parte de la cultura, pero sigue siendo aceptable que la gente se meta en sofisticadas discusiones sobre temas de los que tiene ni idea, y eso no refleja su nivel de conocimiento o de educación.

No puedes decir que no sabes nada de Shakespeare, o que no sabes nada de Picasso; todo el mundo se reiría de ti. Pero la ciencia no se ve todavía al mismo nivel que las artes en términos de cultura. Creo que deberíamos examinar la manera en que se enseña en los colegios.

La mayoría de los países valoran la educación científica, por supuesto, pero la ven como destinada a una fracción muy pequeña de la población, que se convertirán en los científicos del futuro.

Tenemos que pensar es en el 95 por ciento de la gente que no van a ser científicos. Hay que rediseñar la educación científica, para que la encuentren aceptable y la entiendan, y pase a formar parte de su cultura general.

Y tenemos que conseguir la gente pueda sentir que la ciencia les pertenece.

El sentimiento de propiedad es aquí crucial. Creo que todo el mundo, en cierto sentido, se siente propietario del arte. Picasso les pertenece, Rembrandt, Goya, Cervantes, Shakespeare... les pertenecen, porque sienten empatía hacia esos creadores de cultura.

Pero no sienten lo mismo hacia la ciencia, la ven como algo de una elite, separado, distante. Y necesitamos conseguir que el público tenga hacia la ciencia ese mismo sentimiento de propiedad.