Lunes, 8 de Octubre de 2007

"Las flores de las cunetas no son sólo de víctimas de tráfico"

Emilio Silva es el nieto del primer fusilado en la Guerra Civil identificado con una prueba de ADN

DIEGO BARCALA ·08/10/2007 - 22:36h

Emilio Silva posa con la foto de su abuelo fusilado. /DANI POZO

El mes de octubre aparece en la vida de Emilio Silva por triplicado. Un 16 de octubre de hace 71 años, su abuelo, militante de Izquierda Republicana, murió fusilado de un disparo en la sien. 64 años y tres días después, Emilio rescató sus huesos de una fosa en Priaranza del Bierzo (León). Fue el primer cuerpo exhumado de una fosa de la Guerra Civil identificado a través de una prueba de ADN. La familia de Emilio Silva Faba pudo darle un entierro digno, y laico, el 8 de octubre de 2003. Si la Ley de la Memoria Histórica es aprobada este mes, octubre puede devolver a Emilio parte de su esfuerzo por recuperar la dignidad de su abuelo.

Emilio Silva, de 41 años, dejó hace nueve años su trabajo en Madrid para encontrar el paradero del cuerpo de su abuelo y escribir una novela. "En un principio, sólo esperaba dar con sus datos, contar su historia y olvidarme. Y ya llevamos más de 1.000 cuerpos exhumados". Ahora es el presidente y fundador de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica. "Mucha gente nos ve como una operación de Zapatero. De León, republicanismo... Son sólo casualidades. Cuando empecé a investigar, la ley no estaba ni proyectada", explica. "Solamente quiero que el resto de familias de desaparecidos tenga la misma satisfacción que he tenido yo", esgrime. "Espero que la ley otorgue al Estado lo que ahora hacen voluntarios. Que quede claro que los derechos humanos no pueden ser cosa de voluntarios", añade.

Emilio volvió a su pueblo familiar en 1998. Encontró silencio y miedo entre los vecinos del Bierzo. Nada quedó escrito sobre el lugar del fusilamiento. Escribió un artículo en la prensa local relacionando su caso con los represaliados en Chile por el Caso Pinochet. "Lo titulé ‘Yo también tengo un abuelo desaparecido', y dejé mi teléfono". Al poco tiempo le llamó el arqueólogo leonés Julio Vidal. En apenas dos años encontraron el lugar exacto de la fosa.

Vacío legal

No encontraron impedimentos para excavar. "Nos topamos con un vacío legal. Los restos de más de 100 años son de interés patrimonial y los de menos de 20 de interés judicial", recuerda. Sólo pidieron un permiso municipal sanitario por precaución a una hipotética epidemia, otro al propietario de la finca, que "no puso problemas", y uno más a la Guardia Civil, para excavar junto a una carretera.

La pista definitiva para dar con el punto preciso de la fosa estaba en la mente de Aurelio, un vecino de 94 años. Este anciano, tenía 32 años en la madrugada del 16 de octubre de 1936. Volvía al pueblo en bicicleta a las dos de la madrugada cuando las luces de un camión parado al margen de la carretera comarcal le llamaron la atención. Escondido tras una zarza escuchó los disparos. Nunca olvidará el sonido de la agonía de los moribundos fusilados, según le reconoció a Emilio casi sietes décadas después.

Un comerciante osado

Entre aquellos agonizantes estaba Silva Faba, el osado comerciante de Villafranca que plantó cara a la poderosa familia noble, Álvarez de Toledo, en un intercambio de opiniones en la prensa de la época. "Fue un escándalo", narra su nieto. Un miembro de esta familia aristócrata acostumbraba a escribir críticas contra la izquierda con un epílogo en el que retaba a cualquiera a rebatir su opinión. Durante años, nadie osó a aceptar el guante periodístico, hasta que Silva, ofendido por una burla al socialismo, respondió. "El impacto le marcó". Nada más empezar la guerra, el nombre del comerciante osado, fue de los primeros en aparecer en una lista negra.

El episodio forma parte de los cientos de tesoros orales que Emilio encontró en Villafranca. Durante más de medio siglo de dictadura, Transición y democracia, las familias de los más de 150 fusilados en el Bierzo, que tuvieron que quedarse, vivieron junto a los verdugos de sus padres, maridos, hermanos e hijos. Tragaron sus recuerdos y no los escupieron durante décadas. "Cada 1 de noviembre la cuneta de la carretera de Ponferrada a Villablino se llena de flores. No son de víctimas de accidentes de tráfico", describe Emilio.

"Las familias del resto de fusilados y no se opusieron pese al miedo que sigue con ellos". Es el caso de Isabel González, hermana de un fusilado. Cuando Emilio le propuso recuperar el cuerpo, Isabel le pidió tiempo para hablarlo con su cuñada. "Desde entonces nunca lo hemos hablado", le espetó. "Imagínate, 70 años sin hablar del asesinato de su hermano. Luego dirán que aquí no hubo silencio, ni represión", ejemplifica.

La abuela de Emilio, se mudó a un pueblo cercano. "Murió cinco años antes de que su nieto recuperase la dignidad de su marido fusilado. Vivió décadas con miedo, saludando con educación a los asesinos". Los restos de Modesta Santín descansan junto a los de su marido, 67 años después.