Lunes, 8 de Octubre de 2007

El lado oscuro de Sendero Luminoso

La guerrilla de Abimael Guzmán sumergió a Perú en un baño de sangre en los ochenta y noventa

JESÚS CENTENO ·08/10/2007 - 20:55h

Miembro de la guerrilla.

El camino de la violencia siempre deja historias que contar. La guerra entre los revolucionarios de la organización Sendero Luminoso y la República del Perú dejó 70.000 muertos durante los años ochenta y noventa del siglo XX. Su líder, Abimael Guzmán, no tenía armas ni apoyo de gobiernos extranjeros. Nunca estuvo presente en el campo de batalla. Trás un escritorio, con una rigurosa ideología, dirigió una compleja máquina subversiva cuyo objetivo era "reemplazar las instituciones burguesas" por un régimen comunista, bajo el concepto maoísta de la Nueva Democracia.

Sendero Luminoso nació a finales de los sesenta tras separarse del Partido Comunista del Perú, que se escindió del Partido Comunista Peruano que, a su vez, era una derivación del Partido Socialista del Perú fundado en 1928. Un galimatías que da fe del caos ideológico del grupo, que sólo se sustentó mientras su líder permaneció en activo. Guzmán fue detenido en 1992 y desde entonces el movimiento pasó inadvertido para el resto del mundo.

Vidas en revolución

"Osmán no se atrevía siquiera a besar a una chica. Una amiga nuestra estaba enamorada de él, y él de ella. Una tarde organizamos un guateque y les dejamos solos. Tardamos horas. Al regresar, le preguntamos a ella: ¿Y pasó algo? Respondió: Nada. Osmán sólo me ha leído citas de Mao toda la tarde". Así era el número dos del grupo terrorista -tal y como lo denomina la ONU-,víctima de las obsesiones de su partido, una organización que vivía por y para la revolución entre granadas y  coches bomba. "Hombres condenados sin lazos ni nombres, pero que aún viven en sociedad. Con la idea de destruirla", escribió el autor sudafricano John M. Coetzee.

Morote, brazo derecho de Guzmán, perdió la confianda del gran líder en su intento de arrebatarle el poder. Un día, Luis Arce Borja, director del periódico marxista que actuaba de portavoz del grupo, publicó una crónica sobre su vida. Esa misma tarde, sus fuentes en Sendero le llamaron para advertirle de que había cometido un error: "Morote ya no es dirigente". Días más tarde, el cabecilla fue capturado a pocos metros del Palacio de Justicia de Lima, pero nunca se supo si fue entregado por los suyos.

Un análisis racional

El escritor peruano Santiago Roncagliolo preparaba un reportaje sobre el grupo y se encontró con que tenía 84 páginas escritas. Su editor le dijo: "A mí dame quince y con el resto escribe un libro". Y así lo hizo. La cuarta espada (Debate) hace referencia al nombre con el que se hacía llamar Guzmán, "el cuarto líder del comunismo" tras Lenin, Stalin y Mao.

El libro se centra en las relaciones humanas en el interior de la cúpula terrorista y en su versión sobre el conflicto. "Es difícil hablar de personajes tan controvertidos como Guzmán -ha dicho Roncagliolo-, pero poco se había escrito sobre él y su grupo. Le han llamado loco, psicópata demonio... pero, ¿cómo logró tener tantos seguidores?", se pregunta. Según el escritor, la pobreza y los abismos sociales dejaron la puerta abierta hasta casi legitimar "la espeluznante escalada de la violencia".

"Para Europa es difícil comprender que en muchas zonas del país no exista el estado. Guzmán quería renovarlo, mejorar la educación, la justicia, castigar a los corruptos... Implantar la autoridad y una nueva moral. Si estás en contra del sistema, impones otro", explica y narra el modo en que la sociedad peruana se enfrentó a la guerrilla: "Tomamos por normales cosas que eran verdaderos delirios. No podías quedarte en el parque jugando, no podías ir al cine porque había riesgo de que una bomba explotara".

Dos décadas de atentados y represión

1980: Directorio revolucionario

Guzmán creó el Directorio Revolucionario, organizó las milicias e inició la lucha armada. Obtuvo el apoyo de los campesinos mediante la extorsión y la tortura e incluso una minoría adoptó la causa  con entusiasmo. Los juicios populares en los que ajusticiaban a los "enemigos de la revolución" tuvieron algo que ver.

1990: Terrorismo de estado

La credibilidad de Sendero Luminoso ganó enteros durante los ochenta gracias a la inoperancia del gobierno peruano, que ignoró el potencial del movimiento. Cuando Fujimori declaró el estado de emergencia, restringió  derechos civiles y creó  el ‘Grupo Colina', organización paramilitar que llevó a cabo masacres como la de Barrios Altos en 1991 y la de la Cantuta en 1992. En esta última, un profesor universitario y nueve estudiantes fueron secuestrados, confundidos con miembros de Sendero Luminoso. Desaparecieron para siempre. Hoy, Fujimori es juzgado en Perú por su vinculación a estos crímenes.

2000: Una historia sin final

Aunque la actividad de Sendero nunca acabó oficialmente, tras el arresto de Guzmán las acciones se paralizaron. Los campesinos retiraron su apoyo a la organización, que no respetaba la cultura indígena . Además, el resto de los partidos de la izquierda rechazó la revolución armada.