Domingo, 17 de Febrero de 2008

El Atlético, de nuevo desastroso, cae ante el Athletic

Paso atrás: El Athletic aprovecha el desastre general del equipo de Aguirre para obtener una victoria

ÁNGEL LUIS MENÉNDEZ ·17/02/2008 - 23:53h

Llorente intenta regatear a Pablo. EFE

Se acabaron las disculpas. Los eternos argumentos para justificar un desastre tras otros han naufragado hoy bajo el diluvio. El Atlético cayó ante el Athletic sin paliativos.

La fortuna le ha permitido sobrevivir en la zona que conduce a la ansiada Liga de Campeones, pero la suerte no puede durar eternamente. El equipo de Aguirre incumple los más elementales mandamientos defensivos.Todos. No cierra, no repliega, no achica. Nada. El gol de Susaeta retrató todas las miserias del Atlético en una película de terror, un vertiginoso cortometraje que nació en el punto de penalti vasco y concluyó en la red de Abbiati.

El actor principal fue Javi Martínez, cuyo poderoso tranco le llevó de una punta a la otra del campo con inusitada facilidad. Nadie fue capaz de ponerse delante, no hubo una camiseta rojiblanca que metiera una mano, una cadera, un pie sin violencia. Jurado escenificó la impotencia en su patética carrera tras la estela del jugador vasco quien, sabiéndose desfondado, decidió dejar en manos de Susaetala ejecución de la suprema maniobra del gol.

Pablo, fuera de sí

Cinco minutos después apareció Pablo, máximo representante de la mezquindad atlética. Hasta un central de barrio sabe defender un saque de falta mejor que él. Cualquier cuarentón con casta hubiera encarado a Llorente, incluso se hubiera atado a su camiseta. Jamás se le ocurriría darle la espalda ni, mucho menos, hacer una especie de abrazo al revés en el que no puedes controlar los movimientos del rival. El espigado delantero aprovechó la deficiente vigilancia y los centímetros ilegales, en fuera de juego, desde donde partió, para golear de espuela.

El zaguero internacional también es la viva imagen del desquiciamiento generaldel equipo. Sólo así se explica su absurda brutalidad en un lance con Aduriz. A caballo entre la inconsciencia y la incapacidad, persiguió al delantero rival hasta el área y le propinó un codazo diestro enla cara. Porque sí, con el balón en las antípodas. Antes, Raúl García, también nervioso, ya había sido expulsado. Y Antonio López fue amonestado por una entrada alocada a ras de hierba. Y Pernía se jugó la roja al protestar con desmesura una tarjeta por adelantarse en la barrera. Y Agüero, en otro codazo, bien pudo haber tomado con adelanto rumbo al vestuario. Arrastrado por el equipo, el argentino corre el riesgo de despeñarse. De perder todo lo ganado en el año de su consagración. Cuando se dedica a lo que mejor sabe hacer, jugar al fútbol, provoca situaciones como las del gol inicial.Es un peligro andante y constante. Cuando le sale el niño descontrolado que lleva dentro, está a lo que no debe y su fútbol decae.

Y arrastra a Forlán, el otro asidero rojiblanco, y al resto del grupo. Sólo así se entiende que un conjunto en problemas como el Athletic obtuviera una victoria tan claracomo merecida.