Domingo, 17 de Febrero de 2008

El desierto 'se come' España

La desertificación amenaza a tres cuartas partes del país // La zona más afectada es la vertiente mediterránea

MARÍA GARCÍA DE LA FUENTE ·17/02/2008 - 21:26h

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España es un país en riesgo de desertificación. El Ministerio de Medio Ambiente (MMA) acaba de terminar el mapa con las zonas de mayor riesgo de sufrir desertización, y la conclusión es que casi tres cuartas partes del territorio presentan algún grado de amenaza por el avance de la aridez. El cambio de un paisaje verde a otro seco podría ocurrir en el 74,05% de la superficie española.

“El mapa indica dónde coinciden los factores más favorables para la desertización”, explica Leopoldo Rojo, doctor ingeniero de Montes del MMA y coordinador del Plan de Acción Nacional contra la Desertificación. La zona más afectada es la vertiente mediterránea. En concreto, se encuentran en situación de “alto riesgo” las cuencas del Segura, Júcar y Guadalquivir, además de  algunas zonas de los archipiélagos canario y balear.

Los factores analizados que permiten el progreso de las zonas áridas incluyen la erosión del suelo, la frecuencia de incendios forestales, la extracción de agua subterránea y la tipología del suelo y el clima. “Cuando coinciden los cuatro factores, el riesgo es muy alto; cuando son tres es un riesgo alto y así sucede, en adelante, con el medio y bajo riesgo”, apunta Rojo.

En la erosión de los suelos se ha tenido en cuenta el tipo de cubierta vegetal, la inclinación del terreno, la incidencia de las lluvias en el desplazamiento de sedimentos y el tipo de protección que tiene. En el mapa se han incorporado datos de series históricas de clima de los últimos 30 años, y la ocurrencia de incendios forestales en los últimos 10. Y otra de las acciones fundamentales en la configuración de los suelos es el uso del agua, y especialmente la subterránea. Rojo señala que en algunos casos se ha constatado que las extracciones de los acuíferos son superiores a las recargas, y en casos como la cuenca del Segura y el Júcar haysobreexplotaciones.

Estos factores, que han dado lugar a la cartografía, han sido seleccionados porque son los más relevantes en el Mediterráneo para la formación de los desiertos, según la Convención de Naciones Unidas para la Lucha contra la Desertificación. Éstos y no otros son los que modelan el paisaje árido. “Son una llamada de atención sobre lo que está ocurrien-do”, indica Rojo.

Sin embargo, un elemento importante, y no incluido en el mapa, es el urbanismo. La razón de que no se haya incorporado es que no es comparable en las distintas regiones, ya que en cada provincia se desarrolla de una forma. Lo mismo ocurre con el abandono del medio rural, un fenómeno que en ocasiones beneficia el avance de los desiertos, pero que es difícil de cuantificar. La escala del mapa es demasiado amplia para ir al detalle de las construcciones urbanas y los cultivos aunque, a partir de éste, se deberá analizar lo que ocurre en cada territorio y tomar medidas, explica Rojo.

Desierto natural

El fenómeno de la degradación de la tierra fértil y conversión en árida puede ser un problema presente por la extracción excesiva de agua o un incendio, por ejemplo, o bien heredado, por la acumulación de procesos erosivos a lo largo de muchos años. En el primer caso es necesario intervenir para evitar el deterioro del suelo, pero en el segundo, el desierto pasa a ser un ecosistema para proteger. Las zonas áridas per se tienen unos valores naturales y una rica biodiversidad que hay que preservar, como es el caso el desierto de Almería o Los Monegros (Zaragoza).

En España se producen sequías estacionales como la que se registra desde los últimos tres años, lluvias súbitas de gran intensidad, pérdida de cubierta vegetal por repetidos incendios, abandono de tierras por la agricultura tradicional, explotación insostenible de recursos hídricos y concentración de la actividad económica en las zonas costeras. Esto es resultado del crecimiento urbano, la industria, el turismo y la agricultura de regadío, causas de la desertificación de la zona mediterránea,según la ONU.

La cartografía refleja dónde es preciso intervenir de manera inmediata para evitar la pérdida de ecosistemas fértiles y de un suelo rico que sufre día a día impactos evitables. El avance del desierto es lento pero perceptible, y podría verse favorecido por el calentamiento. El suelo debe cuidarse para seguir teniendo agua, bosques y biodiversidad en un futuro.

 

Inversiones

287,41 millones de euros

Cantidad invertida en la restauración hidrológico forestal y en montes por el Ministerio de Medio Ambiente entre 2001 y 2007. Se destinaron 132,9 millones en la legislatura del PP y 154,5 desde 2004 con el PSOE.

121%de incremento

En prevención y extinción de incendios forestales y restauración de zonas afectadas entre 2004 y 2007, respecto a 2001-2003. En total se han destinado 559,7 millones, de los cuales 174,3 en el primer período y 385,4 millones desde 2004.

3.965,7 millones de euros

Destinados a la lucha contra la desertificación dentro del Plan Hidrológico Nacional. Entre 2001 y 2003 hubo 1.282 millones y, desde 2004, otros 2.683,6.

 

Qué es la degradación de la tierra

Desertificación

También llamada desertización. Es la degradación de las tierras de zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas y es resultante de diversos factores, tales como las variaciones climáticas y las actividades humanas.

Zona árida

Las zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas son aquellas zonas en las que la proporción entre la precipitación anual y la evapotranspiración potencial está comprendida entre 0,05 y 0,65, excluidas las regiones polares y subpolares.

Sequía

Fenómeno que se produce naturalmente cuando las lluvias han sido considerablemente inferiores a los niveles normales registrados, causando un agudo desequilibrio hídrico que perjudica los sistemas de producción de recursos de tierras.

Tierra

Sistema bioproductivo terrestre que comprende el suelo, la vegetación y los procesos ecológicos e hidrológicos. El humus es la capa superficial constituida por la descomposición de materiales.

 

Prevención para frenar el avance de la aridez

En las zonas en las que el desierto no es el ecosistema natural y su avance es preocupante, el Plan de Acción Nacional contra la Desertificación prevé la puesta en marcha de medidas en varios campos. Así, para evitar la erosión del suelo se propone la conservación de tierras agrícolas y el buen manejo de la agricultura, evitando plantar en zonas de máxima pendiente y sí crear fajas de contención y abrir drenajes para que el riego pueda fluir y no arrastre el humus. En los cultivos se deben utilizar fertilizantes y productos fitosanitarios de manera racional ya que dañan los suelos, y se propone el fomento del uso de materias orgánicas en rehabilitación de suelos y mejora de su fertilidad. Además, hay que adecuar la carga ganadera a la oferta de pasto, seleccionar los cultivos con menores exigencias de agua, recuperar los suelos desalinizados y controlar la calidad de aguas de riego.

Prevención de incendios

En el sector forestal, la acción más importante por su fuerte impacto en el terreno es la prevención de incendios, incluido el control de quemas agrícolas, y la reforestación posterior con especies adecuadas al ecosistema y fijadoras de suelo. Se debe implementar una reforestación de tierras agrarias, realizar tratamientos como recogida de biomasa para evitar que prenda, implantar matorrales o pastizales y restaurar riberas para recuperar la calidad de los suelos. La selección genética de plantas forestales resistentes a condiciones ecológicas extremas y la aplicación de técnicas de bioingeniería en el control de la erosión son otras actuaciones previstas en el plan.

Y en cuanto a los recursos hídricos, lo primero es adecuar las disponibilidades a la planificación territorial y al desarrollo agrícola, forestal, industrial, turístico y urbano, según el plan. Y una vez controlada y gestionada el agua, se propone aumentar la vida útil de los embalses, mejorar la eficiencia de las infraestructuras hidráulicas, reestructurar los regadíos mal planificados, ineficientes o abastecidos por zonas sobreexplotadas, fomentar la desalinización, depuración y reutilización, y reducirla demanda hídrica.

El plan defiende, por otra parte, la conservación de los desiertos naturales.

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