Domingo, 17 de Febrero de 2008

Abajo los trópicos

Brasil desembarca como país invitado en ARCO con 150 artistas para romper los lugares comunes

BERNARDO GUTIÉRREZ / PEIO H. RIAÑO ·17/02/2008 - 15:54h

Una visitante a la entrada de una de las instalaciones de Solo Projects. G. Pecot

Los 150 artistas que representan a Brasil (país invitado de ARCO) son la viva prueba de la diversidad antropofágica y superlativa del país-continente. “Escogimos a los artistas, después vimos qué galerías les representaban. Así conseguimos reflejar la diversidad del país, no sólo desde el punto de vista geográfico, sino también de generación, hay artistas jóvenes y maduros. Pintura, diseño, escultura, fotografía, vídeo, instalación, performance…”, afirma Moacir dos Anjos, comisario de la muestra de Brasil.

Los 150 están como chinches en el nuevo pabellón 14.1, colocados en espacios mínimos que marean como un laberinto y dificultan la visión. Pero esa es la propuesta:en el piso bajo, las ventas; en el piso alto, lo exótico.

Brasil es todo

Selva, petróleo, favelas, carnaval, tecnología, sexo, color, pobreza, helicópteros, música, café, indios, África, exilio judío, banano, Japón, samba. Por eso la nutrida representación que inunda ARCO oscila entre el arte amazónico posmoderno de Emmanuel Nassar (materiales tradicionales más estética industrial) y la creación digital inspirada en las palabras de Rivane Neuenschwander. Pasando por las eclécticas instalaciones de Tunga, por el reciclaje kitsch de Barrão (rey del arte-broma hecho de porcelana barata), por el experimentalismo genético-artístico de Eduardo Ka o por el bioconcretismo futurista (formas vivas hechas con materiales sólidos y duros) de Franklin Cassaro.

¿Qué tiene el arte brasileño contemporáneo en común? ¿Sigue viva la herencia del “arte patas arriba” del tropicalismo? En la galería de Laura Marsiaj, una de las más punteras de Brasil, algunos artistas presentes en ARCO meditan sobre arte másBrasil. Laura Marsiaj destaca una palabra: variedad. Daisy Xavier, licenciada en psicología, medita sobre los límites y formatos: “En mi caso la psicología y el artese suman. Brasil es eso. Muchas sumas, una tentativa inconsciente de diluir los límites”. En su caso, el video se viste de cuadro (escenas en movimiento con marco).

Lucia Laguna, que se inscribe en el paisajismo, habla sin darse cuenta de “desigualdades sociales”, del país de las cuatro velocidades: “Desde mi ventana veo la favela de Mangueira. Lo que pinto es el caos, en un intento
de desconstrucción”. Y es que sus cuadros, lejos de un paisaje clásico, son una amalgama postropicalista (por poner una etiqueta comprensible): antenas, raíles, nubes, basura más colores vivos. Todo casi irreconocible. Sin formas sólidas.

Desigualdad social

Aterrizamos de lleno en la obra de Hildebrando de Castro. En Arco presenta “dos personajes accidentados de juguete haciendo parodias con la vida real”. El comisario Moacir dos Anjos destaca las desigualdades e inoperancias de Brasil como fuente inspiradora: “Hay trabajos en los que destaca la improvisación, son frágiles y repetitivos como si pusieranobstáculos al visitante. Aluden a un país contradictorio, donde nada funciona como debería. Un país quebradizo y violento, con grandesdesigualdades”.

Eduardo Ka (futurista, tecnologista, gurú de la introducción de la ingeniería genética en el arte), es un buen ejemplo del neovanguardismo brasileño. Considerado uno de los artistas más punteros aclara que “durante los últimos diez años he estado trabajando con la vida en un sentido literal, con la tecnología nueva, genes, proteínas y metabolismo”. ¿Existe algo más tecnológicamente preciso que el cuerpo humano? ¿Borrará Brasil, de una vez, las fronteras?