Domingo, 17 de Febrero de 2008

Ignacio Gómez de Liaño dice que "la humanidad está siempre a pique de caer en la barbarie"

EFE ·17/02/2008 - 12:14h

EFE - El filósofo, novelista y poeta Ignacio Gómez de Liaño.

El filósofo, novelista y poeta Ignacio Gómez de Liaño ha dicho a Efe que "la humanidad está siempre a pique de caer en la barbarie" y que "en todas las épocas ha sido difícil mantener un nivel elevado de civilización", en una entrevista con motivo de la publicación de su nuevo libro, "Hipatia, Bruno y Villamediana".

Son tres piezas de teatro que edita Siruela, en torno a estas tres figuras históricas que, según él, escenifican "tres tragedias del espíritu", ya que "los tres perdieron la vida por representar la libertad del pensamiento" frente al fanatismo, el dogma religioso o la ambición de poder político.

Tanto Hipatia, pensadora, astrónoma y matemática que dirigió en Alejandría una prestigiosa escuela de filosofía, como Giordano Bruno, con su pensamiento audaz en pleno Renacimiento, o Juan de Tassis, conde de Villamediana, poeta barroco amigo y protector de Góngora, simbolizan el desafío del pensamiento frente a las fuerzas más oscuras y destructivas del ser humano.

El fanatismo que en el año 415 linchó en una calle cercana al museo de Alejandría a Hipatia, una mujer que acogía a quienes aspiraban a elevar sus vidas o ahondar en sus inteligencias; el castigo que impuso la Inquisición a Bruno, quemado en la hoguera en la Roma de 1600, o el vil atentado que en 1622 acabó con los vuelos poéticos de Villamediana en la plaza Mayor de Madrid, propiciado por un Olivares temeroso de que le hiciera sombra.

"Los tres eran intelectuales rigurosos que la opinión pública seguía de cerca, personalidades muy libres, y de alguna forma los tres se vieron inmersos en la política de su tiempo", señala Gómez de Liaño, que lleva tiempo siguiendo los pasos de Bruno y Villamediana, y que eligió a Hipatia como mujer de luces, apreciada en su época, aunque los datos sobre ella sean más escasos.

Unos datos que le preocuparon cuando se planteó en su investigación "hasta qué punto fueron ellos conscientes de que la realidad se vengaría de su desafío y de su libertad intelectual".

"Podría pensarse que a Bruno le cegara su espíritu optimista cuando, ante el asombro de muchos de sus contemporáneos, optó por volver a Italia en sus condiciones jurídicas, confiado en que podría proponerle al Papa sus proyectos de reforma religiosa, pero es más difícil pensar algo así en el caso de Villamediana, porque fue muy virulento en sus sátiras políticas", dice el escritor.

"Y aunque es cierto que contaba con las simpatías de la reina y de los infantes en la Corte de Felipe IV -añade-, el abúlico monarca estaba en manos del conde duque y él, hombre inteligente, sabía a lo que se exponía con sus movimientos y su actitud".

Bruno se relacionó con la reina Isabel de Inglaterra, con el rey de Francia o con embajadores españoles, ya que, como napolitano, era súbdito de la monarquía española, y escribió en contra de la hegemonía pontificia o del uso del poder que hacían los pontífices de la época.

"Los tres fueron una provocación para aquellos que ante todo querían mantenerse por el medio que fuera en el poder, un poder que a veces es puramente político y otras veces se mezcla con lo religioso o a la inversa -precisa el autor-, ya que lo religioso como tal no es poder si no se acompaña de una política que le proporciona los medios para imponerse".

Autor de títulos como "El Círculo de la Sabiduría " o "Iluminaciones filosóficas", Gómez de Liaño pudo finalmente llevar a buen puerto, el pasado año, su extensa novela "Extravíos", una obra largamente madurada, de 800 páginas, en las que reconstruye una época reciente -las décadas de los 70 y 80- y con la que culmina sus dos novelas anteriores, "Arcadia" (1981) y "Musapol" (1999).