Domingo, 17 de Febrero de 2008

"Chernóbil empezó en los sesenta"

Símbolo del desastre de Chernóbil, fue condenado a cinco años de prisión por sus críticas al Gobierno bielorruso. Planea crear un centro de investigación para estudiar los efectos del accidente

MANUEL ANSEDE ·17/02/2008 - 00:01h

El investigador bielorruso Yuri Bandajevski, en una fotografía tomada en Minsk, en 2004. AFP

Yuri Bandajevski (Bielorrusia, 1957) ha pasado cinco años en las cárceles de su país. Primero, en una celda de aislamiento en la que dormía en el suelo; luego, hacinado en un calabozo con otros 150 reclusos. Pero no es un asesino, ni un ladrón. Es científico. El delito de Bandajevski, ex director del Instituto de Medicina de Gomel, fue denunciar la gestión oficial del accidente en la central nuclear de Chernóbil, en la frontera entre Bielorrusia y Ucrania. En 2001, 15 años después de la catástrofe, fue condenado a prisión por un Consejo Militar, acusado de aceptar sobornos de estudiantes. Sin embargo, él siempre ha negado los cargos, y tanto el Parlamento Europeo como Amnistía Internacional le consideraron preso de conciencia. Bandajevski, tras una breve estancia en Francia, anuncia la creación de un centro de investigación en Lituania, lejos de su perseguidor, el dictador bielorruso Aleksandr Lukashenko, pero cerca del fatídico lugar que le obsesiona: Chernóbil.

¿Cuál es el objetivo de su nuevo centro, en Lituania?

Será un centro de investigación consagrado al análisis de los efectos sanitarios del accidente. Estará en Lituania, principalmente porque está cerca de Bielorrusia. En principio, la sede es Vilna. Será un centro científico, pero también político, para organizar apoyo a las víctimas del desastre.

¿Cómo está la situación en su país?

El contacto de la población con el elemento radiactivo cesio-137 comenzó en la década de 1960. Quizá a causa del programa militar soviético y, en ese caso, el accidente de Chernóbil sólo es un complemento de aquello. La situación hoy en esta región es muy peligrosa, la mortalidad duplica la natalidad. Como soy médico e investigador, quiero ayudar. Pero sé que no es posible cambiar la situación demográfica si no se transforma antes la política. Es muy importante establecer la democracia en Bielorrusia.

¿No basta con la investigación oficial?

No, claro. En mi país, por ejemplo, sería imposible mi proyecto. Yo no puedo volver a mi casa, a trabajar con mis colegas. Pero hay que seguir investigando, no nos podemos olvidar de este problema. Es necesario generar nuevos conocimientos. Por eso vamos a Lituania. Los países bálticos son los nuevos representantes de la Unión Europea, son el ejemplo de que es posible luchar contra la dictadura.

¿Tiene prohibida la entrada a Bielorrusia?

Sí.

¿Piensa que Bielorrusia esconde los verdaderos efectos de la catástrofe de Chernóbil?

Sí, por supuesto. Ahora hay una situación muy peligrosa, e intentan taparla. Yo he contactado con los liquidadores, los cientos de miles de personas y soldados que trabajaron en labores de restauración en Chernóbil tras la catástrofe. Y apoyan mi proyecto.

¿Cuántos ‘liquidadores' hay?

Más de 120.000. De ellos, 11.000 tienen graves problemas de salud. He contactado con organizaciones como Cruz Roja Internacional para ver si es posible apoyar de alguna manera a estas personas, ya que el Gobierno bielorruso ignora este tema.

¿Cuántas personas afectadas hay en Bielorrusia?

Ahora mismo hay unos 10 millones de habitantes en Bielorrusia y todos ellos son víctimas de Chernóbil, porque viven rodeados de cesio-137.

¿Cree que la comunidad internacional debería presionar más al Gobierno de Lukashenko?

Yo he llamado a muchas puertas para pedir apoyo para el centro de Vilna y para las víctimas. Claro que es necesario hacer presión. La situación para los bielorrusos es muy peligrosa, hay muchas zonas contaminadas con radionucleidos. Viendo las estadísticas, y que la actitud de esconder la realidad se mantiene, sólo se puede ser pesimista respecto al futuro. Este es el resultado político de la Unión Soviética, una especie de genocidio
para la población.

¿Genocidio?

Sí, porque en aquella época la población estaba en contacto con los elementos radiactivos y no tenía conocimiento del peligro. No había información. Tras 40 años de contacto, la situación de la salud pública es muy mala. La mortalidad es alta, por culpa del contacto con el cesio-137 y otros elementos radiactivos.

¿Cree que continúa ese genocidio?

Mi vida es un buen ejemplo.

¿Cuáles son los efectos del cesio-137 hoy?

La concentración de este radionucleido es muy alta. Los efectos son patologías cardiovasculares en los niños, cáncer, graves afecciones en el sistema endocrino y en el aparato reproductor y malformaciones congénitas, entre muchos otros. Hemos visto los efectos en la salud en personas, y también en ensayos con animales. Yo soy anatomopatólogo, y he medido una cantidad preocupante de cesio-137 en órganos concretos procedentes de autopsias.

Estos efectos, ¿son evidentes en los ‘liquidadores'?

Sí, estas personas son un buen ejemplo, porque recibieron una dosis muy alta de radiactividad mientras trabajaban en la central nuclear.

¿Qué pasó con la ayuda de los países occidentales a las víctimas de Chernóbil?

Parte del dinero de los países occidentales se perdía en la corrupción. Yo no he visto dinero. Cuando leí el informe científico del Instituto de Radiactividad de Minsk di mi opinión. Habían empleado un gran presupuesto y no obtuvieron resultados concretos.

¿Hay muchos investigadores perseguidos en Bielorrusia?

En mi país los científicos no hablan de este tema. Se callan. No comprendo por qué. Hace 10 ó 15 años trabajábamos juntos y me apoyaban, ahora hablan mal de mí. Es el resultado de una dictadura. Mis colegas tienen mucho miedo.

Y usted, ¿tiene miedo en esta nueva etapa?

Yo no tengo miedo. Éste es mi camino. Me he alejado de mi casa y de mi familia. Es muy triste, pero he continuado mi trabajo. Tengo muy claro lo que debo hacer.

¿Ha tenido problemas de salud a causa de vivir cerca de Chernóbil?

Sí, yo también soy una víctima.

¿También hay cesio-137 en Lituania?

Sí, la población de los países bálticos y Bielorrusia entró en contacto con el cesio-137 en la década de 1960. Veinte años antes de la catástrofe de Chernóbil. Tras 30 ó 40 años de contacto, ahora vemos los problemas en la salud pública.

¿Qué medidas habría que tomar?

Es muy difícil hablar de medidas, es necesario investigar más.

¿Por qué había cesio-137 en los años sesenta del siglo pasado?

No puedo responder a esta pregunta. Como he dicho, quizás fuera a causa del programa militar en la frontera con los países occidentales. Al comenzar a estudiar las consecuencias de Chernóbil me di cuenta de que existían efectos anteriores al accidente. Este tema es tabú. Dos meses después de hablar de este asunto al Parlamento de Bielorrusia pidieron prisión para mí.

Entonces, ¿cree que el primer paso para solucionar el problema es echar a Lukashenko?

Yo no soy político, soy médico, pero hace falta cambiar la situación política. Si no, es imposible ayudar a la población.

Más de 4.000 casos de cáncer de tiroides debidos a la radiación

La explosión de un reactor de la central nuclear de Chernóbil, el 26 de abril de 1986, es el accidente nuclear más grave de la historia. Según un informe de Naciones Unidas, de los más de 200.000 trabajadores de servicios de emergencia y de operaciones de recuperación que trabajaron en Chernóbil tras la catástrofe, 2.200 morirán por una causa asociada a la exposición a la radiación.

El estudio de la ONU, publicado en 2005, afirma que la contaminación provocada por el desastre ha causado unos 4.000 casos de cáncer de tiroides, aunque la superviviencia ha sido de casi el 99%. 

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