Jueves, 14 de Febrero de 2008

"Lecho Rojo" denuncia la violencia contra las mujeres en la Feria de Arte de ARCO

EFE ·14/02/2008 - 21:30h

EFE - La artista brasileña Beth Moysés, posa en el espacio en el que desarrolló su performance "Lecho Rojo", hoy, Día de San Valentín, dentro de la XXVII edición de la Feria Internacional de Arte Contemporáneo ARCO, que este año tiene a Brasil como invitado, y que se ha inaugurado hoy en Ifema, en Madrid.

"Hoy se pega y mañana se olvida", indicó en una entrevista a Efe la artista brasileña Beth Moysés, en cuya "performance" titulada "Lecho Rojo", hoy, Día de San Valentín, denostó la violencia contra las mujeres en plena feria ARCO de Arte Contemporáneo.

Moysés afirmó que "este trabajo es sobre la autoestima", ya que "la persona que tiene autoestima no permite la violencia".

Diez mujeres -algunas de ellas víctimas de este tipo de agresión- participaron ante los espectadores que se congregaron en el espacio Performing ARCO del pabellón 14.1 del parque ferial Juan Carlos I de Ifema, a las afueras de Madrid.

Beth Moysés indicó que esta "performance" es "un rito de paso" para las mujeres, a las que "he dado la oportunidad de participar" en este "arte vivo" y se han desnudado íntimamente, exponiendo en público sus sentimientos sobre sus vivencias y circunstancias personales con respecto al motor de la vida, el amor.

Así, las diez mujeres -con su torso desnudo, margaritas en el cabello y envueltas de cintura para abajo por una sábana blanca-, sentadas alrededor de una gran masa de carmín rojo colocada en el suelo cubierto por una sábana, también blanca, fueron las protagonistas de un ritual de catarsis.

En él los cánticos del Himalaya -Himalayan flight-The Overtone Choir-, que según los monjes de esa cumbre activan el chakra del corazón, se elevaban en un espacio ovalado y cerrado por cortinas blancas que penden del techo.

Así, las participantes fueron cogiendo masa de carmín rojo del centro -en alegoría al estado de su corazón en ese momento- para empezar a trabajar en él, en sus sentimientos: modelando su corazón, mirándolo, jugando con él, poniéndoselo en el pecho, tirándolo y destrozándolo.

Sus corazones, que fueron rotos y terminaron maltrechos en un momento de su vida, al final fueron depositados de donde partieron, porque retornaron a su interior pero ahora curados y renovados.

Este "es un rito en el que para la persona que participa hay un antes y un después", señaló Moysés, porque "mi trabajo es una vivencia de las mujeres".

La artista señaló que su uso de la "performance" es una "forma más indirecta de estar hablando de la violencia" y admitió: "Yo creo que siempre estoy hablando del mismo tema".

La artista (Sao Paulo, 1960), que usa conceptualmente la "performance", el vídeo y la fotografía como soporte testimonial, insistió en la tesis de la "transformación de uno mismo" en la sociedad patriarcal.

E hizo referencia a lo que una mujer de una casa de acogida, huyendo de la violencia machista, le indicó: "No se debe ofrecer amor sin estar una misma llena de amor".

Su idea es "seguir trabajando con mujeres, con lo que ellas me transmiten durante y después de la 'performance'", ya que, insistió, "para mí es muy importante lo que ellas sienten".

Unos 300 testimonios de víctimas de la violencia doméstica -la mitad en Brasil y la otra en España- han sido recopilados por Beth Moysés en casas de acogida.

"Tuve muchos problemas con mi padre y mi madre, somos muy frágiles", confesó la artista, pero, sonriendo, recalcó: "Ahora soy más fuerte" y "creo que hago esto para sanar".

Así, su obra, cuya temática, hasta la fecha, es constante -la violencia de género en la sociedad patriarcal-, "ha evolucionado desde lo individual hasta lo colectivo".

Lo cual se refleja en sus dos últimas "performances": "Y pasa", el pasado 8 de febrero, en el Museo Reina Sofía, y hoy con "Lecho rojo", que se enmarcan dentro del ciclo dedicado a Brasil en esta edición de ARCO.

Moysés, a camino entre España y Brasil, acudió a esta cita para invitar a la reflexión sobre la violencia doméstica en la sociedad y "rescatar la justicia y la integridad de esas mujeres".

Pero, en esta ocasión, sin trajes de novia -aquellos que fueron vestidos simbólicamente por mujeres maltratadas en "performances" o colgados en iglesias y pisados por los visitantes de alguna de sus muestras-, como objeto de "la memoria del afecto que los impregnó el día de la boda", afirmó.

Temporalmente, la artista ha abandonado en estas dos últimas "performances" el traje de novia que "contiene lo masculino y lo femenino", pero mantiene el uso del blanco y el rojo, que según ella fueron "elegidos de forma intuitiva".