Lunes, 8 de Octubre de 2007

Fuera de serie

Son enormes y nos mira. Son inevitables en la ciudad y forman parte del movimiento activista que derrumba los iconos publicistas y los reemplaza por otros nuevos

PEIO H. RIAÑO ·08/10/2007 - 10:35h

Si es cierto que la semejanza global se ha adueñado de toda posibilidad a ser diferente, si es real que todos somos iguales, estas propuestas plásticas de calle son más necesarias hoy que nunca. Porque levantan retratos de individuos comunes y los vuelven fuera de serie. Tipos realmente anónimos que pasan de la intimidad a la publicidad en cuestión de horas por un grito  en las paredes.

J.R. es un artista francés que está a favor del choque frontal con lo desconocido, en lo conocido: la ciudad y sus paredes. Utiliza la fotografía para retratar desigualdades y publicitar la existencia del otro. Se mete con su cámara en un gueto francés y consigue la implicación de todos los retratados para montar un reflejo de ellos y sus emociones. Es increíble comprobar la relación que establece con estos personajes. A menos de un palmo de su cámara e invitándoles a que se expresen. Ellos entran al trapo con toda la confianza.

Dar la cara

En la ciudad, el consumo de imágenes es distraído y fugaz. Así que más vale que lo hagas todo bien grande y lo pongas todo en el sitio menos esperado. A más tamaño, más sorpresa. Un efecto Gorgona, que petrifica con imágenes impresas en un plotter a 7 metros de alto por 3 de ancho.
J. R. y su equipo marcharon a Jerusalén a pegar, en el muro que divide a palestinos de israelíes y sin autorización, una galería de rostros de trabajadores de ambas partes. Face2Face documentó la expresión de las emociones desde la risa al llanto, con cámaras con un objetivo de 28 milímetros tan cercano que da lugar a esas deformaciones grotescas de taxistas, actores, médicos, profesores, músicos, etc. 

“Fuimos a encontrar gente, a hablar con ellos y les escuchamos”, dice el artista. Y les fotografiaron y consiguieron una proximidad capaz de derrotar a la indiferencia del vecino que pasa por allí. ¿Personas como nosotros? ¿Nuestros semejantes? J.R. pretende con este trabajo proclamar la irrevocable convivencia entre cristianos, judíos y musulmanes.
Por todas partes

Jerusalén, París y Londres. En estas ciudades continúa con el sondeo de la intimidad de sus personajes. Se adapta a los lugares elegidos, como ventanas, contenedores de basura o vallas de obras para hacer mutar a la ciudad en el ideal de toda galería: inmediata, accesible y universal. Sabe buscar los sitios clave y aprovecha los elementos urbanos para darle contexto a la figura humana.

El entorno es tan importante, que otro de los grandes artistas callejeros, WK, llegó a dejar unos paneles blancos impolutos en la calle hasta que quedaron completamente escritos y pintarrajeados. Sobre ellos recortó y pegó sus stickers (pegatinas hechas en casa) y, cuando ya estaba todo resuelto, los expuso en su galería como una pieza más.

La ceguera

Decretar la inexistencia del otro difícilmente puede resultar creíble en estas condiciones de expresión, tan espectaculares. Porque si de algo ha aprendido cualquier artista que se dedique a intervenir la calle, es de la publicidad. Así que con los mismos códigos, promociona el rostro de un personaje completamente anónimo, habitualmente vecino del barrio. 
“Todos somos importantes”, reconoce el propio artista, que se dispone en su activismo a derrumbar los iconos impuestos por la gran industria del consumo a cambio de otros nuevos. Rechaza las caras alegres de los anuncios en las vallas publicitarias y llega a otros mucho más cercanos, encontrados en plena vía pública. D