Miércoles, 13 de Febrero de 2008

Gusmao pedirá al Parlamento que extienda el estado de excepción diez días

EFE ·13/02/2008 - 04:20h

EFE - El primer ministro de Timor Oriental, Xanana Gusmao (dcha) escucha al padrastro del general Alfredo Reinado, Vitor Alves, durante una rueda de prensa mantenida hoy 13 de febrero en Dili (Timor Oriental).

El primer ministro de Timor Oriental, Xanana Gusmao, pedirá hoy al Parlamento que prorrogue diez días el estado de excepción declarado el lunes tras los intentos de asesinar al presidente del país, Jose Ramos Horta, y a él mismo el lunes pasado.

Gusmao gobierna con una coalición de partidos formada tras elecciones del pasado 30 de junio, por lo que se prevé la aprobación de la extensión hasta el 23 de febrero.

La Policía de la ONU (UNPol) ha identificado a los primeros sospechosos, aunque ninguno de ellos ha sido acusado formalmente hasta el momento, e interroga a once personas en relación con los dos atentados perpetrados por el comandante rebelde Alfredo Reinado y varios de sus hombres.

Reinado encabezó el grupo que disparó e hirió a Ramos Horta junto a su casa en Dili, y que se acabó con la muerte del propio dirigente renegado, uno de sus hombres y un guardia de seguridad.

Ramos Horta, de 58 años, se encuentra hoy ingresado en un hospital militar de Darwin, ciudad en el norte de Australia, donde sus doctores creen que podrá recibir el alta en dos o tres semanas.

Una hora más tarde del primer ataque, otro comando tendía una emboscada a Gusmao y disparaba contra su automóvil, sin que nadie resultase herido.

Gusmao calificó ese mismo día de intentona golpista el ataque múltiple de Reinado, quien se había convertido en el "enemigo número uno" del país por su negativa a entregar las armas.

El comandante renegado fue uno de los 599 militares que el Ejército expulsó por insubordinación en 2006 tras sus denuncias de corrupción y nepotismo en el seno del cuerpo.

Los militares expulsados sacaron sus protestas a las calles entre abril y mayo de ese año y pusieron al país al borde de la guerra civil, hasta el punto que dimitió el primer ministro y la ONU regresó a Timor Oriental para ayudar a controlar la situación.