Lunes, 8 de Octubre de 2007

"Soy mejor si improviso, con un guión sufro"

Tras fracasar con el concurso ‘Jeopardy’, Carlos Sobera, el hombre que mejor arquea la ceja, regresa con una nueva edición del reconocible y exitoso ‘¿Quién quiere ser millonario?’.

JAVIER SALAS ·08/10/2007 - 20:42h

Carlos Sobera tiene ya un amplio currículum de presentador de concursos, algunos con más éxito y arraigo que otros. Acaba de cerrar el ciclo de uno recién estrenado, Jeopardy, que se retiró por baja audiencia, y sin solución de continuidad retoma andadura con ¿Quién quiere ser millonario?, uno de los concursos más longevos y reconocibles de la televisión.

¿Cuántos concursos ha presentado ya?
Ni idea. Con los dos actuales, Date el bote y Millonario llevo 7 y 9 años respectivamente. Más Números locos, Jeopardy, 1 contra 100, Hay trato… Seis en total, creo.

¿Encasillado?
Encasillado es un término anormal. El de los concursos es el formato que más me gusta, junto a la ficción. Ningún concurso es igual, cada uno te permite seguir creciendo. Me dan muchas satisfacciones, también porque la ausencia de guión me da mucha libertad creativa. Me encanta trabajar el tú a tú con los concursantes. No me gustaría ni un late night, ni un magacín, ni hacer información.

¿Mejor sin guión?
Soy mejor si improviso. Con guión, en el formato de los concursos, sufro mucho. Me muevo como pez en el agua dentro del caos. La espontaneidad es una de mis características como profesional.

¿Qué le falta a los concursos para dominar la parrilla?
Los concursos cumplen su función. En el prime time reinan otros formatos: realities y programas de debates más salvajes en contenidos, que atrapen la atención del espectador. Los concursos son algo más light.

¿Y qué piensa de esa situación?
No es tanto un problema del programador como un asunto referido al gusto del espectador, que se deja atrapar, se deja llevar emocionalmente en volandas. En ese sentido, el programador no puede bajar la guardia, porque luego llegan los palos de audiencia.

¿Algún concursante que prefiera? ¿Alguno que deteste especialmente?
La relación que se establece entre concursante y presentador es fundamental. Tiene que haber diálogo, tienen que jugar, flirtear, vacilar. Si el concursante es abierto y sabe aprovechar esa interactividad, es perfecto, porque da juego. En cambio, otro concursante que es bueno por su cultura pero no empatiza con el ambiente o conmigo y se cierra y sufre para mostrarse, es un concursante a evitar.

¿La tiranía de la audiencia te ha costado muchos disgustos?
Es natural. La televisión es de consumo rápido, tanto para los éxitos como para los fracasos. En más de una ocasión un concurso no llega al suficiente número de público para mantenerse en parrilla. Pero es relativo, sobre todo si comparas las cifras de audiencia con las del cine o el teatro. Hay que asimilarlo con naturalidad, aunque sea frustrante. Y no olvidar que puede causar dramas personales entre el equipo que hay detrás.

¿Hay concursos amañados?
Nunca me he encontrado ninguno. Las productoras lo más que hacen es controlar que no se les escape el presupuesto, no se puede entregar un millón de euros cada semana. Por eso los concursos son lo suficientemente complicados para que no se ganen siempre. Eso sí, nunca se actúa para beneficiar o perjudicar a un concursante. Se cuidan mucho de que no haya irregularidades.

¿Alguna novedad para esta temporada de Quién quiere ser millonario?
Sí, una que añadieron los ingleses, el cuarto comodín. Tras la sexta pregunta tienes una nueva opción: cambiar la pregunta por otra de igual dificultad. Está bien echar un cable a los concursantes en concursos tan exigentes como Millonario.

¿Cree que va a dar el premio gordo esta temporada?
Es complicado. Llevo más de mil programas de Millonario –entre Telecinco y Antena 3– y lo hemos dado en una sola ocasión. El que lo gane tiene que ser un concursante excepcional que, además de una gran cultura y mucha sangre fría para arriesgar en determinados momentos, se encuentre con preguntas accesibles para su perfil.

¿Cómo lleva ser una estrella de los programas de zapping?
No me molesta en absoluto, todo lo contrario. Me gusta que a la gente le llegue mi comportamiento natural, porque lo que muestran son mis reacciones espontáneas, tal cual soy, y es lo mejor que me puede ocurrir. Que los espectadores sepan que no soy un palo, que me parto de risa, que soy cercano.

¿Presentar concursos cierra las puertas de la interpretación?
Del cine sí. En TV te las puede abrir incluso. Con el teatro no hay problema, van por otro lado. Parece que la televisión te resta credibilidad para el cine. Para directores y productores no soy más que el hombre de la ceja: he recibido una o dos ofertas por año tan paupérrimas que deja claro que no piensan en mí como actor de cine. Lo entiendo pero no lo comparto.