Martes, 12 de Febrero de 2008

El móvil renuncia a dar televisión por concurso

No peleará por las licencias con las cadenas de TV y se centrará en sus canales

ANA TUDELA ·12/02/2008 - 22:02h

La televisión se asomó a España por primera vez en 1948 y tardó casi una década en convertirse en un servicio regular. El blanco y negro y la titularidad exclusiva del Estado sobrevivieron veinte años más que en otros países, pero en los noventa llegaban las cadenas privadas con cobertura nacional también aquí.

No hay desde entonces asunto relacionado con las concesiones televisivas que no despierte polémicas y suspicacias. Hace poco más de tres meses, una nueva guerra estaba servida y enfrentaba a productoras de televisión con operadoras de telefonía móvil, que querían ser las propietarias de las frecuencias de la llamada TDT móvil.

Pero ante los retrasos en la regulación, las telefónicas, según ha podido saber Público por fuentes del sector, van a tender su propio puente de plata y a abandonar el campo de batalla antes que encontrarse con que, cuando por fin empiece este negocio, no son ellas las que salen en pantalla.

La solución: centrarse en dar televisión por sus propios medios para ganar todo el terreno que puedan. Sólo ellas pueden hacerlo ya, porque su red de última generación (3G) sirve para ofrecer este servicio.

Proyectos piloto

Adiós a los proyectos piloto, que han sido un buen número, con estudios para conocer las posibilidades del negocio y de colaboraciones con fabricantes, principalmente con Nokia que es el máximo impulsor del estándar aprobado por la Unión Europea para la TDT móvil.

En todos ellos ha estado presente Abertis, la propietaria de las antenas y quien ahora mismo y por tercer año consecutivo ha puesto su red de TDT móvil en pruebas a disposición del Mobile World Congress de Barcelona.

Movistar, Vodafone y Orange, en un gesto sin precedentes, llegaron a colaborar en algún piloto e incluso se mostraron dispuestas a acudir juntas al concurso de reparto de éste y compartirlo también tras el lanzamiento comercial (a la espera de que el apagón analógico liberase más espacio).

La sensación de cuento de la lechera que les ha provocado el retraso de la regulación y las palabras del ministro de Industria, Joan Clos, pronosticando que hasta 2010 no habrá TDT móvil, no han hecho sino reforzar la idea de que lo mejor es ser Juan Palomo.

El cambio de Clos

Hace un año, la telefonía móvil se las prometía muy felices cuando el ministro de Industria, Joan Clos, decía en el Mobile World Congress de Barcelona que en ese mismo ejercicio se pondría en marcha el proceso para conceder por concurso frecuencias para televisión móvil. ¿Pensaban que les dejarían llevarse el pastel entero? Pues no.

Las cadenas de televisión advirtieron de que ellas querían estar a la hora del reparto y, con las elecciones asomando en el horizonte, a Industria le dio por decir que lo del concurso para ver quién controlaba el negocio, mejor después de la publicidad. La enmienda que regulaba la concesión de autorizaciones desaparecía.

Algo habían intuido ya compañías como Movistar, que lanzó en septiembre una agresiva oferta de televisión en el móvil gracias a la que ha logrado captar más de 200.000 clientes en un trimestre, aseguran fuentes del sector.

Vodafone cuenta con una media de 140.000 suscripciones mensuales a su servicio de televisión móvil.

Dos tecnologías para ver la tele por el teléfono

Existen dos formas de ofrecer televisión en el teléfono móvil. Una, la que usan las operadoras de móvil y a la que se van a dedicar ahora en cuerpo y alma, consiste en utilizar sus propias redes celulares de última generación (3G) y conectarse al servicio de modo similar a cuando se ve una televisión por Internet. El usuario es quien solicita que le envíen un determinado contenido en un momento concreto. Clos aseguró ayer en Barcelona que en España ya hay 10 millones de usuarios con un dispositivo 3G en su poder.

La otra forma replica la televisión convencional y se basa en incorporar al teléfono móvil una antena de televisión (además de la habitual) que permite recibir una señal emitida de forma constante. Ésta es la que necesita de nuevas frecuencias, que deben concederse por concurso.

Cuando parecía que serían las compañías de móvil las que se quedarían con ese espectro radioeléctrico, el Gobierno insistió en que quería que el servicio fuese gratuito y que no se limitase a los móviles, sino a otros dispositivos portátiles.