Martes, 12 de Febrero de 2008

Moros y cristianos, ocho siglos de desencuentros

La relación del islam con la cristiandad en al-Ándalus pasó del intercambio cultural a la confrontación

JESÚS CENTENO ·12/02/2008 - 20:43h

JUPITER - La Alhambra, cumbre del arte islámico, fue un rico complejo palaciego y la fortaleza que alojaba a la corte del reino nazarí de Granada.

En los adornos de los arcos de los patios y a los lados del escudo de armas nazarí... En los capiteles, en los pórticos, en los frisos junto al techo y entre los adornos del ajimez... En la Alhambra de Granada hay una inscripción que siempre se repite y dice así: "Sólo Dios es vencedor", una frase acuñada por el fundador de la dinastía nazarí, Mohamed ben-Názar, llamado Al-Hamar el Rojo.

Cuenta la leyenda que, cuando el rey entró triunfador en Granada en 1238 tras una guerra fratricida con sus hermanos sevillanos, el pueblo le recibió al grito de "vencedor". El rey les respondió: "Sólo Alá es vencedor". Al-Hamar integró la leyenda en su escudo y la adoptó para las divisas de este reino regido por designios divinos. La Granada nazarí resistió aún dos siglos hasta la derrota de Mohamed XII o Boabdil en 1492, cuando pasó a formar parte del Reino de Castilla.

La frase atribuida a Al-Hamar no es la única leyenda que se puede leer en la Alhambra. En el resto de galerías abundan estas decoraciones caligráficas con frases como "Salvación perpetua", "Bendición" y "La eternidad pertenece a Dios".

Los orígenes de un imperio

En realidad, el islam no se basa en misterios impenetrables, sino en creencias simples y esquemáticas. "Es una religión colectiva y una forma de vida desde la cuna hasta la sepultura", explica el escritor  Juan Eslava Galán, que acaba de editar el libro Califas, guerreros, esclavas y eunucos (Espasa), donde profundiza en los desencuentros entre moros y cristianos durante la Edad Media.

Por entonces, el credo de los árabes fue el de exportar el islam al resto del mundo. Fijaron sus ojos en la Península Ibérica, de la que sólo quedó libre la cornisa cantábrica. "Muchas zonas no estaban cristianizadas, y la explotada plebe hispanogoda, al convertirse, se libraba de cargas fiscales". El intercambio había comenzado.

Bajo el islam, lo que un día se llamó Hispania se convirtió en un gran imperio con sede en Damasco. Los cristianos colonizaron el norte y durante varios siglos pagaron tributo. Quizá por eso sus reinos no fueron conquistados, porque a los árabes "les salía más rentable cobrarles parias anuales, como quien ordeña una vaca".

El legado de los moros

Las guerras tribales y étnicas de los musulmanes desembocaron en los llamados reinos de taifas hasta la proclamación del esplendoroso, diplomático y longevo Reino de Granada. 

En su legado podemos contar la instauración del ejército de voluntarios, el asentamiento en núcleos urbanos rodeados de cultivo, con un comercio y una artesanía activa, así como la construcción de fuentes y baños públicos, alcantarillado, fondas, hospitales, zocos y hornos.

En cuanto a su cultura, destacaron, sobre todo, en astronomía y medicina. Muchas de sus obras se tradujeron al latín y puede decirse que alcanzaron un nivel tecnológico superior al de los cristianos del norte, en parte gracias al legado bizantino y griego que recibieron de Oriente. En Granada, se construyó la Qalat al-Hambra (la Alhambra), donde los sultanes nazaríes fijaron su residencia.

El ocaso del islam

La guerra itinerante de los reinos cristianos, obsesionados en recuperar el reino godo y cristiano de Rodrigo, del que nunca dejaron de sentirse herederos, debilitó a un reino en el que, según Eslava Galán, apenas hubo convivencia. 

"Los califas de Córdoba toleraron la existencia de barrios cristianos y judíos porque obtenían de ellos sustanciosos tributos. Pero desde el siglo XII, los cristianos prácticamente desaparecieron de al-Ándalus". Para este autor, el mito de los reinos árabes tolerantes, pacíficos y cultos nunca existió. "Como muchos otros pueblos, vivieron en una sociedad tiranizada y desprovista de libertades".

Pero la decadencia del imperio almohade facilitó la rea-nudación de la mal llamada Reconquista, y apenas quedaron grandes comunidades musulmanas en las tierras recuperadas por los cristianos.

Durante algún tiempo, la excepción del intercambio cultural fue Toledo y su Escuela de Traductores. Pero cuando los Reyes Católicos conquistaron Granada procuraron que los moros desalojasen la ciudad y, aunque los monarcas prometieron respetar la religión y las costumbres musulmanas, enviaron misioneros para que los evangelizaran. "Este proselitismo fracasó y se les convirtió por decreto. Quienes no lo atajaban eran expulsados". Desde entonces, las mezquitas se convirtieron en iglesias.

Usos y costumbres de al-Ándalus

1. El islam

Árabes, bereberes y moros se gobernaban por un consejo de linajes, familias o clanes, que acuerda las alianzas y las guerras. Con el islam, la religión presidirá la vida de todo musulmán, que debe rezar cinco veces al día en dirección a La Meca.

2. El papel de la mujer

Según Eslava Galán, siempre tuvo un papel subordinado. Su función consiste en hacerle agradable la vida al marido, cuidar de su casa y sus hijos y procurarle placer. "Quizá es por esto por lo que el islam apenas ha evolucionado".

3. Mercenarios y milicias

Los ejércitos del islam se han nutrido tradicionalmente de voluntarios. Las rutas militares  de las milicias califales estaban jalonadas por castillos y albergues a una jornada de camino.

4. La urbanización

La llegada de los musulmanes revitalizó las ciudades. En ellas encontramos las medinas, con su zoco y sus artesanos, todos dentro del recinto amurallado. La alcazaba, a lo alto, era la parte mejor defendida de la ciudad y el centro donde residía el poder.

5. Baños, fondas y hospitales

En las anárquicas construcciones árabes no faltaron servicios comunes como los baños públicos, a los que se acude por motivos higiénicos, rituales y sociales, pues era un lugar de tertulia y negocios.

6. Ocio y diversión

Los espectáculos incluían peleas de perros y gallos así como torneos deportivos, la  caza y el ajedrez, importado de Persia.