Lunes, 11 de Febrero de 2008

A la espera del paro de febrero

La situación económica enciende la campaña electoral // Los expertos señalan que hay motivos para la preocupación pero sin ser alarmistas

AMPARO ESTRADA ·11/02/2008 - 18:33h

Hay motivos para la preocupación, pero no hay que ser alarmistas ni estar asustados, dicen los analistas ante la nueva situación económica. Sin embargo, las declaraciones pesimistas se acumulan día tras día. Ayer, el G-7 (los siete países más ricos del mundo) señaló que la situación actual es "más incierta". En España, la desaceleración económica iba llegando de rondón, pero ha acabado por entrar de golpe por la puerta más temida -la del paro- y se ha instalado en las cifras macroecónomicas y en las vidas de los ciudadanos. Con 132.378 parados más en el mes de enero y la confianza de los consumidores en mínimos históricos, la economía se ha convertido en argumento de primer orden la campaña electoral. A las apocalípticas advertencias del Partido Popular se contraponen las excesivamente entusiastas declaraciones del presidente del Gobierno.Y el ciudadano no sabe a qué carta quedarse ¿Estamos en una crisis o no? ¿Nos encaminamos al desastre económico y hacia un paro alarmante con una inflación desbocada?
También es motivo de perplejidad que, aunque en España crecemos más y vamos a seguir creciendo por encima de la media, exista un sentimiento de crisis en la opinión pública superior al de otros países. Posiblemente esto obedezca a que la caída en el ritmo es mayor aquí que fuera, es decir, que íbamos a 150 km/hora y ahora hemos levantado el pie del acelerador y vamos a 100, mientras los demás iban a 90 km/hora y ahora van a 80.
Aunque para Estados Unidos los pronósticos dicen que hay un 50% de posibilidades de recesión, en España no se espera tal, pero sí una desaceleración bastante más acentuada de lo que se pensaba hace unos meses. Hemos tenido el ciclo de crecimiento económico más largo de la historia reciente y en los últimos cinco años se ha superado la tasa mágica del 3% (la mayoría de los analistas considera que el ritmo apropiado para la economía española es del 3%-3,5%). Sin embargo, este año, ese 3% no parece probable.

Cambiemos el símil del coche y comparemos nuestra economía con un corredor de maratón que empieza muy fuerte, sigue a ritmo muy intenso, tanto como para terminar los 42 kilómetros 195 metros en dos horas (récord del mundo), pero de repente, a los 33 kilómetros, como ocurre muy a menudo, se le aparece lo que los corredores llaman el muro, de repente te entra un desfallecimiento, no sabes qué pasa, sólo que si no bajas mucho la velocidad, no conseguirás llegar a la meta, así que vas mucho más despacio los siguientes 7 u 8 kilómetros, de modo que el propio cuerpo se regenera y puedes acabar los dos últimos kilómetros como empezaste, a lo campeón.

Eso nos está pasando ahora: se nos ha aparecido el muro y nos hemos moderado. De hecho, el consenso de los analistas considera que este año podemos correr a una tasa cercana al 2,7% . Eso supondría un descenso en torno a un punto porcentual respecto al 3,8% que se creció en 2007. No es bueno, pero tampoco dramático. Supone perder un tercio de velocidad y crecer a un ritmo similar a lo que se estaba haciendo en 2002.
Para María Jesús Fernández, del Gabinete de Coyuntura y Estadística de Funcas (la Fundación de las Cajas de Ahorros), una desaceleración de más de un punto porcentual en un año "es importante, pero no conviene hablar de crisis en términos trágicos. Mientras se siga creando empleo no es grave".

Empleo
En la economía española, con un crecimiento por encima del 2% ó 2,5% del PIB se crea empleo. Es decir, que el crecimiento previsto por los expertos para este año, incluso el más pesimista, permitirá la creación de empleo, aunque a menor ritmo que en los últimos años. Eso no significa que no se pueda producir un repunte de la tasa de paro porque, para bajar la tasa de paro, la creación de empleo tiene que aumentar más que lo que se incremente la población activa (personas que quieren trabajar).
Enero nos ha traído 132.000 aldabonazos de advertencia, aunque una parte de ellos es estacional -corresponde a contratos temporales de Navidad que siempre concluyen a comienzos de año-. Si se elimina ese componente estacional, la pérdida de puestos de trabajo se quedaría en 66.000 en enero, que sigue siendo un aumento importante del paro. Lo peor es que también bajó la afiliación a la Seguridad Social y los contratos de trabajo. El dato de paro de febrero -que saldrá el 4 de marzo, sólo cinco días antes de las elecciones- es esperado con la máxima expectación porque permitirá conocer si los empleos perdidos debido al parón en la construcción se acumularon en enero, y por eso creció tanto el paro, o si la destrucción de puestos de trabajo continúa a la misma intensidad. Un mal dato de paro dispararía las alarmas.


Mejores condiciones


Así que, efectivamente, estamos ante una desaceleración, que se ha acentuado por la crisis crediticia que la explosión de la burbuja de las hipotecas-basura surgida en Estados Unidos ha generado en todos los mercados e inversores internacionales, especialmente en el sector de los activos inmobiliarios. Pero ese contagio de una situación que, inicialmente, sólo debería haber afectado a Estados Unidos -en España no existía nada parecido a las hipotecas-basura de alto riesgo- se ha trasladado al mundo real. De hecho, los expertos financieros creen que ahora existe mucho dinero "dormido", asustado, que ante la que está cayendo prefiere quedarse sólo en inversiones hiperseguras, y creen también que los cimientos económicos de España son más sólidos que los de otros países del entorno, tanto como para estar en condiciones de superar más desahogadamente el cambio de ciclo.

"En las décadas de los 90 y de los 80, las dificultades internacionales cogían a España con el pie cambiado -señala Jordi Gual, subdirector general de Estudios y Análisis Económico de La Caixa- con
déficit presupuestario, mucho más endeudada y con los agentes económicos en una situación financiera difícil. Ahora la situación media de la empresa y de la familia española es buena".

Fortalezas
Los colchones con los que cuenta la economía española son varios: el superávit presupuestario, que va a permitir que el Estado pueda inyectar dinero en la economía para activar el consumo; la inversión que ha estado creciendo a tasas de dos dígitos y que ha permitido la modernización de nuestras empresas; o un sistema financiero que no asumió riesgos en las hipotecas basura. En tono coloquial, un importante banquero cuenta que lo que ha salvado a las entidades financieras españolas es que, afortunadamente, "nosotros no somos buenos en banca de inversión, estamos volcados en banca comercial, las subprime nunca nos interesaron". Sea por eso o porque las exigencias del Banco de España son mayores que las de otros supervisores, aquí no han aparecido los agujeros de otros bancos.

El superávit presupuestario es una gran fortaleza: primero, por la tranquilidad que supone poder pagar sin problemas las coberturas sociales de nuestro sistema -seguro de desempleo, entre otros-; y segundo, por la posibilidad que ofrece de incentivar la demanda interna a través del gasto público.

Debilidades
La mayor debilidad de nuestro corredor de fondo es la desaceleración del sector inmobiliario. Sin embargo, se trata de una desaceleración que se venía buscando desde hacía tiempo para reequilibrar el modelo de crecimiento español basado en exceso en la construcción de viviendas. Pero las restricciones de crédito provocadas por la crisis de las hipotecas basura han acabado por convertir la desaceleración en un parón constructor. Por este flanco se escapan los puestos de trabajo y afecta a la actividad de otros sectores.

El año pasado cerró el 40% de los intermediarios inmobiliarios; existe una bolsa de 1.300.000 viviendas sin vender -según Carlos March, presidente de Corporación Financiera Alba- y varias promotoras se encuentran en un aprieto por falta de liquidez.Pero lo que estaba pasando tampoco era razonable: cada año se construían alrededor de 700.000 u 800.000 viviendas, cuando la demanda potencial está en unas 450.000. Pero, además, el precio de la vivienda nueva subía el 12% y hasta el 15% anual. Ahora está en tasas más moderadas y cercanas a la inflación: un 5,5% más en 2007, según Caixa Catalunya.

Ante esta situación, la pregunta es qué se puede hacer. En opinión de Carlos Mulas-Granados, profesor titular de Economía Aplicada en la Universidad Complutense y ex subdirector de la Oficina Económica de Presidencia del Gobierno, como el Ejecutivo no dispone de la llave de la política monetaria porque no puede bajar tipos ni depreciar la moneda, "sólo le queda la política fiscal, bajando impuestos, con lo que se logra un efecto a corto plazo, y mediante el gasto público, cuyo efecto se nota más a medio plazo. En el resto no hay recetas mágicas". En este sentido se enmarca el anuncio del PSOE de aprobar, si gana las elecciones, una deducción fiscal de 400 euros en el IRPF. Los recibirían los asalariados y pensionistas mediante una rebaja en sus retenciones por un importe medio de unos 33 euros -para los autónomos se ideará otra forma, puesto que no tienen retenciones-.

¿Bastan 30 euros más al mes para relanzar el consumo? Según Mulas-Granados, sí: "Es la cuota de un gimnasio, la letra de una lavadora o de un coche pequeño. 30 euros al mes permite comprar a plazos bienes intermedios, que es lo que produce la industria y eso es mucho mejor que darlo de golpe para gastarselo de una vez, lo que además tendría más impacto sobre la inflación".

 
Política fiscal
La política fiscal sirve para suavizar el ciclo, su ventaja es que influye directamente sobre la demanda: bajando los impuestos o aumentando el gasto público, por ejemplo en infraestructuras. Otra cosa distinta es la política monetaria, es decir, los tipos de interés. Su efecto tarda más, pero en estos momentos es lo que centra la atención de todos: ciudadanos hipotecados, inversores en bolsa, empresarios en busca de crédito. Desde el mes de agosto, la autoridad monetaria estadounidense -la Reserva Federal- ha bajado el tipo de interés del 5,25% al 3%. No así el Banco Central Europeo, que lo mantiene en el 4% debido a su preocupación por la inflación, aunque esta semana su presidente, Jean-Claude Trichet, ha dejado abierta la puerta a un recorte en los próximos meses. Mulas-Granados considera que el BCE esta siendo demasiado "tímido; ya tendría que haber bajado los tipos. Podemos vivir con la inflación que tenemos y bajar tipos para dar confianza".

La inflación preocupa al BCE, pero también, y mucho, a las familias. El año pasado se cerró con un aumento de los precios del 4,2%. Sin embargo, las familias tienen el convencimiento de que los precios han subido mucho más. Razón no les falta. Según un nuevo indicador elaborado por Caixa Catalunya, los productos básicos -que suponen el 35% del consumo familiar- se encarecieron un 7,9% en 2007, casi el doble que la inflación general. Y, entre ellos, algunos productos como la leche aumentaron su precio un 31%. Además, las familias sufren mayores dificultades financieras por la subida de las hipotecas y por las restricciones de crédito. Dice Juan Ramón Quintás, presidente de la Confederación Española de Cajas de Ahorro (CECA), que en las crisis, como en las enfermedades graves, se pasa por tres fases: primero, el enfermo niega la realidad; segundo, acepta el diagnóstico; y, tercero, adopta medidas para mejorar y se toma las medicinas. Aceptando la existencia de un enfermo, Guillermo Fernández Vara, médico y presidente de la Junta de Extremadura, asegura que lo que tiene la economía española "es una gripe y no una neumonía como pretenden algunos".

En todo caso, el enfermo echa en falta que su médico de cabecera -el Gobierno- no haya empezado ya con las medicinas: que el Ejecutivo apruebe en Consejo de Ministros un paquete de medidas, en lugar de anunciarlas en mítines electorales, lo que además aleja en el tiempo su aplicación. Ni en el Ministerio de Economía ni en Moncloa esperaban un bache de tal intensidad -es verdad que tampoco los Gobiernos de otros países lo hicieron-. Por eso no se contempló un adelanto electoral.