Lunes, 11 de Febrero de 2008

¿Discrepan las encuestas?

JOSÉ LUIS DE ZÁRRAGA ·11/02/2008 - 07:23h

La cuestión clave en toda encuesta preelectoral es la intención de voto que declaran los entrevistados. Luego, a partir de esa intención declarada, los analistas hacen una estimación del voto que obtendrían los partidos si las elecciones se celebrasen en ese momento.

¿Por qué hay que hacer estimaciones? Hay varias razones técnicas por las que no se puede tomar la distribución de las intenciones de voto, sin corrección, como indicadora del reparto del voto efectivo.

En primer lugar, porque, a causa de su distinta composición socioeconómica y cultural, unas clientelas electorales están peor representadas que otras en las muestras de las encuestas y eso debe corregirse. No son igualmente accesibles a la entrevista los votantes del PSOE y del PP (probablemente la clientela electoral del PP es menos accesible y está peor representada en las muestras). Este sesgo debe ser medido y corregido. Es problemático cómo hacerlo, pero al menos es un sesgo que varía poco de unas elecciones a otras.

Los verdaderos indecisos, aunque importantes, son quizá una minoría 

Más importante es el problema que plantean los que se declaran indecisos en las encuestas, que no bajan del 10% y a veces llegan al 30%. Además, siempre hay un número apreciable de entrevistados que no contestan a las preguntas de voto. Muchos de ellos son abstencionistas probables. Otros muchos son electores que ocultan su intención de voto. Los verdaderos indecisos, aunque importantes para el resultado, son probablemente una minoría. Por último, una parte de los que declaran intención de voto no acudirán a las urnas a hacerlo efectivo. Siempre son menos los que votan que los que declaran en las encuestas su intención de hacerlo.

Voto oculto en ambos lados

Es difícil estimar cuantos votantes probables de cada partido ocultan su voto, alegando indecisión o negándose a contestar, porque sus proporciones varían según las circunstancias de la elección. A veces el voto oculto es de izquierdas y a veces es de derechas. Unas veces es el voto al Gobierno el que se oculta, y otras, el voto a la oposición. También es difícil estimar cuántos electores se quedarán en el camino a las urnas, aunque no duden sobre a quién votar si fueran a hacerlo...Calcular la incidencia de estos factores -y otros- es tarea de la cocina de los analistas.

No hay un sistema único para hacer estos cálculos, ni el mismo sistema vale siempre, y ningún sistema es seguro. Con el problema añadido de que es imposible saber cuánto y en qué sentido cambiarán las intenciones de voto en los últimos días, ni cuánta gente va a abstenerse (o a decidirse a participar) a última hora. Por eso es lógico que los analistas discrepen. Pero no las encuestas.Fijémonos en cuatro encuestas que se publican ayer y hoy: la del Instituto Dym en ABC, la de Metroscopia en El País, la de Sigma Dos en El Mundo y nuestro Publiscopio electoral, con trabajos de campo en fechas coincidentes.

En el dato clave, las intenciones de voto, hay poco disenso en los sondeos 

En las estimaciones de las cuatro gana el PSOE, pero hay discrepancias en la medida exacta de la distancia respecto al PP, que varía de 2,6 a 5,5 puntos. Aunque los resultados en otros datos coinciden bastante, los analistas discrepan en la estimación del voto del PSOE entre 41,7 (El País) y 44,0% (Público).Pero ¿discrepan las encuestas? Si están bien diseñadas y bien ejecutadas, las encuestas deben coincidir, dentro de los errores de muestreo.

Éstas discrepan poco en los datos comunes que publican y siempre con diferencias poco significativas. Los datos clave son las intenciones de voto declaradas y, especialmente, la distancia entre las intenciones de voto al PSOE y al PP. Y en esto la discrepancia entre las tres encuestas que publican el dato (El Mundo no lo publica) está dentro de los errores de muestreo: en el Publiscopio esta distancia es de 7,3 puntos, de 8,4 en ABC y de 10,3% en El País.

El paso de ahí a la estimación del voto ya es más incierto, y en ese paso pueden producirse discrepancias que son ajenas a los errores de muestreo. Pero esas discrepancias no hay que atribuirlas a las encuestas, sino a los analistas.

José Luis de Zárraga es sociólogo