Domingo, 10 de Febrero de 2008

Forlán saca al Atlético de su mes 'horribilis'

Cuando más tocado parecía, literalmente en el suelo, el Atlético regaló su mejor partido. Otra vez comprometido, otra vez ambicioso en su planteamiento, siempre al ataque, y hasta talentoso, agarrado a una calidad que sus últimos desastres habían puesto en duda.

JOSÉ MIGUÉLEZ ·10/02/2008 - 23:03h

Cuando más tocado parecía, literalmente en el suelo, el Atlético regaló su mejor partido. Otra vez comprometido, otra vez ambicioso en su planteamiento, siempre al ataque, y hasta talentoso, agarrado a una calidad que sus últimos desastres habían puesto en duda. El Atlético despertó por primera vez desde su resbalón en el derbi, la derrota con la que abrió el año y que le dejó grogui. Se levantó de ese golpe lejano en el escenario más inesperado, en casa del Racing, la indiscutible sorpresa agradable del campeonato, donde hacía una eternidad que no se contemplaba una derrota. Fue el peor Racing del curso. Pero menos por su culpa que por la del Atlético.


El segundo, un golazo


El Sardinero asistió a actuaciones individuales notables. La de Forlán a la cabeza. El uruguayo se obligó a jugar de segundo delantero, participando con frecuencia en la elaboración y bajando en abundancia a recibir. Y a partir de la multiactividad, el uruguayo recuperó el olfato perdido. Fue también el mejor asistente del equipo, el mejor enlace para los apoyos y, por supuesto, el mejor rematador. Un partido completo que remarcó con el segundo gol, el resumen exacto de su juego. Forlán lo hizo todo. Acudió a recibir, se quitó del medio a Colsa dándose la vuelta, se fue de Duscher con un recorte y finalizó la acción con un zambombazo brutal con su izquierda.


No concreta su importancia con goles, una contabilidad siempre más fácil de ver, pero detrás de la inesperada resurrección del Atlético estuvo más que nadie Raúl García. Omnipresente, arriba y abajo, el centrocampista fue el pulmón que hacía tiempo pedía este equipo. No puede ser casualidad que los peores resultados de los rojiblancos, sus peores notas, hayan coincidido con las ausencias del navarro o con sus ratos de mayor cansancio y lengua fuera.


Menos peso tuvo ayer el Kun. O mejor dicho, su influencia no apareció por la vía habitual, por sus maniobras imposibles y sus definiciones letales. Agüero tuvo un significado espiritual en el duelo. Representó un riesgo evidente, porque el argentino sentía que su tobillo corría peligro, porque de verdad le dolía. Pero su sola presencia logró la cuota de intimidación que demandaba la ocasión y aumentó la confianza de los suyos, demasiado convencidos de que sin el Kun son mucho menos. O nada. Hizo de Cid Campeador, en suma, el delantero. Y salió aparentemente ileso del esfuerzo.


Ataque y ataque


Lo demás tuvo más que ver con la actitud del equipo. Salvo en los primeros veinte minutos, en los que el Racing amenazó con llevar la iniciativa y las ganas de ganar, el Atlético se fue levantando a base de orden, posesión y ambición de ataque. Su mejor virtud fue que aunque el resultado le fue contando cosas bonitas, el Atlético no cayó en la nociva tentación de replegarse. Siempre fue a por más.


El Racing, habituado a desnudar a sus rivales desde la táctica y el sobreesfuerzo, esta vez no encontró un agujero por donde pronunciar palabra. el Atlético no le dejó.