Domingo, 7 de Octubre de 2007

Una cara hermosa

Susana Osinaga Robles también recuerda ese momento. Era enfermera del hospital y el médico a cargo le pidió que lavara el cuerpo del Che.

Especial de Che Guevara

GUSTAVO SIERRA. Clarín ·07/10/2007 - 12:29h

Susana Osinaga Robles también recuerda ese momento. Era enfermera del hospital y el médico a cargo le pidió que lavara el cuerpo del Che. “Le saqué toda la ropa andrajosa que tenía y lo lavé con alcohol. Le tiré el pelo para atrás y la barba para abajo. Apareció una cara hermosa. Ya tenía los ojos abiertos. Pregunté y me dijeron que lo dejara así. Aparentemente, los ojos se le habían quedado abiertos del viento mientras lo llevaban en helicóptero.

Lo terminé de lavar y lo dejé así en una camilla”, cuenta Susana en su casa de Vallegrande. Unos años antes, Ernesto Guevara de la Serna había escrito una única referencia a la muerte en su poema La Piedra y que ahora, al regreso del viaje, la periodista y escritora Chiquita Constenla recuerda. Es absolutamente premonitorio.

“Si quedaba tendido en un monte o me recogían los otros no habría pañuelito de gasa; me descompondría entre las hierbas o me exhibirían y tal vez saldría en el “Life” con una mirada agónica y desesperada, fija en el instante de supremo miedo. Porque se tiene miedo, a qué negarlo”.

Mañana en Público: La leyenda negra sobre la muerte de los asesinos del Che


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