Domingo, 7 de Octubre de 2007

No era un monstruo

Especial de Che Guevara

GUSTAVO SIERRA. Clarín ·07/10/2007 - 12:10h

Susana Osinaga es la enfermera que lavó el cuerpo del Che. Un coronel le ordenó que dejara los ojos abiertos.

En La Higuera permanecía la maestra de la escuelita, Julia Cortés, una chica muy bonita de 19 años que estaba acompañada por su madre. En Vallegrande dicen que había un teniente del Ejército que estaba loco por ella y es quien le permite permanecer en el lugar y luego visitar al Che dos veces. “Recién había amanecido cuando entré al aula, a mi aula, donde enseñaba todos los días”, recuerda Julia, ahora una joven jubilada de cabello corto ensortijado y una blusa de gasa rosado fuerte. Habla en un tono bajo. “Lo miré al Che y vi que no era el monstruo que me había imaginado. Me pareció un hombre increíblemente bello.

Le pregunté: ¿Cómo puede ser que un hombre tan bello como usted ande así todo sucio? ¿Para qué vino de tan lejos a matar bolivianos? Y él me hizo otra pregunta con una sonrisa: ¿cómo puede ser posible que una chica tan bonita estuviera por estas sendas? Nos reímos y el guardia también. Después me contestó más serio que luchaba para que en Bolivia hubiera menos pobres. Y que había muchas enfermedades que se podían evitar como la desnutrición y la tuberculosis”.

Julia saca una foto suya de aquella época. Se parece a Priscila Presley, la mujer de Elvis. Y sigue contando: “Me dijo que tenía hambre y que le consiguiera un huevo. Volví un rato más tarde con un plato de sopa de maní. Tenía las manos atadas con un cuero, así que agarró el cazo como pudo y se lo bebió casi de un trago. Después buscó entre las ropas y sacó un bisturí que me regaló”.  A las siete de la mañana del 9 de octubre de 1967 llega a La Higuera el coronel Joaquín Zenteno Anaya con la orden de ejecutar al Che. Con él viaja el agente de la CIA Félix Rodríguez que viste uniforme del Ejército boliviano y se hace llamar capitán Ramos. La decisión de matar a Guevara fue tomada por el presidente, el general René Barrientos Ortuño, en una reunión con los altos mandos que se había realizado en el Palacio del Quemado de La Paz la noche anterior.

En el momento en que Barrientos anuncia su decisión había en la sala del palacio presidencial al menos 20 altos oficiales y de esa manera los involucra a todos en la acción. Zenteno transmite la orden al mayor Ayoroa. El teniente coronel Selich regresa a Vallegrande con el helicóptero. Hay una disputa interna de poder entre Zenteno y Selich y éste no quiere verse involucrado en el asesinato del Che.

Pero deciden postergar la ejecución hasta que termine el operativo de búsqueda de los guerrilleros que habían logrado escapar en la Quebrada del Churo. Hay un último combate cerca de la media mañana, en el que cae Aniceto. Los soldados regresan y traen al Chino ciego y que había quedado moribundo desde el día anterior. Ese fue el tiempo que el agente de la CIA Félix Rodríguez aprovechó para fotografiar cada página del diario del Che e intentar interrogarlo.

El piloto Niño de Guzmán contó años más tarde que entró con el espía a ver al Che y que se acercó a su cara y le dijo: ¿Tú sabes quién soy? Y que el Che le respondió: “Sí, un traidor” y le escupió la cara. Rodríguez, hasta el día de hoy, repite una versión edulcorada del diálogo y hasta asegura que el Che le dio a entender que Fidel Castro le había traicionado. Lo cierto es que en un informe secreto que entregó a la CIA ocho años más tarde que lleva la identificación en español “Inspector General-152015”, de la que el historiador Pacho O’Donnell consiguió una copia, Rodríguez nunca menciona estos detalles. El espía Rodríguez saca al Che fuera de la escuelita, le toma varias fotos y hasta posa junto a él en una famosa imagen en la que aparece rodeado de otros tres soldados. Ésa fue la última foto del Che vivo.

También tiene tiempo de instalar su radio transmisor RS-48 y dar la confirmación de la captura de Guevara a sus superiores en una base del Canal de Panamá. Para entonces, Zenteno y Ayoroa regresan a La Higuera dejando a Gary Prado a cargo del operativo. Mataron o capturaron a siete guerrilleros, pero se les escaparon otros diez que lograron romper el cerco. Zenteno pide voluntarios para las ejecuciones. Elige a dedo y sin conocerlos: al sargento Huanca, para Willy y al sargento Mario Terán, para el Che. Los suboficiales habían permanecido en La Higuera y habían seguido tomando chicha. Para ese momento estaban bastante borrachos.

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