Domingo, 7 de Octubre de 2007

No podía respirar

El teniente Tutti Aguilera queda a cargo de la seguridad del Che. Es quien le cura la herida. Después le contará al periodista José Luis Alcázar que Guevara “no podía respirar, estaba sin aire, por momentos se escuchaba como un ronquido, no podía dormir y se acomodaba contra una de las paredes para permanecer sentado”.

Especial de Che Guevara

GUSTAVO SIERRA. Clarín ·07/10/2007 - 11:56h

El teniente Tutti Aguilera queda a cargo de la seguridad del Che. Es quien le cura la herida. Después le contará al periodista José Luis Alcázar que Guevara “no podía respirar, estaba sin aire, por momentos se escuchaba como un ronquido, no podía dormir y se acomodaba contra una de las paredes para permanecer sentado”. Los soldados estaban debajo del alero del almacén más viejo de La Higuera y que hoy está prácticamente sin modificaciones enfrente de la escuela. Habían conseguido un tonel de chicha y ya estaban bastante borrachos. Iban entrando en grupos para insultar al Che o preguntarle alguna cosa.

¡Hijo de puta! Has matado a mi hermano. Me vas a responder por él”, le grita un soldado mientras le da patadas. “¡Mátame, hijo, si te sientes capaz!”, le responde el Che mientras lo mira fijamente a los ojos. El muchacho no soporta la situación y se va. Con otro soldado discute por qué un extranjero fue a Bolivia a luchar. Un tercero le pregunta cómo es Cuba. Finalmente entra el capitán Gary Prado para calmar las cosas. Hoy es un general retirado y ex embajador postrado en una silla de ruedas por un balazo que le perforó la médula. Vive en Santa Cruz de la Sierra y recuerda ese momento: “El Che hablaba y le respondía a quien le hiciera una pregunta.

En un momento levanta la vista y me dice que le robaron dos relojes que tenía en sus muñecas (además de los otros dos que llevaba en su morral). Averiguo y logro que devuelvan los que llevaba consigo. Me dijo que uno era suyo y el otro de Tuma, un camarada muerto y al que le había prometido entregárselo a su familia. Le dije que cómo hacía para identificar cuál era el suyo para devolvérselo cuando todo esto terminara y agarró una piedrita del suelo y le hizo una cruz en la parte de atrás”. Prado asegura que “unos años más tarde, cuando hubo relaciones entre Bolivia y Cuba yo mandé el reloj a La Habana... No sé qué hubiera pasado después”.

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