Domingo, 7 de Octubre de 2007

El delator

GUSTAVO SIERRA. Clarín ·07/10/2007 - 11:38h

Julia Cortés fue una de las últimas personas que hablaron con él.

La columna guerrillera continuó confiada. No se dio cuenta de que desde la otra casa, en la colina siguiente, los estaba viendo Honorato Rojas, el verdadero delator que moriría cinco años más tarde a manos de otros guerrilleros. A la una de la mañana, se encuentran con un cañadón de piedra y una caída de agua helada, el único paso para el otro sector. El Che da un salto arriesgado y es el primero en cruzar. Los otros no se pueden quedar atrás.

El camino ahora está lleno de espinos. Les cuesta mucho avanzar y muy especialmente al Chino (Juan Pablo Chang Navarro, peruano) que había perdido sus anteojos y caminaba a ciegas. El Che ordena detenerse y descansar por dos horas junto a una saliente de piedras. “Si hubiéramos continuado avanzando habríamos salido del cerco”, asegura Pombo después en una entrevista con la televisión cubana.

“Mira, si hubiéramos caminado todo ese tiempo que tuvimos hasta que llegaron los soldados, habríamos estado afuera. ¡Te lo garantizo!”, remata Urbano.Con la primera luz del día, el Che ordena a Pacho (Alberto Montes de Oca, cubano) y a Benigno una incursión de reconocimiento. Vuelven con la novedad de que la quebrada casi no tiene salidas y que habían avistado a un grupo de soldados. El comandante organiza a sus hombres para intentar romper el cerco. La única salida es hacia arriba. Mandó al extremo superior de la quebrada a Pombo y a Urbano. Benigno, Inti (Guido Álvaro Peredo, boliviano) y Darío (David Adriazola Veizaga, boliviano) en el flanco izquierdo, con la misión de garantizar un corredor de salida. Antonio (Orlando Pantoja Tamayo, cubano), Chapaco (Jaime Arana Campero, boliviano), Arturo (René Martínez Tamayo, cubano) y Willy (Simón Cuba Saravia, boliviano), a la entrada de la quebrada para impedir el avance de los militares y Pacho a la derecha, para establecer un puesto de observación.

“El Che había organizado una buena defensa y un plan de salida. Las instrucciones eran que si el Ejército entraba por la quebrada debíamos retirarnos por el flanco izquierdo”, recuerda Benigno en el documental.Poco después del mediodía el Che manda a Ñato (Julio Méndez Korne, boliviano) y Aniceto (Aniceto Reynaga Gordillo, boliviano) hacia la cumbre del cerro. No había pasado una hora cuando los soldados los detectan. “¡Allí están los sapos (el nombre en clave de los guerrilleros)!”, grita uno de los soldados mientras comienza a disparar. Los guerrilleros no responden el fuego.

Seguramente creen que es lo mejor para intentar escapar. Están en una posición absolutamente desfavorable. Son 17 contra más de 100 uniformados y están atrapados en el fondo de una quebrada. El capitán Gary Prado ordena lanzar granadas de mortero hacia el lugar donde fueron vistos los combatientes enemigos. Son cinco explosiones y un silencio total. Una patrulla de diez soldados avanza sobre la cañada. El hombre que va al frente salta unos espinillos y se asoma al abismo sobre el riacho. A 30 metros ve a un guerrillero que reacciona tardíamente. El soldado levanta su fusil y dispara. El Chino, un peruano de aspecto aindiado y larga barba, cae pesadamente. Son las 13.30 del 8 de octubre de 1967 y en la Quebrada del Churo se desata el combate decisivo.

Los boinas verdes avanzan con una furia inusitada. De todos los enfrentamientos que los guerrilleros habían tenido en los últimos once meses en Bolivia nunca habían visto a soldados tan aguerridos. No saben que éste es el primer combate de estos boinas verdes, hombres especialmente entrenados por expertos del Ejército estadounidense. Se suceden las explosiones de granadas, morteros y ametralladoras. La defensa guerrillera se hace fuerte y van cayendo de a uno cuatro soldados.

Primero, Mario Characayo; luego, Mario Lafuente, Manuel Morales y Sabino Cossio.Un grupo de asalto de los boinas verdes logra aproximarse y se cubre muy bien justo enfrente de donde se defienden dos guerrilleros en un montículo de piedra. Los tienen a tiro. Uno de los soldados dispara dos veces. Un disparo preciso termina con uno de los guerrilleros. Otro tiro sobre el segundo guerrillero da justo en el medio de su carabina M-1 de fabricación estadounidense que lleva la inscripción “Lan Div. United 744.520” y una “D” marcada en la culata.

El disparo de otro soldado lo hiere en la pierna. “¡Sal de ahí o eres hombre muerto, maricón!”, le grita el soldado. El guerrillero tiene siete fusiles apuntándolo y él, un arma inutilizada y una pistola sin balas ni cargador. Levanta la carabina destrozada por encima de su cabeza y sale. “Parecía un Cristo”, iba a recordar uno de los boinas verdes. “Soldados, no me maten”, dice el barbudo. “Soy el Che”.

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