Sábado, 9 de Febrero de 2008

Jugando con fuego

Una buena situación económica ayuda a producir un buen clima social y favorece el voto a quien gobierna. Pero no motiva al elector, salvo catástrofe.

JOSÉ LUIS DE ZÁRRAGA ·09/02/2008 - 22:00h

La buena situación económica no gana elecciones. ‘Por sí sola’, habría que añadir; pero eso es obvio. Una buena situación económica ayuda a producir un buen clima social, y favorece el voto a quien gobierna. Pero no es ese clima lo que lo motiva; simplemente lo facilita.

La mala situación económica puede hacer perder elecciones, llenando el vaso del malestar. Pero siempre a condición de que gotas de otras motivaciones lo desborden. La gota que desborda el vaso es la que decide el voto.

Salvo en una situación de crisis generalizada que amenace gravemente a la mayoría de la población, lo que determina el voto es la política, no la economía. El voto es, para la mayoría, un gesto ideológico más que un cálculo; se vota con el corazón mucho más que con el bolsillo, se vota por ideas mucho más que por conveniencias.

Desde 1977 se han sucedido en España nueve elecciones generales; de ninguna de ellas puede decirse que su resultado haya estado determinado principalmente por la buena o la mala situación económica. Los gobiernos han ganado elecciones en situaciones económicas críticas y las han perdido cuando la economía iba bien, tanto en unos casos como en los otros por motivos ajenos a lo económico.

Que no haya sucedido nunca no quiere decir que no pueda suceder. ¿En qué condiciones podría la situación económica determinar el voto? En mi opinión sólo en una situación en la que domine en amplios sectores de la población el miedo y la desconfianza.

Miedo al futuro, convicción de que ha comenzado una época de vacas flacas, temor a que sobrevenga una catástrofe económica; un miedo que ponga la supervivencia por delante de cualquier otra consideración. Y desconfianza en la capacidad del gobierno para la gestión de la crisis, o para evitarla.

La estrategia de campaña del Partido Popular persigue esos objetivos. Para ganar, le haría falta que los electores llegasen a las urnas aterrorizados y creyendo que Manuel Pizarro les garantiza la supervivencia económica y el viceprisente Solbes, no. Pero la del miedo es una estrategia peligrosa, porque si no funciona, arruina a quien la utiliza.

Si, con esta gasolina, Rajoy no consigue quemar a Zapatero (con riesgo, a la vez, de pegar fuego al país), puede convertirse en una antorcha humana el día de las elecciones.