Sábado, 9 de Febrero de 2008

¿Es la economía, estúpido? Sí, pero sólo a veces

La situación económica ha influido en algunas elecciones generales en España, pero nunca ha sido un factor decisivo en su desenlace

FERNANDO SAIZ / ANTONIO M. VÉLEZ ·09/02/2008 - 16:36h

“La economía tiene indudablemente una cierta incidencia en el ánimo del electorado, pero por supuesto no es el único factor, y ni siquiera creo que sea determinante”. Lo dijo el vicepresidente Pedro Solbes en una entrevista publicada por Público el pasado enero, y los datos parecen darle la razón, al menos en lo que se refiere al caso de España.

En ninguna de las nueve elecciones generales celebradas desde la muerte de Franco es visible a primera vista una influencia decisiva de la situación económica en el resultado final.

Sin embargo, las relaciones entre economía y elecciones son demasiado complejas como para ser descritas de un plumazo. Marta Fraile, profesora de Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Madrid y una de las personas que más ha trabajado en España sobre las repercusiones del voto económico, cree que “la percepción por parte de los electores de la prosperidad económica ha tenido repercusiones electorales claras, sobre todo a partir de la segunda legislatura socialista”. Esta conclusión aparece reflejada en su libro Cuando la economía entra en la urnas, editado por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).

A juicio de Fraile, una vez superada la luna de miel democrática, el elector tiende cada vez más a valorar la eficiencia económica y, también de forma creciente, las políticas sociales.

En todo caso, las relaciones entre la situación economía y los resultados electorales son muchos menos evidentes en España que en Estados Unidos, donde sí parece haber un patrón de conducta de los ciudadanos ante distintos indicadores, especialmente frente al PIB.

Según un estudio realizado por Mike Moffat, un economista canadiense, sobre una muestra de elecciones presidenciales de EEUU desde 1956, cuando la economía crece por encima del 4% en los dos años anteriores a la fecha de los comicios hay una alta probabilidad de que gane el candidato del partido gobernante.

En sentido contrario, si el PIB aumenta menos del 2% en los dos ejercicios previos, es casi seguro que vence el partido de la oposición. El electorado parece por tanto premiar o castigar al gobierno de turno (independientemente de que sea republicano o demócrata) en función de la trayectoria económica más reciente.

En España no se da esa correlación inmediata (como se puede ver en la página adjunta, los gobiernos ganan o pierden elecciones en circunstancias económicas muy variadas).

Pese a ello, lo cierto es que a un mes de los comicios del 9 de marzo los partidos principales dedican grandes esfuerzos al debate económico. Si Zapatero se empleó a fondo para que el vicepresidente Solbes aceptara continuar, Rajoy hizo lo propio para fichar al ex presidente de Endesa, Manuel Pizarro. Y no hay día en la precampaña electoral en el que no aparezcan referencias destacadas a la situación económica.

Quizás ambos partidos piensan que, esta vez sí, la economía puede decidir la composición del Parlamento.