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Sábado, 31 de Agosto de 2013

John Ford, la leyenda del western americano

Se cumplen cuarenta años del fallecimiento del director de cine que cultivó las películas del oeste con un cariño por encima de la media de sus colegas. Rodó 140 películas todos los géneros, y tres de los cuatro Oscar que ganó no fueron western.

·31/08/2013 - 08:40h

El cine del oeste de grandes paisajes, con un tono viril y socarrón, de duros héroes, pérfidos villanos y mujeres indefensas no tendría hoy la categoría que ocupa sin la irrepetible aportación al séptimo arte que supuso el trabajo de John Ford, el Gran Director Americano, fallecido hace ahora 40 años.

"El tío Jack", como popularmente se le conocía en Hollywood, nació en Maine como John Martin Feeney un 1 de febrero de 1894 y comenzó su andadura por el cine como actor, apareciendo en películas de su hermano mayor Francis, y en otros proyectos entre los que destaca la curiosidad de que interpretó a uno de los miembros del Ku Klux Klan en El nacimiento de una nación, de D. W. Griffith.

Ford pronto supo que su lugar estaba tras la cámara y pasó a rodar distintas películas del Oeste mudas, muchas de ellas protagonizadas por la estrella de principios del siglo pasado Harry Carey, a lo largo de siete años que precedieron a su primera gran obra maestra, El caballo de hierro.

A principios de los años veinte Ford se casó con la que sería su mujer para toda la vida, Mary McBride Smith, aunque tuvo una sonada aventura extramatrimonial con la actriz Katharine Hepburn; una relación que para ella, como confesó años más tarde, fue un "amor platónico", y cuyas idas y venidas sentarían las bases para una de las comedias más célebres de la intérprete, La fiera de mi niña.

Cultivó el western con un cariño por encima de la media de los directores coetáneos y se convirtió en bandera del género gracias a clásicos como La diligencia, El hombre que mató a Liberty Valance, Centauros del desierto, Fort Apache o La legión invencible, todos protagonizados por su amigo John Wayne. La relación entre Ford y Wayne, que se dirigía al director muchas veces con apelativos como "papi" o "entrenador", se fraguó a lo largo de más de una decena de filmes, entre los que también destacan las secuencias sin acreditar de El Álamo, El hombre tranquilo, La conquista del Oeste, Escrito bajo el sol, La taberna del irlandés, Misión de audaces o No eran imprescindibles.

Ésta última, canto a la Marina estadounidense y sus proezas en la II Guerra Mundial, fue uno de los puntos más bajos de la relación entre el "Duque" y el realizador, que decidió incluir en los créditos el rango militar de todos los actores intérpretes, dejando sin credencial alguna el nombre de Wayne, tras la negativa de este a alistarse en 1941.

Ford también dirigió grandes películas del oeste sin John Wayne en el reparto, como El sargento negro, Dos cabalgan juntos, Caravana de paz o Pasión de los fuertes, en la que narró la vida del mítico sheriff Wyatt Earp, al que llegó a conocer durante su juventud, por lo que a partir de sus relatos plasmó el duelo final en el OK Corral del modo más fidedigno posible.

Ganador de cuatro Oscar

El cineasta ganó cuatro premios Oscar en su carrera como Mejor Director, y solo uno de ellos por una película del oeste, El hombre tranquilo; yendo los otros tres a dos dramas rurales, Las uvas de la ira y ¡Qué verde era mi valle!, y otro a uno de corte más urbano, El delator; a los que se suman dos más por sus documentales sobre la II Guerra Mundial.

A lo largo de 140 películas como director, Ford trató la gran mayoría de los géneros cinematográficos, y dirigió grandes y bien distintos clásicos como Mogambo, Escala en Hawaii, El último hurra y Siete mujeres, su despedida de la gran pantalla.

John Ford fue querido y respetado por directores coetáneos, como Orson Welles, Akira Kurosawa, Sergio Leone o Jean-Luc Godard, quien confesaba admirarlo pese a que Ford le abochornó en una entrevista a Cahiers du Cinema, cuando el entonces joven periodista francés le preguntó "¿Qué le ha traído a Hollywood?", a lo que el director le contestó "un tren".

Cuenta la leyenda que el último aliento del cineasta fue para pedir un cigarrillo, antes de cerrar los ojos para siempre un 31 de agosto y dejar su legado para la influencia de directores venideros, hoy grandes estrellas de Hollywood que reconocen el legado de John Ford en sus películas, como Martin Scorsese, Clint Eastwood o Steven Spielberg, entre otros.