Sábado, 9 de Febrero de 2008

El Año Nuevo chino en Japón, chafado por la empanadilla intoxicada

EFE ·09/02/2008 - 12:30h

EFE - Cientos de personas celebran por las calles de la ciudad japonesa de Yokohama el Año Nuevo chino.

Japón ha importado con notable éxito muchas cosas de China, como los caracteres, la pólvora o las especialidades culinarias, pero este año una de ellas ha nublado la celebración del Año Nuevo chino en Yokohama: las empanadillas.

Una intoxicación masiva de gyozas congeladas importadas desde China ha provocado esta semana un notable descenso de afluencia a las celebraciones del Año Nuevo chino de Yokohama, la ciudad que acoge el mayor chinatown de Japón.

Todo comenzó con una intoxicación masiva hace una semana que afectó a un millar de japoneses, aunque las autoridades sólo han confirmado una decena de casos.

El Gobierno nipón atribuyó la contaminación masiva a unas empanadillas importadas de China sólo una semana antes de la celebración del Año Nuevo Chino, con consecuencias predecibles.

Tanto los comerciantes del Chinatown de Yokohama, el mayor de Japón, que suelen hacer su agosto en esta cita, como los entusiastas nipones que disfrutan esta semana con los coloristas desfiles han visto caer en un pozo el gozo anual de comerse este típico manjar.

Los unos, acuciados por el bajón radical de ventas, han llegado a colocar carteles en esa ciudad portuaria japonesa que garantizan que todos los productos en venta han sido producidos en Japón.

Y los otros, atemorizados por la crisis alimenticia, preguntan por la seguridad de la comida callejera, platos principales e incluso postres.

Como todos los años los petardos sonaron, las princesas chinas se pasearon y los dragones atemorizaron al barrio de Chukagai en los desfiles que Yokohama comparte esta semana con decenas de Chinatown repartidos por todo el mundo, de Nueva York a Singapur.

Los japoneses admiraron y fotografiaron el evento con su habitual calma, pero el regocijo no alcanzó las cotas de otros años.

Las calles estaban más vacías estos días y los propietarios de tenderetes callejeros redoblaban los esfuerzos para vender los populares bollos rellenos cocidos al vapor.

No obstante, los efectos comerciales provocados por las empanadillas no se han sufrido sólo en Yokohama, porque el asunto de las gyoza contaminadas ha llegado hasta las cancillerías de Tokio y Pekín.

El origen de decenas de casos de dolores estomacales y diarreas, que en el caso de una niña japonesa la llevaron al estado de coma, fue un lote de empanadillas chinas importado desde una fábrica de la provincia china de Hebei.

Y la consecuencia fue que las tradicionalmente rígidas relaciones entre los dos poderes regionales, China y Japón, se estiraron un poco más esta semana.

Al parecer, el agente tóxico fue un organofosfato denominado metamidofos, una especie de insecticida, que se coló en los paquetes de gyoza durante su elaboración o el empaquetado.

El guión fue como sigue: las autoridades sanitarias japonesas negaron que la intoxicación se hubiera producido en Japón.

Las chinas, que sus fábricas tuvieran algún problema sanitario.

Los nipones contrarrestaron con una investigación criminal.

Y los chinos sugirieron que la intoxicación pudo ser deliberada y ocurrida en Japón, con el oscuro objetivo de empantanar las ya de por sí difíciles relaciones entre Tokio y Pekín.

Mientras, los consumidores japoneses, hipersensibles a cualquier tema que atañe a la salud alimentaria, rebajaron su consumo de comida congelada en un 40 por ciento.

La sensibilidad es comprensible, porque más del 15 por ciento de la comida congelada que se consume en Japón se produce en China.

Sin embargo, los gobiernos de ambos países han tratado de enfriar la tensión bilateral, centrados como están en épocas recientes en descongelar las problemáticas relaciones.

Esta semana el ministerio nipón de Exteriores llegaba a emitir una nota oficial en la que aseguraba que mantiene una "plena cooperación" con el gobierno chino para resolver el asunto.