Domingo, 7 de Octubre de 2007

El orgullo derrota a Hamilton y a McLaren

El campéon del mundo de Fórmula Uno se decidirá en Brasil. Lewis Hamilton abandona en China y Fernando Alonso se coloca, con su segundo puesto, a cuatro puntos del inglés.

ÁNGEL LUIS MENÉNDEZ ·07/10/2007 - 08:49h

Lewis Hamilton al abandonar el GP de China. EFE

La impaciencia y el exceso de orgullo destrozaron el que parecía seguro título mundial de Lewis Hamilton. El inglés y McLaren lo tenían todo controlado para firmar el campeonato 2007 en Shangai, pero el uno y los otros forzaron inexplicablemente hasta dar con los huesos del piloto británico y su auto en la grava.

Hamilton salió el primero y dominaba con autoridad la carrera. Nadie se explica por qué rodó y rodó hasta desgastar los neumáticos sin tomar alguna precaución. Cuando, tarde, buscaba desesperadamente los boxes para cambiar unas gomas que se caían a trozos, el bólido se deslizó hasta quedar varado en la grava. Ahí se atascaron momentánea e inesperadamente las esperanzas del inglés. Ahí mismo se abrió de nuevo el cielo para Fernando Alonso.

Y para Kimi Raikonnen. El finlandés de Ferrari ganó ayer y el 21 de octubre, última cita de la temporada, los tres se jugarán en Brasil el título individual. Hamilton sigue siendo líder con 107 puntos, pero Alonso y Raikkonen le pisan ahora los talones a cuatro y siete puntos respectivamente.

El demérito de Hamilton y de un equipo que pierde eficacia por su descarado favoritismo hacia el inglés no puede ocultar la maestría de Alonso. El asturiano, cuarto en la parrilla, salió a por todas. No tenía otra opción, pero lo hizo con la serenidad que da la experiencia. Cuando el semáforo se puso verde, se fue a por Massa. Le adelantó y acosó a Raikkonen sin percatarse de que el brasileño no estaba dispuesto a rendirse. Así que Massa recuperó la tercera plaza y la carrera y el Mundial parecieron finiquitados.

La lluvia se volvió contra Hamilton en Shanghai 

Sin embargo, la lluvia intermitente, las dudas con los neumáticos y la lección de pilotaje vertiginoso y controlado de Alonso fueron minando la moral de Hamilton y de McLaren.

No supieron cómo gestionar tanta incertidumbre, y el box británico vivió una tragedia colectiva. Jefes y obreros escenificaron con descaro la preferencia hacia Hamilton que Alonso había denunciado de forma descarnada el sábado. Los rostros pasaron del blanco sorpresa al ceniciento funeral cuando el piloto inglés braceó desde su asiento pidiendo que le empujaran, maniobra prohibida, para salir de la grava. Una nube negra con apellido español se posó sobre las cabezas de ejecutivos y mecánicos.

Ni ellos se acuerdan de Alonso más que por obligación ni éste tuvo siquiera una palabra para ellos después de pasar bajo la bandera de cuadros. El piloto sólo tuvo frases de agradecimiento hacia los aficionados españoles y las banderas nacionales que tomaron las gradas de Shangai. “Me dieron ánimos cuando más lo necesitaba”, dijo.

A lomos de ese empuje moral, el ovetense adelantó a Massa en el último cambio de neumáticos, aguantó un par de vueltas el empuje del brasileño y barajó las posibilidades de alcanzar a Raikkonen, líder tras el abandono de Hamilton.

Rodó al límite durante varios giros. Hasta que comprendió que el esfuerzo podría traerle más perjuicios que ganancias. Entendió que forzar el motor, estrenado ayer, no era un buen negocio teniendo en cuenta que será esa misma mecánica la que tendrá a su disposición para acometer en Brasil el asalto a su tercer título mundial.

Cuando nadie lo esperaba, el campeonato sigue más vivo que nunca. Y, por lo visto ayer, Alonso no necesita a nadie, para fajarse con solvencia en tan cruenta pugna. Hamilton y su entorno vuelven a temblar.    


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