Viernes, 8 de Febrero de 2008

Sarkozy creará milicias de "reservistas experimentados" para los barrios populares

Pocas medidas, escasos fondos, balones fuera y fachada multirracial soft en un mediocre 'Plan Marshall' para las barriadas.

ANDRÉS PÉREZ, corresponsal ·08/02/2008 - 13:55h

El presidente francés, Nicolas Sarkozy, presenta en el Elíseo su plan para los suburbios, que contempla una inversión de 500 millones de euros. AFP

El presidente francés, Nicolas Sarkozy, dio a luz ayer y con dolor a un plan para las barriadas populares en el que anunció pocas medidas nuevas, escasos fondos, muchos balones fuera e inauguró una semántica multirracial soft. Al término de un largo discurso, sólo una novedad sobresalía en el Elíseo, alucinante: la creación de brigadas de “reservistas experimentados” para ayudar a la policía reglamentaria. Eso, es lo que comunmente se conoce con el nombre de milicia y esto no suele ser bueno para la democracia.

Sarkozy vistió ayer el uniforme verbal de gala para anunciar de nuevo, como en 2002 y 2005 desde el cargo de ministro de Interior,  “una guerra sin cuartel contra el tráfico y los traficantes de droga” y poner fin a “la ley de las bandas y del silencio”, que él imagina como problema predominante en los 750 barrios marginados de Francia donde unos cinco millones de personas viven en situaciones de segregación increíbles a los ojos de un español.

Para ganar esa supuesta “guerra”, Sarkozy anunció la afectación de unos 4000 policías a 200 nuevas “unidades territoriales de los barrios”, que van a ir siendo desplegadas en los próximos tres años. Se trata del regreso, a medias tintas y sin reconocerlo, a la policía de proximidad que ya fue en su día desplegada por el Gobierno de la izquierda plural (1997-2002), antes de ser hecha añicos por el propio Sarkozy a partir del 2002 en todas partes, excepto París y algún barrio selecto de los suburbios ricos.

Lo que dejó alucinados a bastantes representantes de las asociaciones fue la promesa de reclutar, entre la población de los barrios, a “reservistas experimentados”, encargados de “reducir los malentendidos”, numerosos hoy entre la población y las fuerzas del orden, precisamente a causa de la desaparición de los agentes de proximidad.

Tras la alusión a los “malentendidos”, se esconde el experimento intentado por el presidente desde otoño pasado en una barriada del extrarradio norte de París, Villiers-le-Bel. En ella, miles de jóvenes protagonizaron una insurrección tras la muerte de dos adolescentes aplastados por un coche patrulla. Para acabar con la revuelta y conseguir juicios expeditivos, por orden de Sarkozy la policía ha intentado reclutar a informadores anónimos remunerados. Con escaso éxito.

Nicolas Sarkozy se instala así en una zona gris entre legítima represión del crimen y ajustes de cuentas de barrio, zona gris desde la que, además, no osa reconocer públicamente los errores de su gestión pasada. Los sindicatos de la policía, empezaron a afilar argumentos contra la propuesta de creación de milicias de reservistas, sobre la que no hay más precisiones oficiales de momento.

Los problemas reales

Entre dos aguas se quedó también el presidente en su problema de incontinencia verbal con los jóvenes de las barriadas. Por un lado, afirmó que “asumía” todo lo que había “dicho” en el pasado sobre el tema, a saber que hay que “limpiar con desinfectante” ciertos barrios, que los jóvenes de los barrios multicolor son “chusma” y que existen entre ellos una “granujacracia”. Por otro, en un giro semántico de 180º, aceptó empezar a hablar  lisa y llanamente de “barrios populares” y no de “zonas urbanas sensibles” y otros barbarismos oficiales al uso.

Ahora que ya son de nuevo, por fin, cincuenta años después, “barrios populares”, aún quedaba por saber qué está dispuesto a hacer el presidente de realmente innovador por ellos. Y en ese particular, las asociaciones, salvo raras excepciones salieron decepcionadas.

Por un lado, la totalidad del plan representa a penas 1.000 milllones de euros, cifra realmente escasa si se la compara, por ejemplo, con los casi 30.000 millones dedicados por los Gobiernos desde hace cuatro años a la demolición de viviendas de protección social juzgadas degradada.

Por otro lado, buena parte de las líneas de financiación anunciadas en el estelar “Plan Marshall para la Banlieue” venido a menos son en realidad dispositivos que ya existían, en particular de búsqueda de empleo y de formación. Por último, la única promesa cifrada y realmente esperada, los nuevos transportes públicos que saquen del aislamiento los barrios más enclavados, cuenta con una promesa de financiación imprecisa de 500 millones de euros.

Otra línea de financiación desconocida, pero de bolsillos privados esta vez, tiene que ver con la vivienda. Lejos de anunciar más vivienda social de alquiler, el presidente tiene un programa de “acceso a la propiedad” de pisos. En un país donde hasta las clases medias empiezan a preguntarse cómo llegar a fin de mes ¿Habrá que entrar en las brigadas de “reservistas” para poder cobrar con qué pagar el piso?

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