Sábado, 6 de Octubre de 2007

Divas: Escándalo y talento

Las nuevas estrellas del pop  destacan por tener un punto canalla. Muy jóvenes, triunfan en los escenarios y protagonizan polémicas que llenan  la crónica rosa

JESÚS MIGUEL MARCOS ·06/10/2007 - 22:46h

Amy Winehouse

La imagen de la controvertida Kate Moss se multiplica por todo el planeta. La de Pete Doherty, también. Que el ex líder del grupo The Libertines es -o fue, no acaba de quedar claro- el novio de la archiconocida modelo es de domino público. Pero... ¿cuántos sabrían tararear una de sus canciones? Y en otro sentido, ¿cuántas páginas se han escrito sobre sus desventuras narcóticas y cuántas sobre su música? ¿Cómo es posible que la Policía detenga el vehículo de Doherty en tantas ocasiones? El peligro es que la crónica rosa -en realidad, de sucesos- tape al artista. Que el árbol no tape el bosque con Amy Winehouse, Lily Allen o M.I.A.

Un punto de desequilibrio

Amy Winehouse es la más explosiva. No ha cumplido los 25 y canta como una negra de 50. Su vozarrón es pura dinamita en unos temas musicalmente clásicos -soul, jazz y rhythm & blues- pero con sonido contemporáneo. Compositora de su propio repertorio, no duda en volcar en él una crónica vital ciertamente desequilibrada (sus discos dan la primicia, The Sun no puede con ellos).

Un ejemplo: tras debutar en 2003 con Frank y obtener éxito de crítica y público, su manager y su familia le aconsejaron ingresar en un centro de rehabilitación por su adicción al alcohol. Winehouse, envalentonada cual Billie Holiday, se sacó de la manga un hit impactante titulado Rehab, con dos versos iniciales que dejaban bien clara su postura ante los consejos de sus allegados: "They tried to make me go to rehab / I said no, no, no".

Desde entonces, cada éxito incontestable en las listas ha venido de vómitos en el escenario, una cancelación de concierto tras otra y, finalmente, una sobredosis que la llevó directa al hospital. ¿La última? Sus padres han hecho un llamamiento a los fans para que dejen de comprar sus discos. ¿Puro teatro? En todo caso, su voz no tiene nada que ver con la ficción.

El caso de Lily Allen despierta mayores suspicacias. Icono de la tendencia, esta hija de artista ha pasado de ser un fenómeno musical en Internet a convertir su vida en un culebrón de titulares. Insulta, se queja, critica, roba, toma drogas, se pelea, no la dejan entrar en EEUU y polemiza hasta el cansancio. Cada palabra que sale de su boca dibuja un titular, lo que no es raro cuando dices cosas como "los fans de Paris Hilton deberían ser asesinados".

La crítica la mira con desconfianza, pero luego lanza una canción como Smile y funciona. Pop luminoso y bien construido, con una melodía pegajosa que contrasta con una letra donde narra una terrorífica venganza. El vídeo -pongan el Youtube- da cuenta de lo que dice la canción y es bastante salvaje.

Una sencilla manera de alumbrar la desigualdad mundial sería dividir la humanidad entre los que pueden entrar en EEUU y los que no. A Mathangi Maya Arulpragasam tampoco la dejaron entrar. De nombre artístico M.I.A., la describen como "la activista y flamante revolucionaria de la electrónica". Y lo de revolucionaria no es palabrería barata: su padre es un activista paramilitar del grupo étnico Tamil, con actividad en Sri Lanka. Arular (2005), título de su debut, era el nombre utilizado por su padre en los círculos políticos. 

M.I.A. acaba de publicar su segundo álbum, Kala, otro bombazo electrónico que funde hip hop, ritmos africanos, electro, dancehall y sonidos orientales. Avalada por el círculo de Peaches, su atrevimiento es extremo. Basta escuchar su último single, Jimmy, versión de una canción india que pega más en una tienda de kebabs que en el club de moda de East London. Su proyección, en todo caso, se aventura incalculable.


Rihanna no quiere ser una niña buena

Con tan solo 19 años, Rihanna se ha convertido en un fenómeno mundial gracias a un tema, ‘Umbrella?, cuya evocación de la lluvia no le ha impedido convertirse en una de las canciones de este verano. Apadrinada por el insigne rapero Jay-Z, esta joven dama del R&B publica sus discos en el sello de hip hop más prestigioso del planeta, Def Jam. Tras dos álbumes que en España pasaron sin pena ni gloria, el reciente ‘Good Girl Gone Bad' la ha sacado del anonimato como si de un geiser se tratara. Pero el título del disco, ‘Chica buena se vuelve mala', ¿la sitúa en el club de las cantantes viviendo el peligro? Ella lo aclara así: "Mala significa guay, funky, tener actitud, ser arriesgada". Por ahora está a salvo.