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Miércoles, 7 de Agosto de 2013

Fukushima vierte 300 toneladas diarias de agua radiactiva al mar

Cerca de 3.500 trabajadores luchan a diario en la central japonesa para dar por concluida la crisis atómica, una labor que se prolongará durante 30 o 40 años.

PÚBLICO / AGENCIAS ·07/08/2013 - 10:49h

Trabajadores de TEPCO construyen tanques de agua protegidos con trajes y máscaras en la central de Fukushima, en febrero de 2012. REUTERS/Issei Kato

El Gobierno de Japón ha informado este miércoles de que la accidentada central nuclear de Fukushima, epicentro de la crisis atómica que golpeó a Japón hace dos años, vierte a diario cerca de 300 toneladas diarias de agua radiactiva al mar, y ha asegurado que el Ejecutivo ayudará a la operadora de la planta a contener estas fugas, que han sido continuadas durante los últimos meses.

La información llega después de que la operadora Tokyo Electric Power (TEPCO) mostrara su preocupación por la acumulación de agua altamente contaminada en los sótanos de los reactores, que se incrementa a diario por la filtración subterránea proveniente de las zonas colindantes. No obstante, el Ejecutivo advirtió de que la mayor parte del agua contaminada vertida al mar se limita a las zonas cercanas a la central, cuyo puerto se encuentra aislado del mar abierto por diversos rompeolas y diques que protegen la planta.

Momentos antes del anuncio, el primer ministro nipón, Shinzo Abe, había instado a su ministro de Industria, Toshimitsu Motegi, a elaborar un plan para asistir a la operadora de Fukushima en las labores para lidiar con las fugas de agua contaminada de la planta. Por su parte, el portavoz del Ejecutivo ha transmitido que el Gobierno sopesa incluso destinar fondos públicos para detener las fugas de agua radiactiva de Fukushima-1, aunque no ha detallado la cantidad exacta.

Congelar la tierra alrededor del recinto para bloquear la salida del agua podría ser una solución temporal.

Según la prensa local, el Gobierno realizará próximamente una solicitud de fondos del presupuesto del próximo ejercicio fiscal para ayudar a financiar un proyecto que consiste en congelar la tierra alrededor del recinto para bloquear la salida del agua, un proyecto valorado en 40.000 millones de yenes (309 millones de euros) según la prensa nipona.

En línea con las informaciones publicadas por el Gobierno, TEPCO ya admitió el pasado 23 de julio haber detectado por primera vez la filtración de agua radiactiva desde los sótanos de la central al mar, aunque precisó, en ese momento, que se trataba de una cantidad muy limitada en la zona del puerto frente a la central.

Para la empresa, la mayor preocupación en la actualidad es la acumulación de agua contaminada en el subsuelo de los edificios de los reactores, inaccesibles en su mayoría debido a la alta radiación. Al parecer, las fugas proceden de los tanques que TEPCO ha ubicado alrededor de Fukushima-1 para almacenar el agua contaminada que se ha estado usando para enfriar y estabilizar los reactores nucleares.

Ante la situación, el operador de Fukushima ha construido unas barreras subterráneas en los sótanos y ha comenzado esta semana a bombear y almacenar agua en los cerca de 1.000 tanques contenedores con los que cuenta en el complejo de la central. Sin embargo, estos contenedores ya se encuentran cerca de su capacidad límite, por lo que el procedimiento de crear muros protectores mediante un proceso de congelación del suelo circundante se antoja como la medida más efectiva en este momento, según los expertos.

Los problemas en Fukushima-1 se deben al terremoto y el tsunami que el 11 de marzo de 2011 arrasaron la costa de la prefectura japonesa, dando lugar al peor accidente nuclear de la historia, junto al de la central de Chernóbil, en Ucrania. La central estaba preparada para un terremoto, ya que Japón se asienta sobre una falla, pero no para un tsunami, por lo que el azote del mar provocó varias explosiones de hidrógeno que hicieron que los núcleos de algunos de sus reactores se fundieran parcialmente.

Tras el accidente nuclear de Fukushima cerca de 3.500 trabajadores luchan a diario en la central japonesa para dar por concluida la crisis atómica, una labor que se estima se prolongará durante los próximos 30 o 40 años.