Jueves, 7 de Febrero de 2008

Jorge Castañeda, ¿un agente secreto de Cuba?

El ex canciller mexicano pudo pasar datos durante tres años

SERGIO RODRÍGUEZ, corresponsal ·07/02/2008 - 21:59h
El caso de Jorge Castañeda Gutman, el reputado ministro mexicano de Relaciones Exteriores de la era de Vicente Fox, haría las delicias de novelistas de la Guerra Fría como John Le Carré. Un expediente de la Dirección Federal de Seguridad, organismo que durante años fue el encargado del espionaje y del combate contrarrevolucionario, apunta que Castañeda trabajó durante tres años como espía para Fidel Castro.

Al menos así lo reflejó ayer el diario El Universal tras una profundo rastreo en el Archivo General de la Nación.

La noticia ha caído como una bomba de neutrones en diferentes ambientes de la sociedad mexicana, pero no por la novedad, ya que esta vinculación ha sido moneda de curso legal en México, sino porque la información se ha conocido en el preciso instante en el que Jorge Castañeda se postulaba públicamente como el peor enemigo del Gobierno cubano.

Según este informe, el ex canciller pasó información reservada a La Habana entre 1979 a 1983. Fechas comprometidas para el sospechoso ya que el ministro de Exteriores mexicano en esa época era, nada más y nada menos, que su propio padre. Y las lenguas desatadas hablan de que, entre comida y sobremesa, Jorge Castañeda ejerció una influencia perniciosa sobre su progenitor, especialmente en todo lo relacionado con el apoyo a los movimientos guerrilleros de Centroamérica y Colombia.

Jorge Castañeda Gutman fue militante del Partido Comunista Mexicano. Y también un hueso duro de roer para los ardientes revolucionarios. Formó parte de lo que se conoció como la corriente de los renovadores, los cuales planteaban una especie de versión del eurocomunismo a la mexicana. Fue después de esa experiencia política cuando, se dice, empezó a servir como agente secreto. ¿Harto de la falta de pragmatismo en México? Misterio. Parece que lo que le convenció a dar el paso fue su estrecha vinculación con el eslabón del Gobierno cubano con las organizaciones de izquierda latinoamericana: Manuel Piñeiro Lozada, conocido como Barba Roja.

Más allá de las conspiraciones reales que esconde este caso, es indudable que Castañeda tuvo una relación privilegiada con La Habana, las cuales le permitieron acceder a archivos inaccesibles para el resto de los humanos. El propio ex canciller lo reflejó en su ensayo "La utopía desarmada". En ese libro hace alarde de manejar información reservada sobre las organizaciones guerrilleras. Esta obra, desde luego, omitía las estrategias diseñadas para provocar las crisis en las dictaduras de Nicaragua, El Salvador o Guatemala pero descargaba su afilada pluma contra sus miserias y sus problemas internos. Algo debió irle mal con los cubanos porque en el libro se lanza a su yugular.

Ataques contra todos

Castañeda fue asesor del izquierdista Cuauhtémoc Cárdenas en dos de sus intentos fallidos por alcanzar la presidencia de México. De esta experiencia hizo otro libro, un artefacto mordaz en el que dibuja a Cárdenas como una persona extremadamente limitada. Luego cambió de bando y se lanzó a los brazos del derechista Vicente Fox.

Durante este periodo, México endureció su posición con Cuba - este país es el único de América Latina que nunca ha roto relaciones con la Isla-. Su estrategia fue impedir que Castro participara de manera activa en la reunión de presidentes de Iberoamérica celebrada en 2005 en Monterrey. Le hizo la vida imposible al líder cubano hasta el punto que Fidel se lo reprochó a Fox, y éste respondió: "comes y te vas". Unos meses después, Castañeda fue sustituido de su cargo. La venganza, como en los casos anteriores, la sirvió con letras en un nuevo libro donde Fox aparece retratado como un botarate provinciano.