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Lunes, 22 de Julio de 2013

Los amores americanos de Serrat y Sabina

El periodista Francesc Relea repasa la relación de los músicos con Latinoamérica en 'El Símbolo & el Cuate', una película documental rodada durante la gira "Dos Pájaros Contraatacan". El filme, cuyo tráiler ofrece 'Público' en primicia, se estrena en otoño

 

BEGOÑA PIÑA ·22/07/2013 - 07:00h

Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina formaron una alianza insólita, inesperada, en 2007 ("Dos Pájaros de un Tiro"). Con un disco y llenos en más de 70 conciertos en varias ciudades de España y en ocho países de América, la asociación se reveló enormemente fecunda y exitosa, así que repitieron cinco años después. Una oportunidad que Francesc Relea, caballero sin caballo, es decir, periodista en ese momento sin periódico, cogió al vuelo. Y tras duras negociaciones para convencer a los dos pájaros, se enroló con ellos en una segunda gira, de la que han emanado recuerdos y amigos de toda una vida de música.

La película documental El Símbolo & el Cuate es el resultado de esos meses en que Serrat y Sabina aceptaron a Relea como compañero de viaje, testigo de los amores americanos de ambos músicos. "Niñas y niños, anoréxicas y obesos, bienvenidos a "Dos Pájaros Contraatacan'".

Sesentones ya, Serrat y Sabina recorren, gracias a la mirada y la cámara de Francesc Relea, la memoria de su propia vida. Y aunque la película comienza en Menorca y Rota, donde los músicos escriben las canciones del nuevo disco entonces, la historia es la de ambos -por separado, primero, y juntos ahora- en Latinoamérica.

"El mejor país para emborracharse y cantar"

En septiembre de 1975 cinco personas fueron ejecutadas en España. Fueron los últimos fusilamientos del franquismo. Joan Manuel Serrat, a quien el régimen del dictador consideraba enemigo, viajaba entonces de Cuba a México. Allí fue acogido por los Galindo, sus hermanos en ese tiempo de exilio. El cantautor compró un autobús e inició una gira por todo el país.

El documental incluye visitas de los dos 'pájaros' a Ricardo Darín y Eduardo Galeano, entre otros

Refugio de uno, México se convirtió, para el otro, en "el mejor país para emborracharse y para cantar del mundo entero". A las puertas del Bar Tenampa, en la Plaza Garibaldi, los mariachis cantan canciones de Joaquín Sabina, junto a las de José Alfredo y Chavela, sin saber muchas veces el autor que las compuso.

Y de México a Buenos Aires, donde Ricardo Darín les espera. "Serrat nos abría el corazón y la cabeza", dice el actor recordando su juventud, los años de la dictadura en que el cantautor fue prohibido. Imágenes de archivo recuperan el histórico concierto que el músico ofreció en Luna Park en 1983, "uno de los momentos más bellos de mi vida", dice Serrat, que así volvía a Argentina siete años después de su última visita.

La banda sonora de miles de argentinos

Y si sus canciones son la banda sonora de la vida de miles de argentinos, las de Sabina significan otra cosa para ellos. Son las letras del amigo, del canalla, el bebedor ("De González Catán a Tirso de Molina, qué trajin, /de España a la Argentina, qué / meneo qué vaivén, qué ajetreo / qué mareo, qué ruina / ¿y por culpa de quién? / del amor de una mina...").

Sabina: "Yo no me olvido de dónde vengo; todos los días me digo que puedo darme con un canto en los dientes"

De nuevo, en Chile, la memoria de Joan Manuel Serrat es política y su voz es la del mensaje de ánimo y de esperanza que escucharon los chilenos en octubre de 1988, en la última concentración de apoyo por el NO en el plebiscito que terminó con la dictadura de Pinochet. Los militares no permitieron al músico bajar del avión en Santiago de Chile, pero en el baño de la aeronave, con la ayuda de un periodista, grabó aquellas palabras para el pueblo.

"Yo no me olvido de donde vengo y todos los días me digo que esto no me está pasando a mí, que puedo darme con un canto en los dientes", dice Sabina, feliz tras un encuentro con el escritor Eduardo Galeano en su casa, en Montevideo, en la segunda parte ya de la gira.

La memoria más reciente

Serrat: "Por mucho que nos digan lo contrario, los humanos nos parecemos mucho"

Un viaje que termina con la vuelta a Argentina, en Buenos Aires, en el Estadio de la Bombonera, ("junto a la Plaza de Las Ventas, donde más me emocionó al cantar", jura Sabina) y que regresa a la actualidad, a la memoria más reciente, al cáncer felizmente superado por Serrat. Y los dos pájaros, haciendo una excepción a sus costumbres, cantan a unas horas para ellos intempestivas, por la mañana, antes decenas de niños, padres y personal sanitario de la planta de oncología de un hospital bonaerense.

Y Sabina remata ante la cámara de Relea asegurando que él tiene "muy separado el idiota del bombín que se sube al escenario del que está hablando ahora contigo", mientras que Serrat pone el punto final a la aventura confesando que de su vida de músico lo mejor ha sido poder viajar por tantos sitios, conocer tantas cosas diferentes y comprobar, por encima de cualquier prejuicio, que "los humanos nos parecemos mucho, por mucho que traten de decirnos lo contrario".