Archivo de Público
Sábado, 20 de Julio de 2013

Luces y sombras de una princesa

Mireia Belmonte, la estrella del verano de 2012, doble medallista en Londres, vuelve en los Mundiales de natación que comienzan este sábado en Barcelona, tras un invierno en el que casi deja de nadar

ALFREDO VARONA ·20/07/2013 - 08:30h

Después de la guerra, siempre viene la paz. Quizá sea la mejor idea que se desprende viendo la nueva fotografía, decidida y feliz, de Mireia Belmonte (Badalona, 1990), la mujer que en invierno de 2013 no sabía qué hacer, "si dejar de nadar o qué".

Llegó a quedarse sin nómina, sin los 2.200 euros brutos que cobraba en el CN Sabadell, su club de toda la vida. Marchó a Niza para olvidarse y volvió desanimada. "Aprendí mucho de lo malo y hubo un momento en el que no veía la luz". De su vida supimos gracias a aisladas entrevistas y a su actividad en las redes sociales, sobre todo en Twitter, donde dejó escritos mensajes llenos de escepticismo en 140 caracteres. "No dependas de nadie en este mundo, porque hasta tu sombra te abandona cuando estás en la oscuridad". En realidad, era el contraste más absurdo con una muchacha que acababa de lograr dos platas olímpicas en 200 mariposa y en 800 libres, lo que ninguna otra mujer hizo jamás en España. "Pero parece ser que cuanto más arriba llegas en el deporte peor te tratan". Eran declaraciones que le hacían mala sangre, pero casi inevitables.

Su vida también se distanció de la de Fred Vergnoux, el entrenador que había sido como su padre. "El éxito se ha comido a Mireia". Y, aunque no fuese la intención, su biografía invernal se convirtió casi en un folletín. "Yo se lo advertí muchas veces, las victorias no tienen por qué cambiarte, Mireia'", dijo Vergnoux, "pero ella no me ha hecho caso". Sus razones, sin embargo, eran otras. "Me han dejado sin medios para hacer las cosas bien".

En un país de contrastes, como el nuestro, también se hizo público que el presidente de la Federación de Natación, Fernando Carpena, cobraba tres veces más que ella, toda una doble medallista olímpica que, al menos, se consolaba leyendo las noticias. "¿Quién no atraviesa dificultades ahora?". Tuvo que batallar contra lo peor. "Soy de las que no cree en eso que tanto se dice de la generación perdida, porque sería como no reconocer lo que muchos españoles seguimos haciendo que es creer en nuestras posibilidades. No nos lo ponen fácil, pero no hay que rendirse". Y Mireia no se rindió. "Me inspiré en los Juegos de Londres".

"Sé como estamos en España"

Quizá por eso volvió a encontrar la paz, a tener suerte, a padecer las agujetas de quien regresa a los entrenamientos y, en definitiva, a motivarse, de nuevo. Por eso ahora es una de los 69 deportistas españoles que compiten en los Mundiales de natación en Barcelona, en esa maravillosa piscina del Sant Jordi, en esa joya de cuatro millones de litros de agua. Allí, Mireia volverá a realizar lo que nadie, a competir en seis pruebas, a partir del 28 de julio, sin distinguir ambiciones, como si volviese a revivir la muchacha que fue dos veces plata en Londres.

Al menos, eso asegura ella, que se siente tan fuerte o más que entonces. "Creo que nado con más determinación". Las dificultades no se la comieron. "Supe superarlas, sin engañarme, porque sé cómo estamos en España..., y no me quejo". En realidad, se siente una afortunada en su nuevo club, la UCAM Fuensanta de Murcia, que apareció a tiempo. Se trata de una universidad privada católica con más de 10.000 alumnos y en la que el deporte se interpreta como en las universidades americanas. De ahí que haya deportistas de élite como Mireia matriculados en sus aulas y con una ayuda económica que, aún sin conocerse, se sabe que "es muy importante".

El caso es que Mireia ha aprendido a vencer a la crisis física y mental de un mal invierno. "Tengo un compromiso serio, empezando por mí misma. Me levanto y voy al entrenamiento sabiendo que en un aspecto de mi vida soy una afortunada. Otros tienen más, pero nosotros no vamos a rendirnos. En la piscina y fuera de ella". Por eso su vida cambió para mejor. Abandonó, incluso, la carrera de Administración de Empresas, donde llevaba dos años, para matricularse en Relaciones Públicas. Todo eso ha fortalecido a esta joven a la que nunca jamás "se le volverá a ocurrir dar nada por hecho".

Ha madurado un poco más Mireia que vuelve a sentirse apta para desafiar a las mejores nadadoras del mundo. "Sí", lo acepta, "estoy como en Londres y vuelvo a estar lista para entrar en seis finales". Ha sabido perdonarse con su entrenador Fred Vergnoux para recuperar una sociedad tan eficiente en un escenario tan señalado como un Mundial de natación en Barcelona. "El hecho de competir en casa es algo que sólo ocurre una vez en la vida". De ahí que estos últimos meses, concentrada a 2.200 metros de altitud, en Sierra Nevada, en los que salió a una medida de 16 o 17 kilómetros en la piscina, vuelvan a someterse a prueba. Y, eso sí, todo eso está muy por encima de esos 2.200 euros brutos que, durante unos meses, le hicieron la vida francamente difícil. Y no fue hace tanto, aunque ahora mismo el cerebro de Mireia Belmonte ya sea otro. "He aprendido con más fuerza si cabe a ver la luz".