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Miércoles, 17 de Julio de 2013

"Formamos nuestra identidad con los prejuicios que tenemos hacia los demás"

El director noruego Petter Naess firma un alegato antibelicista en Perdidos en la nieve, la extraordinaria historia real de cinco soldados alemanes y británicos que superaron su rivalidad y sobrevivieron 

BEGOÑA PIÑA ·17/07/2013 - 10:38h

El director noruego Petter Naess

El director noruego Petter Naess vuelve a contar una historia excepcional, un tanto insólita, en el cine. Tras mostrar la relación sentimental de dos personas con el síndrome de Asperger (Locos de amor) y  reunir en el mismo apartamento a un tipo que acaba de salir de un psiquiátrico con un casi gigante (Elling), se mete ahora, con Perdidos en la nieve, en un territorio desgraciadamente muy poco transitado incluso en la ficción, el de la convivencia y el entendimiento entre enemigos supuestamente irreconciliables.

Inspirada en un hecho real la película cuenta cómo durante la II Guerra Mundial, un duro invierno, en una región aislada de Noruega, dos aviones, uno alemán y otro británico, tienen un encuentro en el aire y ambos caen. Las tripulaciones de los dos aparatos se salvan y llegan casualmente a la misma cabaña de las montañas. Allí deberán reunir energía, fuerza e ingenio para sobrevivir hasta que desaparezcan las nieves. Deberán valerse unos de otros y apoyarse incondicionalment, aunque unos tengan en un ejemplar del Mein Kampf su tesoro y otros terminen limpiándose el culo con sus páginas. Rupert Grint (el amigo pelirrojo de Harry Potter), David Kross, Florian Lukas, Lachlan Nieboer y Stig Henrik Hoff son los protagonistas de esta película, con la que Noess busca un objetivo un tanto inaudito, el de que "la gente se identifique con lo malo, que se reconozca en lo malo".

Usted pudo hablar con uno de los protagonistas reales, Horst Schopis, el teniente alemán ¿de qué forma le contó su historia?
Me sorprendió lo abierto que fue y la necesidad que tenía de contar la verdad sobre lo sucedido. Era obvio que se trataba de un buen tipo que había caído en el lado malo de la batalla. Le pregunté qué fue lo primero que pensó al aterrizar el avión en la nieve y me dijo: "Debería haber pensado que estaba vivo, pero pensé que era una vergüenza que no hubiera podido cumplir mi misión".

Ha dicho que esta película demuestra cómo la convivencia puede terminar con los prejuicios y la enemistad, pero hay casos de lo contrario, como el conflicto árabe-israelí...
Hace unos años, tras la última intifada, hubo un festival en Noruega donde se juntaron directores judíos y palestinos, cuando se encontraron todos vivimos una experiencia muy fuerte. Creo que cuando las personas se ven cara a cara, los prejuicios se ponen a prueba y nos damos cuenta de hasta qué punto todos nos parecemos. Quizás sea una opinión muy inocente, pero creo que así, cara a cara, dos personas sí ven la realidad una de otra. Las guerras las crean los hombres habitualmente, por eso me parecía muy interesante reunir a cinco enemigos en el mismo lugar y ver qué les ocurría.

Supongo que ha hecho esta película porque cree en la posibilidad de cambiar conciencias desde el cine, ¿es así?
Sí y no. Las personas que vean la película se reconocerán en los prejuicios y en la enemistad y pensarán que ellas podrían haber hecho lo mismo. Si la gente se reconoce en estos personajes yo habré conseguido algo. Pero yo no tengo la llave para terminar con los odios, si la tuviera, se la daría a judíos y palestinos. Mi intención es que "la gente se identifique con lo malo, que se reconozca en los malo".

¿Por qué con lo malo?
Porque la forma en que la gente se define a sí misma es con los prejuicios, los seres humanos formamos nuestra identidad con los prejuicios que tenemos hacia los demás. Y la película rompe los prejuicios. En Noruega, desde la II Guerra Mundial, hay mucho rencor hacia los alemanes, pero la verdad es que en ambos malos hubo gente buena y gente mala. Claro que el proyecto alemán no era bueno, pero no hablamos de eso.

Sus películas muestran situaciones extraordinarias, fueras de lo normal, ¿qué tienen esas historias que le atraigan tanto?
Con el cine quiero romper prejuicios y llevar luz a las cosas que no se ven fácilmente, terminar con fobias y con miedos, con mis propios miedos también. Con Elling y Locos de amor, por ejemplo, quería reflexionar sobre la ‘normalidad'. ¿Qué es lo normal? ¿Quién es normal? En Noruega existe una especie de locura de normalidad. En un país donde buena parte del año estamos en la oscuridad, hacemos todos un esfuerzo por ser normales y encubrir esa locura. Por eso, en esta película también, si la gente se identifica con los personajes, la gente que en principio es normal, para mí es una victoria.

En Perdidos en la nieve, como en sus películas anteriores, hay bastante sentido del humor, ¿cómo la vida misma?
Sí, exactamente, es que así es la vida. La vida es trágicamente cómica. Y la línea entre la tragedia y la comedia es muy fina. Además, es importante ver la luz dentro de la oscuridad, la belleza dentro de la fealdad.

¿Cuál es su relación con esta película?
Al principio me ponía nervioso con ella. En Noruega hicimos una proyección para veteranos de guerra y todos esos hombres, hoy ancianos, terminaron llorando, aunque habían sido disparados por los alemanes en la guerra. Y yo estaba ya  muy nervioso porque creía que ellos me iban a decir que yo había retratado a los alemanes con una luz demasiado amable, pero, no, me dijeron que los soldados de los dos bandos eran así, que todos tenían cierto sentido del humor.