Sábado, 6 de Octubre de 2007

La paradoja de disfrutar del miedo en el cine

Un taller explica en el Festival de cine de Sitges qué es el terror y por qué se llega a disfrutar de esta emoción

TONI POLO ·06/10/2007 - 18:59h

El protagonista de 'El silencio de los corderos', Hannibal Lecter. AFP

¿Cuál es la causa que provoca el miedo? ¿Qué mecanismos neurológicos activa? Y lo más paradójico: ¿por qué se llega a disfrutar de él? Unos 40 apasionados del terror asistieron ayer al taller Las dos caras del miedo, con el que el investigador en ciencias cognitivas Óscar Vilarroya y la química Eva Loste, de la cátedra El cerebro social de la Universidad Autónoma de Barcelona, pretendían responder a estas preguntas a través del análisis de diferentes películas. El marco no podía ser otro que el del Festival internacional de cine fantástico y de terror que se celebra en Sitges (Barcelona).

El miedo es una sensación muy primaria que advierte de los peligros y hace reaccionar ante ellos física y psicológicamente. Según explica Vilarroya, todas las personas sienten temor y nunca llegaran a superarlo. "Lo atenuamos, aprendemos a gestionarlo, pero no dejamos de tenerlo", precisa. Tal vez por eso se llega a disfrutar de esta emoción, siempre desde una posición de control, como la que transmite el cine.

El taller desmenuza a través de clásicos del cine distintos tipos de miedo que angustian al ser humano. La oscuridad es uno de los principales: "Como seres visuales que somos, tenemos un miedo a la oscuridad que puede ser innato", explica Loste. "Nuestro cerebro necesita moverse en hechos certeros y tiende a rellenar la información que le falta. La oscuridad nos lleva a pensar en lo que esconde y, como no se controla lo que puede haber allí, causa miedo".

Oscuridad intelectual

La incertidumbre, algo así como una "oscuridad intelectual", también produce miedo. Es la sensación que muchos directores avivan con sacudidas de cámara o música trepidante. El niño de la colchoneta de Tiburón no sabe que el escualo está acechando; el espectador sí. Y eso le provoca desasosiego. La música de esa escena le hace estremecerse en la butaca. En el caso de El proyecto de la bruja de Blair, por ejemplo, son los movimientos de cámara los que estremecen al espectador. En estos casos, el cinéfilo también siente los estímulos del miedo: "Porque no sabe qué va a pasar, y eso le inquieta", apunta Loste.

La incertidumbre no es lo mismo que el miedo, pero está relacionada con el descontrol. "Tenemos miedo a no controlar lo que ocurre", explica la directora ejecutiva del taller. Por eso muchos cineastas juegan con las dudas que provoca el descontrol en las películas de suspense. Hitchcock ponía un ejemplo: "Un hombre está sentado en un sillón y no sabe que debajo hay una bomba a punto de estallar". El espectador sí lo sabe, y eso provoca que se activen sus alarmas internas.

Seres desfigurados

Otro de los grandes temores lo proporciona la desnaturalización del ser humano. Por ejemplo, los zombis y los monstruos que se ven en las películas de muertos vivientes provocan pavor, al igual que los personajes desnaturalizados psíquicamente, como Hannibal Lecter en El silencio de los corderos o la niña de El exorcista.

En el fondo, el ser humano tiene una enorme capacidad de aprender de los demás: "Ver películas de terror es una forma de gestionar nuestros miedos viendo las reacciones de otros", según Loste. Por supuesto, el espectador lo ve desde una posición privilegiada, sentado cómodamente en la butaca del cine. ¿O a alguien le gustaría estar en la piel de una persona a la que acecha un ejército de zombis?