Miércoles, 6 de Febrero de 2008

¿Quién se encarga del inventario de la vida?

El desinterés por la taxonomía deja a la ciencia sin estudiosos de la biodiversidad

MANUEL ANSEDE ·06/02/2008 - 21:19h

Una rara especie de lemur de Madagascar, en el zoo de Bristol (Inglaterra). AP

En 1928, el médico microbiólogo Alexander Fleming se encontró ante un hallazgo extraordinario. En uno de sus cultivos bacterianos, había crecido de manera espontánea un hongo que exterminaba a las bacterias de su entorno. Parecía un antibiótico mágico, capaz de salvar la vida a millones de personas. Pero Fleming tenía un problema peliagudo, no sabía de qué hongo se trataba. Por fortuna, en 1930, el taxónomo estadounidense Charles Thom, un hombre que había dedicado su vida al estudio minucioso de los microbios, dio con la clave: era Penicillium notatum, el padre de la penicilina.

En la actualidad, Fleming lo tendría más difícil. Los taxónomos, las personas dedicadas a clasificar la vida conocida y a describir nuevas especies, están en extinción. Los autores del inventario de la vida, tras una épica labor de siglos que ha permitido describir casi dos millones de especies, han pasado de moda. Y sólo dejan escrito el prólogo del catálogo de los seres vivos. Según algunas estimaciones, todavía queda por descubrir el 97% de las especies del planeta.

En opinión del biólogo Antonio García Valdecasas, del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC), la labor de descubrimiento y descripción de especies está menospreciada en el ámbito de la ciencia. "Si llegas a una institución con un currículo de taxónomo, te lo puedes meter donde te quepa", resume de manera gráfica.

Para García Valdecasas, no hay sustitutos a los taxónomos jubilados. "Dedicarse a esto es un suicidio profesional", lamenta. Según sus cifras, en España sólo quedan 500 especialistas, incluyendo aficionados, para estudiar la biodiversidad del país que se considera la reserva natural de Europa.

El vicepresidente de la Real Sociedad Española de Historia Natural, Santiago Castroviejo, tiene claras las causas de esta crisis de taxónomos: los métodos aplicados para medir la calidad de la producción científica. Los políticos y gestores que financian la investigación necesitan catalogar a los científicos en buenos, malos o regulares a la hora de distribuir sus limitados fondos. Para ello, expone Castroviejo, se ideó un sistema que consiste en contar el número de veces que el trabajo de un científico es citado por sus colegas. Cuanto más les citan, mayor es su calidad investigadora.

Este sistema, conocido como Science Citation Index, "tiene efectos positivos y otros negativos, especialmente en disciplinas como la taxonomía, porque el número de citas se mide en cinco años, pero el impacto del trabajo de un taxónomo no se obtiene hasta muchos años después de haberlo publicado", expone Castroviejo.

Desprestigiados

"Si estudias los escarabajos de Sierra Leona o las orquídeas de Costa de Marfil, nadie te citará porque nadie los estudia en ese momento, pero luego los especialistas te citarán siempre, durante decenas de años o toda la vida", añade. Por eso, los taxónomos son poco citados, poco valorados y poco financiados. "Básicamente, quedamos los viejos", se lamenta.

Curiosamente, el decano de la taxonomía española, Pedro Montserrat, es mucho más optimista que la mayoría de sus colegas. Montserrat se inició en la descripción de especies en 1945 y, a sus ochenta y tantos años, sigue acudiendo a trabajar al Instituto Pirenaico de Ecología, en Jaca.

En aquella época, el investigador tardaba días en cruzar la península en tren para encontrar nuevas especies, su única arma era un manual de flora editado a finales del siglo XIX. "En el futuro, no habrá taxónomos que vivan sólo de la taxonomía, pero habrá muchos aficionados, cada vez menos, pero muy buenos. Como en Francia, donde no quedan taxónomos, porque los biólogos han preferido dedicarse al ADN", predice.

 

 «Lo básico es catalogar la vida»

Entrevista con Santiago Castroviejo, vicepresidente de la Real Sociedad Española de Historia Natural 

¿Los taxónomos están en extinción?

En la tendencia actual, diría que sí, pero el conocimiento taxonómico de la biodiversidad es necesario, incluso imprescindible para muchas otras disciplinas. Por ello, estoy convencido de que en unos años, bastantes, pasarán estas modas y se volverá a lo básico, que es concluir el catálogo de la vida.

¿Hay repuesto cuando se jubila un taxónomo?

Lo que ocurre es que ha irrumpido la biología molecular como herramienta en el estudio de la biodiversidad y, como consecuencia de ello, las investigaciones se orientan hacia la biología evolutiva y se abandona la taxonomía básica. Estos estudios sí están de moda, porque son muy modernos y reciben dinero porque las revistas los acogen fácilmente. Cuando una plaza de taxónomo queda libre, generalmente es ocupada por investigadores del campo de la biología evolutiva. La biología molecular ha arrinconado a la taxonomía.

¿Cómo está la situación en África?

Es perfectamente posible que en muchos países no haya ningún taxónomo.

¿Internet no ha facilitado la labor de los taxónomos?

Sí, pero en menor medida de lo deseable. Lo idóneo sería que toda la información estuviese en Internet, pero los herbarios tardan mucho en digitalizarse y las bases de datos no están actualizadas porque no se hace el esfuerzo necesario.

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