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Viernes, 14 de Junio de 2013

Juan M. Blanco: "El Parlamento sencillamente es una pandilla de gente que aprieta un botón"

El coautor del libro 'Catarsis. Se vislumbra el final del régimen'  cree que el sistema político surgido de la Transición está ya superado y defiende una regeneración democrática en profundidad en la vida pública española

JORGE OTERO ·14/06/2013 - 17:18h

Juan M. Blanco, coautor junto a Javier Benegas, del libro 'Catarsis. Se vislumbra el final del régimen'.

España está abocada a un cambio de régimen. El sistema político surgido de la Transición y la Constitución de 1978 que lo sanciona y ampara están en un irreversible proceso de descomposición. La democracia actual es de muy baja calidad: ha terminado por convertirse en un sistema de acceso restringido en favor una oligarquía política y otra financiera que intercambian favores y prebendas sin ningún pudor. Y todo ello en un clima dominado por la corrupción, el descrédito de la monarquía y la desafección hacia los partidos políticos. Javier Benegas y Juan M. Blanco acaban de publicar en la editorial Foca el libro Catarsis. Se vislumbra el final de un régimen, una obra en la que los dos autores diseccionan los graves errores del sistema político español y defienden una reforma en profundidad del mismo. 

Público charló con Juan M. Blanco, profesor de economía en la Universidad de Valencia, sobre el futuro al que se enfrentan los ciudadanos en un plazo no muy largo.

Dicen que España necesita una catarsis. Ahí es nada.

Lo que nosotros planteamos es que el régimen, por muchas razones, está en su fase final, en un proceso de descomposición. Es necesario reconocer los errores cometidos, hacer limpieza y llevar a cabo una reforma profunda del sistema. Esta es la idea que nosotros tenemos de la catarsis.

El subtítulo de la obra es contundente: Se vislumbra el final del régimen. ¿Se atreven a dar una fecha?

Las oligarquías del régimen van a intentar resistirse todo lo que puedan, pero hay muchos elementos que indican que esto no pueda durar. O bien se hace una reforma desde dentro, que sería lo mejor, o bien habrá que plantear un proceso de caída y demolición como ha ocurrido a lo largo de la Historia. Pero eso no es ninguna tragedia porque la Historia está llena de este tipo de cambios.

"Los partidos hacen falta en las democracias, pero están empezando a perder legitimidad"

Afirman que la Constitución de 1978 es un fiasco.

Una Constitución necesita un consenso social, no un apaño entre partidos, que es lo que fue la Constitución de 1978. Los partidos políticos apañaron entre ellos la Carta Magna y pusieron las claúsulas más convenientes para ellos mismos, otorgándose a sí mismos unos poderes que al final utilizaron para colonizar todas las instituciones del Estado.

Ustedes señalan a los partidos políticos como los máximos culpables de esta situación.

Los partidos hacen falta en las democracias, pero están empezando a perder legitimidad: están acostumbrados a una situación oligárquica que les favorece y en la que tienen privilegios. Pero lo que es realmente perjudicial es la falta de democracia interna de los mismos. A ver, ¿por qué existe esa disciplina tan fuerte en los partidos? Pues porque no hay elecciones primarias ni democracia interna, aunque también tiene mucho que ver la estructura electoral: el sistema de listas cerradas hace que el Parlamento no sirva absolutamente para nada. El Parlamento sencillamente es una pandilla de gente que aprieta el botón que le dicen que apriete. Algo, sin embargo, está cambiando: antes tenían el 80% de los votos y ahora las encuestas les dan un 50% y bajando. Pueden aparecer nuevas plataformas ciudadanas que empiecen a quitar votos a los dos grandes partidos. Y en ese caso PP y PSOE tendrán que adherirse a algún tipo de reforma profunda.

¿Por qué cree que el régimen, como ustedes lo llaman, toca a su fin?

Porque solamente duran los regímenes políticos que son capaces de reformarse. En España cuando una cosa ha funcionado mal se ha hecho lo posible por empeorarla. Pongo un ejemplo: la falta de control en la separación de poderes. Los partidos políticos intentan cada vez más controlar las instituciones, el Tribunal Constitucional, los organismos reguladores, etcétera. Las reformas en este país siempre han ido en sentido contrario al que debían.

¿Los malos momentos que atraviesa la monarquía nos acercan más a ese final?

El régimen se basa en un mito y en una mentira: la ejemplaridad del rey no existe. Juan Carlos ha caído en el descrédito, pero el problema es que el régimen no ha justificado la monarquía; sólo ha justificado la figura de Juan Carlos. Este no es un régimen estrictamente monárquico, sino juancarlista. Por tanto, si la persona que encarna ese régimen se desprestigia, la monarquía también queda desprestigiada. 

"El actual régimen está basado en el reparto de la tarta y cuando la tarta se reduce, los grupos que se la reparten comienzan a enfrentarse entre ellos" 

¿Juan Carlos debería abdicar?

Es muy difícil que una abdicación en favor de su hijo Felipe tenga una aceptación generalizada. El padre estaba justificado de alguna manera desde el punto de vista ideológico porque es el hombre que trajo la democracia. Pero Felipe no ha traído nada.

¿Entonces son partidarios de un referéndum entre monarquía y república?

Debería haber un consenso entre todo tipo de asociaciones y de movimientos sociales, ya sean de izquierdas o de derechas, para celebrar un referéndum. Nosotros no apostamos por una u otra, eso debe decidirlo el pueblo español.

¿La crisis económica ha acelerado este proceso de descomposición?

Sin duda. El actual régimen está basado en el reparto de la tarta y cuando la tarta se reduce, los grupos que se la reparten comienzan a enfrentarse entre ellos y surgen contradicciones que pueden acelerar el final.

Ustedes también citan la corrupción como uno de los principales elementos que también degradan esta democracia que tenemos.

La corrupción forma parte de un régimen que nosotros llamamos de acceso restringido. Los regímenes de acceso restringido se basan en acuerdos tácitos, unos apaños en suma, entre la oligarquía política y una oligarquía económica que con el intercambio de favores se reparten las rentas resultantes. La corrupción es una consecuencia del reparto de rentas entre las oligarquías de este país. portada libro catarsis

¿Un nuevo régimen acabaría con la corrupción?

La corrupción se ve favorecida por el exceso y la complejidad de la legislación. Por ejemplo, las Comunidades Autónomas han legislado unas 100.000 leyes, normas y regulaciones. Cuanta más complejidad hay en las leyes, más arbitrariedad y más discrecionalidad tiene el poder político para aplicarlas. Últimamente hay una discusión sobre por qué se legisla tan mal. Probablemente es a propósito, porque de esa manera el poder político puede hacer lo que quiera. En el nuevo régimen las leyes tendrían que ser claras, pocas y sencillas.

Ya que hablamos de Comunidades Autónomas, ¿qué modelo de Estado proponen para el futuro?

Proponemos uno que sea racional, aunque eso deberían decidirlo los ciudadanos. Hasta ahora las competencias se han transferido con criterios puramente políticos y de apaños. La idea era: 'Yo transfiero esas competencias a cambio de que tú me des esos votos'. Y hay otro elemento no menos importante en ese proceso: los partidos se han dado cuenta de que cuanto más transfieran a las Autonomías más puestos había para repartir entre ellos. Pero con la descentralización se han transferido muchas competencias que a lo mejor se gestionaban mejor a nivel nacional. El sistema territorial debe ser racional y hay que analizar con mucha claridad qué servicios se prestan mejor a nivel nacional y qué servicios se prestan de forma más eficaz a nivel descentralizado o autónomico. El modelo de Estado debe tener unos criterios económicos y racionales y no sólo responder a unos apaños entre políticos.

¿Los nacionalismos también tiene su parte de responsabilidad?

Una de las componendas de la Constitución se basó en la idea de que si los nacionalistas aceptaban la monarquía se les iba a dar manga ancha para actuar en sus territorios. La Constitución se planteó, y aún se plantea, como una forma de integrar a los nacionalistas, pero el sistema ha degenerado de tal manera que los nacionalistas no se han integrado, sino que ahora están pidiendo la independencia. Esa es otra de las señales de que el sistema ha fracasado completamente.

¿Cómo se puede integrar a los nacionalismos?

Los nacionalistas siempre van a existir. Ellos han planteado a la población de sus territorios unos objetivos emocionales, y las emociones cuentan mucho. Si nosotros, los que no somos nacionalistas, fuésemos capaces de plantear precisamente lo mismo, una ilusión en la gente, una nueva España política donde quepamos todos, mucha de esa gente podría abandonar ese sentimiento de tipo identitario, que en el fondo es totalitario. Un pulso sentimental sólo puede combatirse con otro. 

Vayamos con las soluciones. Ustedes proponen un cambio del sistema electoral.

Proponemos uno con distritos unipersonales. Los electores sabrían quién es su representante, que tendrá que rendir cuentas, presentarse con sus cualidades, con sus responsabilidades, con su pasado (si es una persona honrada, si está cualificada, etcétera) ante los que le votan. Y como el político tendría que responder ante sus votantes, la disciplina de los partidos se relajaría. Los partidos ya no serían monolíticos.

Perdone, ¿pero ese sistema no favorecería el tan denostado bipartidismo?

Eso no es lo relevante. Lo importante es que el concepto de partido político cambiaría. Ya no podemos pensar en eso términos. Además, seguramente en muchos distritos ganarían otras formaciones políticas que no fueran PP y PSOE. Una de las ventajas el sistema uninominal es que las barreras para participar en política se reducirían bastante. El coste de presentar un candidato y de hacer una campaña en un distrito mucho más pequeño bajaría considerablemente.

"Solamente duran los regímenes políticos que son capaces de reformarse"

Ustedes arremeten contra los partidos políticos, pero tampoco muestran mucha confianza en los movimientos sociales como el 15-M.

El 15-M empezó con una serie de planteamientos y de consignas que iban en la dirección correcta. Decían: 'Hay que cambiar la representación, hay que cambiar el sistema'. Pero al final muchos movimientos sociales terminan cayendo en lo que llamamos el reparto de rentas. Esa reivindicación de 'Que no me recorten a mí o a mi colectivo' es posible que sea justa pero no lleva a ningún sitio. El 'Que no me recorten a mí, que recorten al otro' es lo que llamamos el reparto de rentas. Sin embargo, sí que están surgiendo otro tipo de asociaciones y plataformas que no se plantean ya un reparto de rentas: se están planteando una reforma del sistema. Nosotros creemos que puede haber un acuerdo de mínimos entre plataformas tanto de izquierdas, centro y derecha. El debate izquierda-derecha no es necesario, puede suspenderse mientras se aborda esa reforma de mínimos y recuperarlo cuando estemos en un sistema mucho más abierto. 

Hay un par de asuntos que ustedes no tocan en el libro y que en un nuevo proceso constituyente tendrían importancia: la memoria histórica y la Iglesia.

La catarsis necesita romper todos los tabúes y todos los mitos que han existido en la Historia de España. Hemos funcionado siempre con miedos, con tabúes. Necesitamos una apertura en la cual se pueda y deba decir todo. El olvido y el perdón no significa que las cosas no deban tratarse de una manera histórica y de una manera rigurosa, que es lo que nos ha faltado hasta ahora. En cuanto a la Iglesia, sólo le puedo dar mi opinión personal: creo que todas las asociaciones, ya sea un sindicato, un partido o la Iglesia deberían financiarse con aportaciones de sus fieles.

Una democracia que se precie necesita la máxima transparencia. ¿Qué opina del proyecto de ley que prepara el Gobierno?

Yo creo que el proyecto de ley de transparencia se queda corto, pero es que los proyectos de ley siempre se quedan cortos: en España no hacen falta más leyes sino quitar leyes. No hace falta una ley que te diga que tienes que ser transparente. Todo en la vida pública tiene que ser transparente salvo algunas contadas excepciones y la ley debe establecer lo que no puede ser transparente. Se trata de acotar unas pequeñas parcelas a las que, por seguridad nacional, por ejemplo, el público no tenga acceso. Nosotros pagamos impuestos para saber cómo los gestionan. Sería deseable que con sólo entrar en internet el ciudadano tuviera acceso a casi todo.