Martes, 5 de Febrero de 2008

Sexo, espionaje y corrupción al servicio de Su Majestad

En 1963, el ministro británico John Profumo dimitió tras mentir sobre su relación con una prostituta

JESÚS CENTENO ·05/02/2008 - 22:09h

AP - Keeler en el juicio, donde declaró que había quedado embarazada de Profumo.

El mayor escándalo político vivido en el Reino Unido tras la Segunda Guerra Mundial se fraguó durante una orgía. Todo comenzó una noche del verano de 1961, cuando el médico, artista y proxeneta Stephen Ward invitó a sus amigos de las altas esferas a una velada en la fastuosa mansión Cliveden, frente al Támesis.

El guateque se animó, y Christine Keeler -una de las chicas que Ward introducía en la alta sociedad a cambio de sexo-, decidió desnudarse y darse un baño en la piscina. Cuando la vio, John Profumo, el ministro de la Guerra, se encaprichó y pidió a Ward que les presentaran. Ella tenía sólo 19 años. Él, 46. 

Christine quería ser modelo, y creyó que trabajar para Ward como call-girl era su mejor opción para triunfar. La chica coqueteaba con la élite, y Profumo no fue su única conquista: resulta que también compartió cama con un comandante soviético, Eugene Ivanov, identificado como espía por el MI5.

Keeler compartió a los dos sin que ninguno de ellos sospechase. Sir Roger Hollis, jefe del MI5, enterado de la situación,  informó al primer ministro, el líder conservador Harold MacMillan. Éste, a su vez, ordenó a Profumo que terminara sus devaneos con la prostituta.

El ministro obedeció, y el affaire no hubiese trascendido de no ser por la intervención de John Edgecombe, uno de los ex amantes de Christine. Celoso por los continuos flirteos de la chica, un día tiroteó la puerta donde vivía. Keeler acabó en comisaría y Ward, su protector, no quiso saber más de ella.

Malos tiempos para delatar

En los tiempos de la Guerra Fría, la fuga de información era algo más que un riesgo, y todo el mundo era sospechoso al mínimo movimiento. Por entonces, muchos políticos habían sido acusados de colaborar con los rusos. Por ejemplo, George Blake fue condenado a 42 años de prisión tras su cautiverio en la guerra de Corea.  Dijeron que los comunistas le habían lavado la cabeza.

Algo parecido le ocurrió a Christine. Tras su detención, los rumores de su relación con Profumo se dispararon y se dijo que pudo haberle robado información sobre armamento nuclear. Además, Keeler tenía a quien vendérsela. Por entonces, las mujeres espías no eran expertas en artes marciales ni atléticas como nos quiso hacer creer Ian Fleming, pero sí es cierto que se caracterizaban por su inteligencia y versatilidad. Keller fue todo lo contrario. En lugar de callar, comenzó a divulgar sus relaciones con otros hombres públicos. El escándalo estaba servido.

Un gobierno debilitado

Ante esta situación, los políticos de la oposición llevaron la cuestión al Parlamento. Profumo lo negó todo, pero el semanario Westminster confidential sacó el asunto a relucir. Al final, todo desembocó en un complejo proceso judicial que vinculó a la alta sociedad británica con la prostitución de lujo, las orgías y otras bacanales.

Ante la presión de los políticos de la oposición y de la prensa, Profumo dimitió. La implicación de Ivanov fue vista como una amenaza para la seguridad, aunque nunca se supo quién había manipulado a quién. Ward fue encausado por proxeneta y se suicidó. Los tories, debilitados, perdieron las elecciones de 1964. Profumo pasó al olvido y Keeler fue condenada a nueve meses de prisión por perjurio. Desde entonces, ha pasado a la memoria colectiva británica como una de sus espías más famosas.

¿Quiénes fueron los implicados en el ‘caso profumo'?

Stephen Ward

El médico fue acusado de vivir de la explotación de mujeres y un día antes de que se dictara sentencia se suicidó. De él se dijo que manipuló a la chica para robar información para los rusos y también que en realidad trabajaba para el MI5. En cualquier caso, lo que el Gobierno temía era que Ward hiciera públicos nombres de personalidades relacionadas con la prostitución.

El médico fue acusado de vivir de la explotación de mujeres y un día antes de que se dictara sentencia se suicidó. De él se dijo que manipuló a la chica para robar información para los rusos y también que en realidad trabajaba para el MI5. En cualquier caso, lo que el Gobierno temía era que Ward hiciera públicos nombres de personalidades relacionadas con la prostitución.

Eugene Ivanov

Según aseguró el MI5, este espía soviético le había encargado a Christine Keeler que averiguara cuándo y dónde iban a ser desplegados unos misiles nucleares en Alemania Occidental. Tras el escándalo, volvió a la URSS, donde no fue tomado en serio. Su esposa le abandonó y se entregó a la bebida.

John Profumo

Él y el partido conservador fueron los grandes perjudicados del escándalo. El partido se hundió al año siguiente y Profumo  abandonó la política. Trabajó durante 40 años en el centro de ayuda de personas sin hogar Toyne ball. En ese periodo de tiempo programas sociales y de ayuda a los jóvenes sin recursos. Murió en 2006, a los 91 años.