Martes, 5 de Febrero de 2008

Fotos de silencio y abandono

Las ciudades son para Gabriele Basilico campos de investigación, que ahora expone en la Fundación Astroc de Madrid

PEIO H. RIAÑO ·05/02/2008 - 22:04h

REYES SEDANO - El fotógrafo Gabriele Basilico reflexiona sobre la transformación del paisaje con sus tomas de ciudades.

No es un fotógrafo de arquitectura. Tampoco es un fotoperiodista. Pero los protagonistas de sus vistas son las ciudades, los edificios como imagen y reflejo de sus ciudadanos. Ha visitado ciudades de todo el mundo durante los últimos 20 años para sacarles el jugo humano que habita entre tanto hormigón. Desde Nápoles a Beirut, San Francisco o Moscú, sus tomas son un osario en blanco y negro, siempre en silencio. Gabriele Basilico (Milán, 1944) es el fotógrafo que se come la ciudad, con un testimonio que no sacia. 

Gabriele es noticia por triplicado en nuestro país: acaba de ser premiado con el Primer Premio Internacional de Fotografía de la Fundación Astroc, tiene exposición (Intercity) en la sede de dicha fundación, y La Fábrica editorial ha publicado el libro de memorias ilustradas Arquitecturas, ciudades, visiones. Reflexiones sobre la fotografía, en el que el artista hace repaso a su vida y obra, con un repertorio ideológico que suena a autobiografía.

Arte en camino

Tanto en la exposición, como en el libro, aparece el uso de la fotografía como elemento de reflexión sobre la ciudad, el territorio y nuestros usos. Es un artista que anda, pasea entre el "organismo físico" -así llama a la ciudad- y documenta. Por eso se describe como un médico que diagnostica los males de todo ese material urbano, de toda esa piel, que es la nuestra. Por ejemplo, en sus fotos de Beirut tras la guerra, en 1991, "un momento irrepetible para documentar un drama, que tras la reconstrucción de la ciudad dejaría de ser visible", recuerda.

Directo y controlado

En Beirut, trató de dejar un rastro falto de énfasis, pero dramático, con todos esos edificios plagados de brechas y boquetes de mortero y fuego de ametralladora. Aquí es donde conecta con la fotografía de Walker Evans (1903-1975) -uno de sus maestros, asegura-, con fotografías "directas y controladas". Así son sus retratos de ciudades, con una apariencia muy sencilla, pero con un recorrido histórico infinito.    

Belleza y drama

Dejó su carrera como arquitecto después de ver la película de Antonioni Blow Up, las fotos de Cartier-Bresson y las del mencionado Walker Evans. Aunque Basilico no sea un cazador del comportamiento humano, Evans sí es su referencia estética y ética "porque consiguió que el documento se convirtiera en arte y aportó al arte un gran valor social". "Una gran lección de arte y humanidad", como él mismo dice: "Estoy contento de no ser un fotógrafo como Salgado, es muy difícil fotografiar el drama. La ética consigue el equilibrio entre la belleza y la tragedia", comenta al recorrer su trabajo. 

Visible e invisible

Es el fotógrafo del tiempo, que necesita hacerse con toda la memoria posible antes de que se agote. Antes de desaparecer, llegará una y otra vez a lo que no se ve, pero subyace. Él  apunta que "un fotógrafo se construye una mirada que lo llevan a reiterar su repertorio". Y en la repetición se interesa por la ciudad como secuencia de bellezas y de cosas horribles, con las que reflexiona sobre la transformación del paisaje. No celebran sus fotos la muerte de la ciudad, al contrario, con cada una de ellas la urbe crece y se reproduce.