Martes, 5 de Febrero de 2008

El nieto del Concorde no tendrá ventanas

Europa desarrolla un proyecto de avión hipersónico que volará de España a Australia en menos de cinco horas

MIGUEL ÁNGEL CRIADO ·05/02/2008 - 21:28h

Reaction Engines - Simulación del avión despegando.

Una empresa británica ha diseñado un avión que parece un misil. Capaz de volar a 5.000 kilómetros por hora, el A2 Lapcat podría dar la vuelta a la Tierra en menos de 10 horas (si no tuviera que repostar). El proyecto, financiado por la Agencia Europea del espacio (ESA), está en fase de diseño, pero algún día (en unos 20 años) inaugurará los vuelos comerciales hipersónicos.

La compañía Reaction Engines , dedicada a diseñar sistemas de propulsión espaciales, ha aprovechado sus trabajos con cohetes no tripulados para idear el A2 Lapcat, en el que lleva trabajando desde 2006.
Ese año, la Comunidad Europea lanzó una iniciativa para investigar nuevas tecnologías que permitieran, a medio plazo, los vuelos hipersónicos. La primera fase concluye este año, pero la acogida del estudio ha sido tal que Bruselas ha decidido prolongar su apoyo al diseño otros cuatro años más.

Velocidad de 4.828 km/h

Un avión de hoy, como el flamante Airbus 380, viaja a velocidades subsónicas de 900 km/h (la velocidad del sonido o mach ronda los 330 metros por segundo). El A2 Lapcat, aunque podría alcanzar velocidades superiores, tendrá una de crucero de 4.828 km/h (mach 5). A partir de aquí, se entra en lo que la aeronáutica llama vuelos hipersónicos.

El salto es enorme. Volar de Barcelona o Madrid a Sidney en un avión actual supone estar más de 20 horas en el aire. El A2 Lapcat recorrerá los cerca de 18.000 kilómetros que separan España de Australia en menos de cuatro horas. Para conseguir esto, han tenido que superar varias dificultades.

Esas velocidades no son desconocidas, pues los cohetes espaciales las alcanzan camino del espacio, pero había que conseguir trasladarlas a un relajado vuelo de varias horas.Sin ventanillasUno de los aspectos claves es la aerodinámica. Frente al aspecto de pájaro que tiene un avión, el A2 parece más un cohete: había que reducir la resistencia al aire al máximo. Además, esta resistencia trae consigo una fricción que provoca temperaturas muy elevadas. Esto provocará que el futuro avión no tenga ventanillas.

Otro obstáculo es que los sistemas actuales de control de navegación no están preparados para velocidades tan altas. El A2 Lapcat sólo iría a velocidad hipersónica sobre los océanos. Para no poner en un aprieto a los controladores aéreos, al entrar en áreas continentales el avión reduciría su marcha hasta ritmos subsónicos.

No obstante, el problema más importante con el que se enfrenta el proyecto para su viabilidad técnica es el de la propulsión. Los combustibles derivados del petróleo que se usan en la aviación comercial son incapaces de ofrecer el rendimiento calórico necesario para conseguir la velocidad hipersónica. El único elemento capaz de hacerlo es el hidrógeno. Desde Reaction Engines, Richard Varvill revela: "El mayor reto es introducir el hidrógeno como combustible en la aviación civil".

 

A2 y Concorde, frente a frente 

El avión supersónico 

Creado por la británica BAC y la francesa Aérospatiale para las compañías aéreas Air France y British Airways, fue el segundo avión comercial en superar la velocidad del sonido en 1969. El primero fue el ruso Tupolev Tu-144, unos meses antes.

Entró en servicio en 1976 y fue retirado en mayo de 2003. Tres años antes, murieron todos los pasajeros de un Concorde que despegaba de París.

La escasa demanda y su elevado mantenimiento acabaron por jubilarlo. Un vuelo entre París y Nueva York costaba unos 9.000 euros.

El cohete hipersónico

Aunque el diseño del avión es de la británica Reaction Engines, en el proyecto participan otras 10 compañías europeas, ninguna española. La Unión Europea, con 1.000 millones de euros, financia la mitad del proyecto.

El A2 está en sus fases iniciales de desarrollo. Sus creadores se han puesto de plazo unos 25 años. Además de los retos técnicos, están las trabas políticas.

Los ingenieros británicos creen que el pasaje del futuro avión comercial costaría como una clase business actual.