Sábado, 6 de Octubre de 2007

El dinero incautado alimentó las quintas columnas falangistas

Sindicatos verticales, caciques locales y la Iglesia ocuparon los inmueble

L. C. ·06/10/2007 - 10:16h

Las incautaciones sirvieron para alimentar un Movimiento que trataba de comerse todos los aspectos de la vida de los españoles. Ya durante la guerra se creó la llamada “administración de bienes de ausentes”. Según avanzaban las tropas nacionales, los gobernadores dieron la orden de que “el vecino que se ausente abandonando su respectiva casa pierde su derecho ala misma”. El ayuntamiento se encargó de la gestión de las tierras hasta la vuelta de sus propietarios, muchos bloqueados en zona republicana.

El regreso no solucionó las cosas. La Comisión de Incautaciones de Bienes de Toledo especificaba: “Si se trata de rojos estén o no sometidos a expediente o causa, no a (sic) lugar a entregárselos”. Lo mismo ocurría en el resto de provincia. Esto provocaba la incautación de facto, casi sin control. La mayoría de las propiedades pasaron a dominio público. Los edificios se utilizaban para albergar el sindicato vertical, las instalaciones de Falange, administraciones… También las órdenes eclesiásticas solicitaron edificios para alojarse. Con el tiempo esas posesiones se consolidaron.

“Muchas se vendieron a la Iglesia o a caciques territoriales por precios ridículos, en subastas donde sólo acudía una persona”, explica Isabelo Herrero, coordinador de Izquierda Republicana. Las casas particulares fueron adjudicadas desde un primer momento, a veces con formato de venta, otras “sin ni siquiera esos trámites legales”, a afectos al Movimiento. En los pueblos el control era menor. En un conflicto donde se fusilaba a familias enteras sin juicios las tierras cambiaban de manos sin ningún tipo de documento que lo acreditase.

Billetes contra la República

Con el dinero la historia fue diferente. El dinero republicano fue declarado ilegal e incautado. Más que razones de legitimidad, Franco trataba de lograr fondos para financiar una guerra que resultaba muy cara. Los billetes republicanos se cambiaban por divisas fuera de España donde seguían siendo legales. Además que conseguir recursos, la inyección del papel moneda en los mercados internacionales devaluó el dinero republicano. Cien pesetas de julio del 38 pasaron en seis meses de valer 26 francos a cambiarse por dos. El poder adquisitivo de la República se resintió durante los últimos años.

Además, una parte de los billetes se desvió a zonas aún por conquistar. El dinero que en la zona nacional era considerado ilegal servía para financiar las quintas columnas de Madrid y Barcelona. La introducción de remesas de papel moneda en las cada vez más reducidas zonas republicanas tuvo un doble efecto. Además de utilizarse para boicots y sabotajes provocó una inflación creciente