Lunes, 4 de Febrero de 2008

Rugen los Andes

Los vulcanólogos discuten sobre la posible relación entre las erupciones de siete volcanes de la cordillera andina

FEDERICO PEÑA ·04/02/2008 - 21:18h

Una fumarola del volcán Popocatépetl, cerca de la localidad mexicana de Puebla, el pasado 28 de enero. EFE

Rugen los volcanes de la cadena andina, tiembla América Latina. El año nuevo despertó las gargantas de magma, ceniza y gases de siete volcanes de los Andes, una de las cadenas montañosas más importantes del mundo. Pertenecen al Cinturón de Fuego del Pacífico, un enorme anillo que bordea la costa del océano, desde Australia y el sudeste de Asia hasta Suramérica.

El 1 de enero entró en actividad el Llaima, en Chile, que lanzó esporádicamente nubes de gases, cenizas y humo a una distancia de seis kilómetros sobre su cráter, pero sin causar víctimas. Fue el primero de siete despertares que han respetado una sucesión cronológica de sur a norte.

El volcán Tungurahua (garganta de fuego), en Ecuador, rugió el 13 de enero, con 11,7 explosiones cada hora, según ha informado el Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica Nacional. La actividad del volcán ha mermado levemente, aunque se mantiene el nivel de alerta y ya se ha evacuado a 8.000 lugareños.

Imponente, frente a la localidad colombiana de Pasto, el pasado 17 de enero el Galeras o Urcunina (montaña de fuego), entró en erupción y lanzó algunos trozos de roca fundida, piedras candentes o piroclastos. Entre el 20 y el 25 de enero, la sección de vulcanología del Instituto Nacional de Sismología de Guatemala alertó a la población sobre la entrada en actividad de los volcanes Santiaguito, De Fuego y De Pacaya.

En México, el pasado martes, la alarma sonó en México: despertó el Popocatépetl. El Centro Nacional de Prevención de Desastres informó que el volcán registró cinco exhalaciones acompañadas de vapor de agua, gas y en ocasiones pequeñas cantidades de ceniza, aunque los parámetros se mantienen sin cambios importantes.

Una camisa abotonada

Paul Tapponnier, experto del Instituto de Física Global de París, cree que casi todos los sistemas de grandes fallas se comportan "como si fuesen una camisa abotonada". Hay que imaginar una gran barriga dentro de ella haciendo presión. Cuando el primer botón cede, un efecto dominó se cierne sobre los otros. Por eso, dice, "una falla puede no sufrir ningún tipo de variación durante siglos y después, en tan sólo años o decenas de años,
empieza todo".

No todos están de acuerdo con esta teoría. "En Chile hay tres tramos que están divididos y cuya actividad está determinada por tres subplacas diferentes. Evidentemente, todos los volcanes están en la tierra y alguna conexión tienen, pero no hay pruebas de que haya una reacción en cadena que respete una lógica geográfica ordenada", responde Hugo Moreno Roa, especialista del Observatorio Vulcanológico de los Andes Sur.

A pesar del despertar de estos siete volcanes en las primeras semanas de enero, no todo es pesimismo. "Las erupciones son muy malas en el corto plazo, pero no hay que olvidar que la riqueza de nuestras tierras se debe a los minerales y químicos que desprenden los volcanes. Hoy día podemos alertar y resolver, de eso se trata. No se puede pedir a la gente que deje sus tierras, que son ideales para la agricultura", opina Moreno Roa.

 

"No hay correlación"

El vulcanismo es una manifestación superficial del complejo dinámico tectónico de la Tierra. Al igual que los terremotos son los focos de liberación de la energía que se produce por el movimiento de las placas tectónicas de la corteza terrestre, que son a su vez desplazadas por el flujo de energía del interior de la Tierra. En la cordillera de los Andes, los volcanes se forman por el choque de la placa de Nazca, en el Océano Pacífico, con la placa de Suramérica (que forma el continente), que genera magma a varios kilómetros de profundidad.

Es cierto que el Llaima, en Chile, el Tungurahua, en Ecuador, y el Galeras, en Colombia, tienen en común su origen tectónico, ya que se forman por la subducción de las mismas placas. Es natural pensar que a medida que el movimiento se vuelve más activo, se genere más magma y condiciones tectónicas que promuevan una reactivación simultánea de los volcanes. Pero el camino entre la generación del magma y la superficie es muy complicado.

Cada volcán tiene su propio mecanismo de fontanería, si cabe el término, de manera que no se ha encontrado una correlación definida entre las actividades delos volcanes.

 

Por Santiago Arellano, vulcanólogo del Instituto Geofísico de Ecuador

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