Lunes, 4 de Febrero de 2008

Madrid, al auxilio de padres en apuros

Un total de 53 jóvenes participan en un programa de la Comunidad sobre reeducación de la agresividad

MARTA HUALDE ·04/02/2008 - 20:56h

Adolescentes a la entrada del instituto. MANU FERNÁNDEZ.

"Se están todo el día pegando". Es la preocupación que expresa una madre en un foro en Internet. Como ella, un alto porcentaje de familias tiene problemas con la conducta de agresividad de sus hijos. No hay motivo para sonrojarse, porque no es un caso exclusivo. Sirva de ejemplo del alto porcentaje de familias que lo padecen, los 53 jóvenes de 12 a 18 años que ya participan en un programa de reeducación de la agresividad desarrollado por la Comunidad de Madrid y la Universidad Complutense de Madrid (UCM).

Entendida como conducta de hostilidad o malas contestaciones a los padres y no sólo como acciones de violencia física, la agresividad en los adolescentes es "muy frecuente y va en aumento", según Mª Paz García-Vera directora de la Clínica de Psicología de la UCM. Por eso, el programa tiende la mano a ambos, padres e hijos.

Intervención integral

Tras una evaluación inicial de progenitores y adolescentes por separado, se someten a nueve y 26 sesiones, respectivamente, hasta llegar a la terapia final, que es conjunta. En total, diez meses de tratamiento individualizado para cada caso, en los que a los menores se ayuda a controlar las emociones, desarrollar habilidades y manejar su ira. A los padres, se les prepara para comunicarse mejor con sus hijos.

Ponerse en la situación de conflicto, mediante una escenificación en la que expresar como se actúa y practicar cuál sería la mejor opción, es una de las técnicas que se utilizan en este programa, puesto en marcha en abril de 2007. También se les ponen deberes para casa, como jugar juntos. El fin es fomentar la comunicación, pero también existe la posibilidad de que, al pasar tiempo juntos, se creen conflictos que tengan que resolver.

Exceso de deberes

¿Qué genera agresividad? Para la catedrática de Ciencias del Comportamiento Carmen Santisteban, parte de culpa la tiene el número de horas frente al televisor o los videojuegos violentos. Incluso, más de dos horas y media al día de deberes la agravan, según esta experta. Por contra, un nivel razonable de tareas escolares en casa y media hora de lectura semanal, aunque sólo sea el fin de semana, reducen los comportamientos agresivos.

 

 Rosana Durán pidió ayuda para encauzar la agresividad de su hijo

«La situación me desbordó y decidí acudir a una psicóloga»


Hace cuatro meses que Christian empezó a renquear. Rosana Durán, su madre, explica que el mal comportamiento de su hijo surgió cuando se cambiaron de casa y él se vio obligado a ir a otro colegio y buscar nuevos amigos.

“A partir de ese momento, no quería estudiar, aunque tuviera un examen. No le importaba. Tampoco quería ir al colegio y me daba malas contestaciones cuando le pedía que estudiara”, recuerda Rosana.
En un principio pensó que se trataba de algo normal en un chico de doce años en plena preadolescencia, pero una profesora le recomendó que pidiera ayuda. Había observado que en ocasiones Christian se quedaba solo en el patio del colegio mientras que otras veces ejercía una autoridad desmedida sobre sus compañeros de clase.

“Al ver que la situación me desbordó decidí acudir a una psicóloga”. Aquella fue “la mejor decisión” que podía haber tomado, entre otras cosas porque desde entonces las cosas están volviendo poco a poco a su cauce en casa.

“Se porta diferente”

Rosana acude periódicamente a la consulta de la psicóloga. Christian no es muy partidario de ir todavía, pero los cambios ya le están afectando. Ahora su madre se dirige a él con un tono de voz diferente y le pide las mismas cosas, pero sin gritarle.

“Ya no me desespero y él se comporta de forma totalmente diferente: está más tranquilo, más seguro y está mejorando sus notas en clase”, relata esta madrileña.

Rosana se ha dado cuenta de que estaba educando a Christian de la misma manera en la que su padre la educó a ella: “A gritos”. “Lo estaba repitiendo inconscientemente y la psicóloga me enseñó que hay otras maneras de decir las cosas con las que consigo mucho más”.