Domingo, 3 de Febrero de 2008

El arte de vaciar la montaña

El proyecto de Chillida de horadar Tindaya, declarado Monumento Natural, se iniciará en febrero de 2009

M. ANSEDE / A. GONZÁLEZ ·03/02/2008 - 21:30h

AFP - Vista aérea de Tindaya, en Fuerteventura, en la que se aprecia su impresionante estructura.

"Hace años tuve una intuición, que sinceramente creí utópica. Dentro de una montaña, crear un espacio interior que pudiera ofrecerse a los hombres de todas las razas y colores, una gran escultura para la tolerancia". Así definía el escultor vasco Eduardo Chillida uno de sus proyectos más polémicos, el Monumento a la Tolerancia, en julio de 1996. Su intuición, que debía plasmarse en un agujero del tamaño de un edificio de 15 pisos en el corazón de la montaña de Tindaya, Fuerteventura, se quedó, efectivamente en utópica.

El sueño de Chillida, fallecido en 2002, se topó con uno de los espacios naturales más protegidos de las Islas Canarias. La montaña de Tindaya es Monumento Natural, por su valor ecológico, pero también cultural. En su entorno se han encontrado 290 dibujos podomorfos, unos grabados realizados hace un milenio por los majos, las poblaciones aborígenes de Fuerteventura.

Los ecologistas de la región, agrupados en la Coordinadora Montaña de Tindaya, solicitaron a Chillida la retirada del proyecto en 1998, al considerar que era "una mera coartada para continuar con el negocio de la extracción minera y la especulación inmobiliaria". El escultor vasco, en pleno éxtasis artístico, fue sincero: "Los ecologistas que se oponen a mi proyecto en Tindaya son un coñazo espantoso". Tanto, que renunció a su idea.

Diez años después de la polémica, el Gobierno canario ha resucitado el proyecto. El pasado 30 de enero, el consejero de Medio Ambiente y Ordenación Territorial, Domingo Berriel, aseguró que el Monumento a la Tolerancia comenzará a realizarse en febrero de 2009. Según Berriel, la obra de Chillida constituye "una referencia necesaria y muy valiosa para canalizar el futuro turístico de Canarias".

Ley a medida

Para el arqueólogo José de León, miembro de Ecologistas en Acción, la plasmación del sueño de Chillida "es un escándalo". En su opinión, el Gobierno canario ha modificado la legislación a la medida del proyecto. "La Ley de Espacios Naturales de Canarias prohibe las extracciones mineras en Tindaya, excepto las que se hagan como subproducto para la construcción de una infraestructura de ocio: sólo falta ponerle el nombre de Chillida", asegura.

El arqueólogo, que ha excavado la montaña desde 1981, teme el impacto de la obra en el conjunto de grabados podomorfos de origen prehispánico. "No es una obra limpia, tiene una envergadura tremenda y, además, el propio proyecto admite que hay incertidumbres importantes que sólo serán resueltas en la fase de construcción", afirma.

Las organizaciones ecologistas también han manifestado su preocupación por la posible destrucción del patrimonio natural de Tindaya, a causa de las obras y del futuro incremento del número de turistas. La montaña, con una estructura geomorfológica espectacular, cuenta con algunos endemismos de las islas orientales del archipiélago canario, como la cuernúa, una especie botánica también conocida como colmillo de perro.

Los críticos, no obstante, tienen delante a dos pesos pesados de la ecología, que defienden la intuición de Chillida. El ingeniero Santiago Hernández, Premio Nacional de Medio Ambiente, y el catedrático de ecología Francisco Díaz Pineda, presidente de WWF/Adena, son responsables de la evaluación de impacto ambiental del Monumento a la Tolerancia. Sólo ellos son capaces de explicar la necesidad humana de utilizar como lienzo lo que ya es una obra de arte de la naturaleza.

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