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Miércoles, 22 de Agosto de 2012

Guerrero: "No he sido un putero y me gusta el gin-tonic"

El exdirector general Javier Guerrero defiende su honorabilidad personal y profesional ante la comisión de los ERE, pero se niega a contestar a las preguntas sobre el escándalo


ANTONIO AVENDAÑO ·22/08/2012 - 18:35h

Como esos grandes derbis que finalmente concluyen sin goles traicionando así la expectación suscitada por su convocatoria, la comparecencia esta tarde del ex director general de Trabajo de la Junta de Andalucía, Francisco Javier Guerrero, ante la comisión parlamentaria de investigación de los ERE fraudulentos ha quedado prácticamente en nada al negarse el compareciente a contestar a las preguntas formuladas por los diputados de PP, PSOE e IU. Al igual que quienes hasta ahora le han precedido ante la comisión, Guerrero, que llegó al Parlamento directamente desde la cárcel Sevilla 1 , dijo seguir el consejo de su abogado para negarse a contestar a los diputados.

El momento de mayor tensión de la comparecencia se produjo cuando la diputada de Izquierda Unida, Alba Doblas, aludió a las declaraciones del exchófer de Guerrero, Juan Francisco Trujillo (también en prisión porque tampoco ha logrado reunir la fianza), quien dijo que su exjefe se gastaba el dinero de la Junta en fiestas, copas y cocaína. Fue la única vez que Guerrero saltó como un resorte, desoyendo la recomendación de su abogado, Fernando de Pablo: "Ni he sido un putero, ni me he dedicado a la drogodependencia, que no está en mi terrero. Estoy dedicado a otras cosas. Me tomo las copas que me apetecen, cuando me apetecen y donde quiero, cosa que también se me cuestiona. Soy fumador y me gusta el gin tonic", dijo, al tiempo que recordó que siempre había vivido del sueldo que cobraba por su trabajo y que jamás su familia se quejó de cómo lo administraba.

Guerrero está en prisión desde marzo pasado, imputado de diversos delitos de prevaricación, malversación de caudales públicos y falsedad. El pasado 12 de julio la juez instructora del caso, Mercedes Alaya, le otorgó la libertad bajo fianza de 250.000 euros, pero el imputado no ha podido reunir el dinero.

En su breve alocución inicial ante la comisión Guerreo dejó claro que desde 1999, año que en que fue nombrado director general de Trabajo, hasta su cese en 2008 "absolutamente nadie" le indicó que realizara sus funciones "de forma distinta" a como le habían instruido para hacerlas.

"Me tomo las copas que quiero, cuando me apetecen y donde quiero"

También recomendó a los diputados de la comisión que, dado que él no iba a contestar a sus preguntas, formularan estas "a los gobiernos de la Junta" en los periodos en los que él había sido director general, "a los servicios jurídicos de la Junta, a la Intervención General, a los representantes de los sindicatos y de las organizaciones empresariales y a los partidos en esta Cámara". Todos ellos, dijo, "han tenido conocimiento de las ayudas a trabajadores o a empresas mediante la aprobación presupuestaria en el Parlamento, mediante el control parlamentario o el Tribunal de Cuentas".

"A mí no me habla nadie"

En pocas ocasiones más volvió a intervenir Guerrero, que cerró la sesión con otra breve alocución en la que subrayó que no tenía "ningún pacto de silencio" con nadie del PSOE ni de la Junta de Andalucía. Sobre las relaciones con sus antiguos compañeros de partido y de trabajo no pudo ser más explícito: "A mí no me habla nadie... y si alguno hablar, mejor que no lo hubiera hecho". En tono firme, pero con un inequívoco deje de amargura, concluyó diciendo que lo único que había conseguido a la postre era "la prisión y mi familia sufriendo", y ello a pesar de que nunca había sido un hombre "de aparato, sino de gestión, desde los 20 años".

Mientras tanto, los representantes de los tres grupos parlamentarios volvieron a formular sus preguntas en el vacío, a sabiendas de que no obtendrían respuesta. Las preguntas con una formulación más dura y provocadora fueron hechas por la representante del PP, Teresa Ruiz Sillero, guiada tal vez por la esperanza de irritar lo suficiente a Guerrero para que este saltara y perdiera los papeles. En alguna ocasión pareció estar a punto de ocurrir, pero su abogado frenó el evidente deseo de Guerrero de hablar más de lo que habló.

No en vano él mismo se había calificado en algún momento de su comparecencia como una persona "jovial". Y así lo demostró al término del interrogatorio, cuando se dirigió al otro lado de la larga mesa rectangular de la sala y, sin perder la sonrisa, estrechó la mano de todos y cada uno de los miembros de la comisión. Después de los saludos abandonó el Parlamento para ser conducido al vehículo policial que habría de trasladarlo de nuevo a la prisión.