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Sábado, 11 de Agosto de 2012

Vamos a soñar esta tarde

Ruth Beitia en salto de altura y María Vasco y Beatriz Pascual no se resignan a la medalla

A. V. ·11/08/2012 - 16:19h

REUTERS - La saltadora Ruth Beitia.

No hace falta esperar a la noche para soñar. Hay días como el de hoy en Londres en los que se puede hacer por la tarde, en los que sólo se pide una condición, el optimismo, a falta de un día para terminar los Juegos. Hay sueños con motivo, efectivamente, incluso en los peores tiempos. Hay sueños que pertenecen a bellas mujeres como Ruth Beitia, de 33 años, en salto de altura, que ha recuperado poder en una prueba que costará concebir sin ella. Desde 1998, cuando batió el primer récord de España con 1,89, ha pasado una vida para esta mujer, que acaba de ser campeona de Europa al aire libre.

Ha cruzado las semifinales en Londres con autoridad y es como si los dioses estuvieran a favor suyo. No estarán Vlasic ni Di Marino en esta final que quizá sea la recompensa a una vida, la de Beitia, que no significa futuro. Se retira de la elite este verano, pero antes, a partir de las 20,00 horas, en el estadio de Strafford quiere demostrar al atletismo español que "en el esfuerzo hay futuro" y que el pesimismo sólo es un estado de ánimo transitorio.

Pero no será la única opción de la tarde para el atletismo español. A partir de las 18,00 horas de la tarde, en The Wall, María Vasco y Beatriz Pascual jugarán el segundo match ball. Bragado ya ha perdido el primero. La empresa es difícil, pero convincente. María Vasco es tan cabezota como la que más. Sólo así se entiende que doce años después de los Juegos de Sidney continúe en la pelea. Será, eso sí, su última vez en la elite, un día como los de las películas en los que habrá de todo: emoción, orgullo, nostalgia y, tal vez, una heroína.

Beatriz Pascual, de 30 años, licenciada en Farmacia, pertenece a una generación más joven. Tiene talento y un palmares interesante que sólo necesita un golpe de estado. Londres es un lugar ideal. Su entrenador, el mítico Josep Marín, lo sabe. Y también sabe que la medalla está cara. Pero si no se sueña tampoco se consigue.